La ASEAN sigue creyendo en la globalización. Pero ¿puede hacer que funcione para todos?

People walk past the ArtScience Museum in Singapore April 10, 2017.
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Dicen que la edad es solo un número, pero ahora que el bloque comercial de la ASEAN cumple 50 años, las cifras dicen mucho sobre la transformación dinámica de esta región. Considerada como una sola economía, su PIB de 2 billones de dólares la convierte en la séptima mayor del mundo, y se encamina a alcanzar los 6 billones de dólares (y el cuarto puesto) para 2030. El crecimiento no ha estado exento de dificultades. Los 10 países de la región presentan una diversidad extraordinaria. Esa diversidad entraña desafíos, pero también fortaleza.

La ASEAN es un microcosmos del mundo actual: naciones muy desarrolladas, países de ingresos medios y otros que apenas están emergiendo. Se ha convertido en un faro de cooperación multilateral en un mundo cada vez más ensombrecido por el proteccionismo, el giro hacia el comercio bilateral y los cambios de actitud ante la globalización. En esta parte del mundo, la globalización sigue considerándose la clave del futuro. El verdadero indicador del éxito será comprender y abordar las preocupaciones y el descontento que la globalización y el cambio tecnológico han generado en Occidente, y garantizar que, a medida que la ASEAN siga creciendo, nadie se quede atrás.

Para lograrlo, debe establecerse una jerarquía de necesidades, con la infraestructura básica —electricidad, atención sanitaria y agua potable— en lo más alto de la lista. Es fundamental contribuir a superar los desafíos de financiación conectando el capital con proyectos financiables. En lugares de difícil acceso, las centrales eléctricas pueden estar operativas en tres meses, con la tecnología más avanzada y soluciones digitales para maximizar la eficiencia y minimizar las emisiones de carbono; los equipos sanitarios son ahora portátiles y conectados, lo que permite que las zonas remotas accedan a una atención sanitaria mejor y facilita una mejor atención maternoinfantil; y el agua potable en los hospitales mejora la calidad de la atención a los pacientes y permite que los centros destinen su valioso presupuesto a programas para pacientes en vez de a agua embotellada.

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El siguiente nivel de la jerarquía es el capital humano. La otra cifra clave para la ASEAN es su fuerza laboral. Con 600 millones de personas, es la tercera mayor del mundo, y más del 50% de esta población tiene menos de 30 años. Debemos forjar el futuro de la juventud de la región equilibrando la formación y la educación en competencias profesionales y digitales, con una mayor participación de las empresas en colaboración con los gobiernos y las instituciones educativas. Las personas deben comprometerse con el aprendizaje continuo y permanente para adaptarse a las disrupciones tecnológicas y ajustar sus competencias a las cambiantes demandas de la economía.

La mejora de las competencias, el aumento de la financiación para las pymes, el fomento de una mayor diversidad de género y las inversiones en infraestructura digital ayudarán a reducir la pobreza al ofrecer más oportunidades de sustento, sostener el crecimiento y mejorar la productividad. Esto garantizará que la fuerza laboral del futuro sea resiliente y flexible.

Esta fuerza laboral cualificada y adaptable impulsará la innovación, clave para el crecimiento económico sostenido y la mejora del nivel de vida en el siglo XXI. Con su compromiso con la cooperación y la interconexión, la ASEAN reúne todos los elementos necesarios para desarrollar sus capacidades y fomentar una mayor innovación. La capacidad de dar un salto directo a la era industrial digital permitirá a los países adoptar e implementar de inmediato tecnologías más eficientes y sostenibles. Las alianzas con programas financiados por los gobiernos y con incubadoras tecnológicas privadas elevan el nivel de alfabetización digital en la ASEAN. El cambio tecnológico impulsado por la innovación dará lugar a empleos de mayor valor añadido.

Las cifras cuadran para la ASEAN, que deja la periferia y entra en la escena mundial. Debe seguir invirtiendo en infraestructura que genere crecimiento real y prosperidad compartida, un crecimiento que siga impulsando las economías de sus países. Debe centrarse en su población joven invirtiendo en empleo, desarrollo de competencias y formación para satisfacer tanto las necesidades técnicas tradicionales como las del futuro digital. Y debe profundizar la innovación mediante el desarrollo de soluciones de hardware y software que respondan a los desafíos del mundo real de sus diversas comunidades.

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