Hubo celebraciones en Argentina el fin de semana pasado tras la elección de un nuevo presidente. Pero para el ganador, Alberto Fernández, y su compañera de fórmula, Cristina Fernández de Kirchner (expresidenta polarizadora a la que sus seguidores llaman «CFK»), la difícil tarea de reparar una economía devastada podría empañar cualquier euforia posterior a la victoria.
Mauricio Macri fue elegido en 2015 con una plataforma favorable a las empresas que incluía promesas de reducir la inflación e invertir en infraestructuras vitales. Pero el PIB del país siguió cayendo más de un 3 % durante su mandato, acompañado de un repunte de la inflación, una crisis cambiaria y un rescate de 57 000 millones de dólares del FMI – el mayor préstamo de la historia de la organización internacional.

El lema de reelección del presidente Macri antes de la votación del domingo («Sí, se puede» o «Yes, we can») pudo sonar familiar a cualquiera que siguiera la exitosa campaña presidencial de Barack Obama en 2008 en Estados Unidos (y a los fans de los Pointer Sisters). Pero, a diferencia de Obama, Macri se enfrentó a probabilidades insuperables cuando buscaba un segundo mandato. Las perspectivas económicas poco halagüeñas de Argentina acabaron por truncar sus expectativas.
Apenas unas semanas antes de las elecciones, un grupo de inversores que poseía bonos del país (prestamistas de peso que querrían sin duda recuperar su dinero con intereses) salió de una reunión con asesores de Fernández y funcionarios del FMI preparado para sufrir fuertes pérdidas. Mientras tanto, las advertencias de última hora de Macri de que su oponente peronista es un populista cuyas propuestas de políticas intervencionistas son justo lo que Argentina no necesita, fueron ignoradas.

Ahora, Fernández y su vicepresidenta, de perfil alto, que se enfrenta a una distracción adicional en forma de un juicio por presunta corrupción, deberán averiguar cómo devolver la economía número 24 del mundo por tamaño, según datos de 2018 al buen camino. Para más contexto, aquí tiene una serie de enlaces a lecturas (y contenidos audiovisuales) de interés cortesía de la plataforma de Inteligencia Estratégica del Foro Económico Mundial:
Fernández fue elegido por su compañera de fórmula y no al revés, lo que marcó la reunificación del peronismo de izquierdas de ella con la facción moderada de él. Mientras ellos presentaban a Macri como un neoliberal interesado solo en complacer al FMI, en realidad, ya no quedan recursos para estimular el crecimiento mediante el gasto público de la manera prometida durante su campaña.
En los últimos años se han extraído duras lecciones: Macri no se hizo ningún favor al socavar la independencia del banco central a finales de 2017 y esto, junto con una severa sequía, contribuyó a que el peso se desplomara.
Escuche lo que piensa un antiguo candidato presidencial argentino y líder peronista sobre la situación actual, mientras Sergio Massa, candidato en 2015 y posible próximo presidente de la Cámara de Diputados de Argentina, analiza los planes de gestión de crisis del país y las perspectivas de reforma estructural.
Desde 1950, Argentina ha pasado uno de cada tres años en recesión; hace solo un siglo era uno de los países más ricos del mundo en términos per cápita. El problema de fondo puede ser un sistema político que ha oscilado entre la dictadura militar y el populismo sin consolidar sus instituciones.
El pasado junio, los argentinos sufrieron un apagón sin precedentes, lo que agravó el daño para Macri, que había emprendido reformas políticamente costosas para reforzar el sistema, incluidas subidas de precios. El sucesor de Macri, Fernández, se ha comprometido a congelar durante un año los precios de la electricidad y el gas, lo que podría dificultar los esfuerzos del país por equilibrar su presupuesto.
Los mercados no se alegraron ante la perspectiva de una victoria de Fernández: su victoria en las primarias de agosto provocó una caída libre en bolsa y en los bonos y una depreciación del 20 % del peso (la moneda se mantuvo estable una vez sellada su elección). Tendrá que seguir un camino más moderado que sus predecesores peronistas, evitando al mismo tiempo que se le vincule con la austeridad que Macri representa en el imaginario público.
Otro motivo de arrepentimiento, visto en retrospectiva, es el «gradualismo» de Macri. Su enfoque gradual de la reforma económica y la falta de una reducción agresiva del déficit pueden haber sido su perdición, según algunos economistas. Posiblemente, como consecuencia de ello, la inflación anualizada superó el 54 % en julio pasado y los analistas prevén que la deuda sobre el PIB pueda alcanzar el 100 % a finales de este año.
Un posible aspecto positivo: aunque la economía argentina ha flaqueado, su relación económica con China se ha consolidado. En 2017, China era el segundo mayor socio importador y el tercer mayor socio exportador del país. Esta relación podría ayudar a Argentina a acceder a los valiosos recursos científicos e intelectuales necesarios para una recuperación económica.
En la plataforma de Inteligencia Estratégica puede encontrar fuentes de análisis de expertos sobre Argentina, participación ciudadana y cientos de temas adicionales. Deberá registrarse para poder verlos.




