¿Les importa más el medio ambiente a los países ricos que a los más pobres? En un estudio reciente descubrí que no necesariamente es así. La razón se reduce al peligro: a las naciones más pobres les preocupan más riesgos como las inundaciones, por lo que también les inquietan más los impactos ambientales que podrían aumentar esos riesgos, como el cambio climático.
Pero ni siquiera eso cuenta toda la historia.
Desde hace mucho, los científicos sociales sostienen que el apoyo público a la protección ambiental aumenta con la riqueza, un resultado del «posmaterialismo».
Estudios transnacionales recientes han demostrado que las personas de las naciones más ricas tienen más probabilidades de tomar medidas para proteger el medio ambiente, como pagar precios o impuestos más altos para garantizar una mejor calidad ambiental. Quienes viven en países de menores ingresos tienen menos probabilidades de hacerlo. No es difícil entender por qué. Las limitaciones de recursos y la educación son factores clave que afectan la intención de contribuir.
Otros sostienen que la preocupación ambiental no es mayor en las sociedades acomodadas. Dicho de otro modo: las sociedades económicamente desfavorecidas están igual de preocupadas por la naturaleza, y quizá cada vez más. Esto podría estar relacionado con el crecimiento de los ingresos, pero eso significaría que las sociedades más acomodadas seguirían obteniendo mejores resultados en la escala de preocupación ambiental que las menos favorecidas (no necesariamente las más pobres).
¿Es realmente así?
Preocupaciones diversas
No hay una única respuesta.
Tomemos el cambio climático como ejemplo. Sin duda, los australianos han hecho bastante para mitigar el cambio climático, por ejemplo, instalando paneles solares en los tejados.
Pero ¿le preocuparía más el cambio climático al australiano promedio que, por ejemplo, al ciudadano común de Vanuatu? Sí y no.
Sí, porque los australianos, al tener mayores ingresos, disponen de más recursos para respaldar sus acciones y, por tanto, están más dispuestos (o en condiciones) de actuar.
No, porque el cambio climático amenaza a diario los medios de vida de los habitantes de Vanuatu, mientras que los australianos tienen mayor capacidad para gestionar las consecuencias adversas y reducir los riesgos climáticos a niveles aceptables.
El «no» cuenta otra historia. Actuar, o tener la intención de hacerlo, es una cosa. El peligro, o el peligro percibido, es otra. La preocupación ambiental puede definirse en ambos términos, pero estos responden de manera opuesta al ingreso nacional. Esto significa que la riqueza tiene efectos diversos en la preocupación ambiental.
Mi informe muestra que, efectivamente, a los más ricos les preocupa relativamente menos el peligro que representan los problemas ambientales que a los más pobres.
A medida que aumenta el producto interno bruto (PIB) per cápita, disminuye la preocupación por los riesgos ambientales en 35 países de todo el mundo. Entre las naciones más ricas figuran Australia y Estados Unidos, mientras que entre las de menores ingresos están Sudáfrica y Filipinas.
El segundo grupo tiende a considerar más peligrosas que el primero las posibles amenazas al medio ambiente causadas por intervenciones humanas (como la contaminación del aire y del agua, la modificación genética de cultivos, el cambio climático y las centrales nucleares). Las personas de las sociedades acomodadas perciben estos riesgos ambientales como menores.
Las naciones más pobres son más vulnerables
Una razón es que las personas de las naciones más ricas tienden a considerar que estos riesgos se pueden gestionar y, por tanto, que no son motivo de gran preocupación, en comparación con cómo los percibe el resto del mundo. El informe también muestra que la percepción del riesgo ambiental disminuye a medida que aumenta la capacidad de adaptación, es decir, la capacidad de un país para atraer y movilizar recursos con los que afrontar los cambios en las condiciones futuras.
Los países más ricos cuentan con mejores infraestructuras, tecnologías, sistemas de seguridad social, suministros de emergencia y redes comunitarias para ayudar a sus ciudadanos a hacer frente a catástrofes. Una mayor capacidad para afrontar estas situaciones da a las personas una sensación más fuerte de seguridad colectiva: sienten que están protegidas frente a los cambios ambientales.
Es como los hogares con seguro, que podrían considerarse en menor riesgo de inundación porque suponen que están protegidos económicamente.
Es menos probable que las personas con varias propiedades residenciales en lugares distantes se preocupen por tener que mudarse a la fuerza o quedarse sin hogar a consecuencia de inundaciones u otros fenómenos naturales perturbadores. Sin esa protección, quienes viven al margen se consideran en mayor riesgo (de casi todo). Por eso les preocupan más las consecuencias de las presiones ambientales.
Esto ocurre incluso si solo consideramos fuentes de peligro «remotas», como los alimentos modificados genéticamente y el cambio climático. No todas las naciones más pobres se ven afectadas de forma directa y significativa por estos cambios; algunas de las más ricas, de hecho, afrontan amenazas mayores.
Sin embargo, el PIB por persona sigue teniendo una relación negativa con la percepción de estos riesgos. Los australianos y los neerlandeses, ambos bien informados sobre los impactos del cambio climático y muy expuestos a ellos, son los menos propensos a considerar muy peligrosos los aumentos de temperatura entre los 35 países.
Esto podría conducir a una mala adaptación al cambio ambiental. El conocimiento de que las poblaciones más ricas cuentan con mayor protección podría fomentar una actitud colectiva de excesiva confianza.
Esto podría debilitar prematuramente su cautela ante las amenazas inminentes y, en consecuencia, reducir la motivación para reforzar o mantener la capacidad de hacer frente a los factores de estrés ambiental.
Aunque el estudio no incluye países del Tercer Mundo, estos hallazgos tienen implicaciones para los países de ingresos altos y medios. Será un problema mayor para las economías emergentes, a medida que aumenten los ingresos de las personas y su capacidad para hacer frente a los cambios, y que estas se sientan más seguras ante las variaciones de las condiciones ambientales.
Pero la realidad es que vivimos en un mundo cada vez más peligroso a medida que se acelera el cambio climático.
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Alex Lo es profesor adjunto en el Instituto Kadoorie de la Universidad de Hong Kong.
Imagen: Ocean Experience en el Foro Económico Mundial – AMNC 14, Reunión Anual de los Nuevos Campeones, Tianjin, República Popular China, 2014. Derechos de autor: Foro Económico Mundial / Benedikt von Loebell.

