Una sociedad con una alta movilidad intergeneracional (relativa) es aquella en la que el bienestar de una persona, en comparación con el de otras de su generación, depende menos de la situación socioeconómica de sus padres. Podría decirse que hay dos razones principales por las que una mayor movilidad relativa en una sociedad debería ser un objetivo de las políticas públicas: la equidad y la eficiencia económica. Cuando la movilidad es baja, las posibilidades de éxito de una persona están en gran medida predeterminadas por el azar del nacimiento, lo que va en contra de una noción básica de equidad en la mayoría de las sociedades. Además, la baja movilidad conduce a un potencial humano desaprovechado y a una asignación ineficiente de los recursos, ya que se excluye de las oportunidades a personas talentosas de familias desfavorecidas y se favorece a quienes nacieron con mayores privilegios, en lugar de a quienes tienen el mayor potencial. Es probable que reducir esa ineficiencia beneficie al crecimiento económico. Y, dado que el desperdicio del potencial humano es más probable en la parte baja de la distribución del ingreso, las políticas que promueven una mayor movilidad relativa probablemente impulsen un crecimiento más inclusivo.
Chetty et al. (2014) estiman la movilidad intergeneracional en Estados Unidos hasta en zonas geográficas muy desagregadas (zonas de desplazamiento al trabajo) y constatan que varía considerablemente. En algunas partes del país, la movilidad (o igualdad de oportunidades) está a la par de la de algunos de los países más móviles de Europa, mientras que en otras, a los niños les cuesta escapar de la pobreza cuando nacen en ella. También constatan que las zonas con tasas de movilidad relativamente altas suelen estar menos segregadas residencialmente (es decir, hogares de distintos orígenes socioeconómicos y razas viven en los mismos barrios), y tienen menor desigualdad, sistemas de escuelas públicas de mayor calidad, redes sociales más sólidas y estructuras familiares más fuertes. La observación empírica de que las sociedades más igualitarias tienden a ser más móviles también se conoce como la curva del Gran Gatsby (Corak, 2013).
En otras palabras, la menor movilidad intergeneracional (o la mayor desigualdad de oportunidades) tiende a concentrarse en las zonas rezagadas de Estados Unidos, lo que limita las perspectivas de convergencia. ¿Qué aspecto tendría un mapa mundial de la movilidad? Si los patrones geográficos observados en Estados Unidos también se observan entre países, es más probable que los países con menor movilidad se encuentren en el mundo en desarrollo. Si realmente existe una brecha de igualdad de oportunidades entre el mundo en desarrollo y el mundo desarrollado, ¿se ha ido cerrando con el tiempo?
Estas preguntas están en el centro de nuestro nuevo estudio mundial (Narayan et al., 2018). La Base de Datos Mundial sobre Movilidad Intergeneracional (GDIM), elaborada para este estudio, ofrece estimaciones de la movilidad intergeneracional —tanto relativa como absoluta— para 148 economías que representan alrededor del 96% de la población mundial nacida en la década de 1980. Para 111 economías, o el 87% de la población mundial, las estimaciones de movilidad abarcan cinco décadas, desde las personas nacidas en la década de 1940 hasta las nacidas en la de 1980. La cohorte de la década de 1980 representa la generación más joven de adultos que había completado sus estudios en el momento de la recopilación de datos. Nos centramos principalmente en la movilidad educativa, ya que la educación es un aspecto clave del bienestar económico y la movilidad educativa está estrechamente asociada con la movilidad de ingresos. Y, algo fundamental, los datos intergeneracionales sobre educación están mucho más disponibles que los relativos a los ingresos. También recopilamos estimaciones de la movilidad relativa de ingresos —complementando estimaciones comparables de otras fuentes con estimaciones propias— para 75 economías, con el fin de ofrecer una visión parcial de la movilidad de ingresos en el mundo y examinar la relación entre la movilidad educativa y la movilidad de ingresos.
Nuestra principal medida de la movilidad intergeneracional relativa es el coeficiente de regresión obtenido al regresar los años de escolarización de una persona sobre los años de escolarización de su progenitor con mayor nivel educativo. Un coeficiente más alto indica una mayor persistencia y una movilidad menor. Entre las medidas alternativas consideradas figuran el coeficiente de correlación entre los años de escolarización de la persona y los de sus progenitores, así como determinadas probabilidades de transición (véase más abajo). Se observa que las tendencias y los patrones de movilidad relativa medidos con el coeficiente de correlación son, en términos generales, similares a los de la medida principal (véase Narayan et al., 2018).
Figura 1 Movilidad relativa en educación en el mundo (cohorte de la década de 1980)

Nota: el color más oscuro indica una mayor movilidad.
Constatamos que, para amplios sectores de la población mundial nacida en la década de 1980, la educación de una persona sigue estando demasiado vinculada a la educación de sus padres. En muchos países de la Figura 1, el coeficiente de regresión oscila entre 0.53 y 0.84, lo que se indica con el tono de azul más claro (los tonos más claros indican niveles más bajos de movilidad). África subsahariana y Asia meridional destacan como regiones con algunos de los niveles más bajos de movilidad. 13 de los 15 países con menor movilidad se encuentran en África o Asia meridional. En cambio, algunos de los niveles más altos de movilidad se observan en Europa occidental, Canadá, Australia y Japón. En promedio, la movilidad es considerablemente menor en las economías en desarrollo (de ingreso bajo y mediano) que en las economías de ingreso alto (según la clasificación más reciente del Banco Mundial). Entre las economías en desarrollo, Asia oriental y el Pacífico y Oriente Medio y Norte de África son las regiones con la mayor movilidad relativa promedio en educación, aunque esta sigue muy por debajo del promedio de las economías de ingreso alto.
Figura 2 Persistencia intergeneracional en educación desde la cohorte de la década de 1940 hasta la de 1980

Nota: una mayor persistencia indica una menor movilidad relativa
Para determinar si esta brecha entre las economías de ingreso alto y las economías en desarrollo se está cerrando con el tiempo, se sigue la movilidad relativa promedio de cada grupo a lo largo de las generaciones nacidas entre las décadas de 1940 y 1980. Los promedios no están ponderados por población, lo que significa que representan la movilidad promedio de las economías, no la de la persona promedio de cada grupo. La Figura 2 muestra que, en cualquier momento, la movilidad relativa promedio es menor en las economías en desarrollo y no hay indicios de que la brecha se esté reduciendo. Si acaso, puede estar aumentando, sobre todo cuando se utiliza el coeficiente de correlación como medida alternativa de la persistencia intergeneracional. La falta de convergencia se debe en gran medida al estancamiento de la movilidad relativa en el mundo en desarrollo. La economía en desarrollo promedio ha mostrado pocos avances en movilidad desde la cohorte de la década de 1960 e incluso puede haber experimentado un retroceso.
Las tendencias varían bastante entre las regiones del mundo en desarrollo. Entre las generaciones de las décadas de 1950 y 1980, se produjeron grandes mejoras en la movilidad relativa promedio en las regiones de Asia oriental y el Pacífico, América Latina y el Caribe, y Oriente Medio y Norte de África. En cambio, la movilidad relativa en educación se ha estancado en África subsahariana y Asia meridional, las regiones más pobres del mundo, y ha disminuido en Europa oriental y Asia central, aunque partía de un nivel mucho más alto que el de otras regiones en desarrollo.
Cabe señalar que la persistencia intergeneracional (medida mediante el coeficiente de regresión o el de correlación) no distingue entre movilidad ascendente y descendente. Un ejemplo de una medida que sí establece esa distinción es la probabilidad de que una persona nacida de padres pertenecientes a la mitad inferior logre llegar al cuartil superior de su generación. La Figura 3 muestra esta proporción (probabilidad de transición) para las personas nacidas en la década de 1980 (las economías en desarrollo aparecen en azul y las de ingreso alto, en rojo). Esta proporción sería de 0.25 si la capacidad de una persona para obtener una educación no dependiera en absoluto del nivel educativo de sus padres.
La movilidad desde la parte inferior hasta la superior es baja en todas partes: son pocas las economías en las que esta proporción (probabilidad de transición) supera 0.2 (Figura 3). Así, en una gran mayoría de las economías del mundo, las posibilidades de llegar al cuartil superior de la escala dependen en gran medida de la posición que ocupen los padres en esa misma escala. Cabe destacar que 46 de las 50 economías con menor movilidad ascendente son economías en desarrollo, como muestra la concentración del color azul en la parte inferior del gráfico de barras. En la economía en desarrollo mediana, menos del 15% de quienes nacen en la mitad inferior llega al cuartil superior, mientras que más de dos tercios permanecen en la mitad inferior. Estados Unidos figura entre las cuatro economías de ingreso alto incluidas entre las 50 economías con las tasas más bajas de movilidad ascendente relativa. Las tendencias no son alentadoras en la mayoría de las regiones del mundo. Entre las cohortes nacidas desde la década de 1940 hasta la de 1980, la movilidad ascendente promedio desde la parte inferior se ha mantenido estable en las economías de ingreso alto y ha disminuido en las economías en desarrollo.
Figura 3 Probabilidad de que una persona nacida de padres pertenecientes a la mitad inferior llegue al cuartil superior

Aunque la educación es un aspecto importante del bienestar, los ingresos son un indicador al menos igual de importante para medir el grado de movilidad económica de una sociedad. Se observa que el patrón entre países de la movilidad relativa de ingresos —medida mediante el coeficiente de regresión de los ingresos de una persona sobre los ingresos de sus padres— es comparable al de la movilidad relativa en educación, como demuestra la correlación de casi 0.5 entre ambos indicadores. Al igual que la movilidad educativa, la movilidad relativa de ingresos es, en promedio, mucho menor en el mundo en desarrollo que en los países de ingreso alto. 24 de las 25 economías que se encuentran en el tercio inferior en movilidad de ingresos son economías en desarrollo. En varias economías en desarrollo —la mayoría de ellas en África, América Latina y Oriente Medio—, la movilidad de ingresos es mucho menor de lo que cabría esperar dados sus niveles de movilidad educativa (considerando la asociación entre ambas variables entre países). Nuestro estudio encuentra indicios de que las deficiencias del mercado laboral contribuyen a la brecha entre la movilidad educativa y la movilidad de ingresos.
Estos hallazgos respaldan uno de los mensajes centrales del informe para los responsables de las políticas públicas: mejorar la movilidad intergeneracional requiere políticas que reduzcan la desigualdad de oportunidades en todas las etapas de la vida, desde las oportunidades de desarrollar capital humano en las sucesivas etapas de la infancia hasta la nivelación de las oportunidades económicas para las personas adultas.



