Estabilidad de una economía de mercado
Hay dos posturas opuestas sobre el funcionamiento de una economía de mercado.
Por un lado, existe la opinión de que ese sistema es inherentemente estable y que las fuerzas del mercado tienden a encauzar la economía hacia una senda de crecimiento sostenido.
Según esta creencia, la mayoría de las fluctuaciones de la macroeconomía se deben a ajustes óptimos desde el punto de vista individual ante cambios en el entorno o a intervenciones gubernamentales inadecuadas. En tal caso, la política macroeconómica debería limitarse a no causar daño; si quienes formulan las políticas se abstuvieran de influir activamente en la economía, las fuerzas del mercado se encargarían del resto y propiciarían resultados deseables.
Por otro lado, existe la opinión de que la economía de mercado es inherentemente inestable y que, si se la deja a su suerte, atravesará repetidamente periodos de auge y caída con elevados costes sociales, así como periodos recurrentes de desempleo persistentemente alto.
Según esta postura, se necesita una política macroeconómica que ayude a estabilizar un sistema indócil.
La mayoría de los modelos macroeconómicos modernos, como los que utilizan los grandes bancos centrales y los gobiernos, se sitúan en algún punto entre estos dos extremos. Sin embargo, por diseño, están mucho más cerca de la primera postura que de la segunda, algo que por lo general no se aprecia del todo. De hecho, la mayoría de los modelos macroeconómicos de uso habitual tienen la característica de que, en ausencia de perturbaciones externas, se espera que la economía converja hacia una senda estable. En este sentido, estos modelos parten de la premisa de que una economía descentralizada es un sistema estable y de que las fuerzas del mercado, por sí solas, no tienden a generar auges y caídas. La única razón por la que observamos ciclos económicos en los modelos macroeconómicos convencionales son las fuerzas externas que perturban un sistema que, de otro modo, sería estable. Podemos llamar a este marco la visión de una macroeconomía estable con perturbaciones.
La visión de una macroeconomía estable con perturbaciones
Hay muchas razones por las que la profesión económica ha adoptado en su mayor parte la visión de las fluctuaciones macroeconómicas estables con perturbaciones.
En primer lugar, si damos un paso atrás y observamos los resultados económicos agregados durante periodos prolongados (por ejemplo, 100 años), lo más llamativo es la senda de crecimiento estable (véase la Figura 1).
Si dejamos de lado las dos guerras mundiales, aunque la economía fluctuó, esas fluctuaciones fueron pequeñas en comparación con la senda de crecimiento. En particular, al observar periodos tan prolongados, queda claro que la economía se parece más a un sistema globalmente estable que a uno inestable.
En segundo lugar, una enorme parte de la teoría económica sugiere que las fuerzas del mercado favorecen resultados estables.
En tercer lugar, el marco de estabilidad con perturbaciones es muy manejable y flexible, y permite analizar los resultados económicos mediante técnicas lineales.
Figura 1. Evolución a largo plazo del PIB per cápita
Fuente: Bolt y van Zanden (2014).
Figura 2. Tasas de desempleo

Fuente: FRED, Banco de la Reserva Federal de St. Louis.
Pese a estos atractivos rasgos de la visión de una macroeconomía estable con perturbaciones, la naturaleza ubicua y recurrente de los ciclos en la mayoría de las economías de mercado, como ilustran las fluctuaciones de las tasas de desempleo (véase la Figura 2), sugiere firmemente que una economía de mercado, por su propia naturaleza, puede generar auges y caídas recurrentes independientemente de las perturbaciones externas. Esta idea queda bien reflejada en la afirmación de que «una caída siembra la semilla del siguiente auge». Aunque esta idea tiene una larga tradición en la literatura económica (Kalecki 1937, Kaldor 1940, Hicks 1950, Goodwin 1951), no está presente en la mayoría de los modelos macroeconómicos modernos.
Cómo captar las fluctuaciones económicas: un nuevo marco
En un artículo complementario (Beaudry et al. 2015), hemos desarrollado y explorado un marco empírico que permite examinar si las fluctuaciones económicas se describen mejor mediante un marco de estabilidad con perturbaciones o si se caracterizan mejor como reflejo de algún tipo de inestabilidad. Para abordar esta cuestión, es necesario apartarse de la convención predominante en macroeconomía de centrarse en modelos lineales para analizar los resultados. Una crítica frecuente a la modelización macroeconómica, formulada sobre todo por macroeconomistas no convencionales, es que el énfasis de la profesión en los modelos lineales puede haber sesgado considerablemente nuestra comprensión del funcionamiento real de la economía. Como escribe Blanchard (2014): «Quienes trabajamos en este campo sí concebíamos la economía como aproximadamente lineal, constantemente sometida a distintas perturbaciones, con fluctuaciones continuas, pero que volvía de forma natural a su estado estacionario con el tiempo».
En un planteamiento lineal, un sistema dinámico es estable o inestable. En cambio, en un planteamiento no lineal, un sistema puede ser globalmente estable y, al mismo tiempo, localmente inestable. Esta última característica podría ser pertinente para la macroeconomía, dado que a largo plazo la economía parece bastante estable, mientras que a corto plazo presenta una volatilidad considerable. Al observar la economía desde una perspectiva que contempla la posibilidad de dinámicas no lineales, se permite de facto una interpretación de las fluctuaciones económicas en la que pueden surgir comportamientos cíclicos endógenos o incluso el caos; ambos fenómenos son bien conocidos en muchos entornos dinámicos. En otras palabras, al analizar la economía mediante técnicas no lineales podemos preguntarnos si las fuerzas del mercado tienden a favorecer auges y caídas recurrentes o la estabilidad.
Nuestro principal hallazgo es que, en lugar de favorecer la visión convencional de estabilidad con perturbaciones para la dinámica agregada, nuestros resultados sugieren que la macroeconomía es inherentemente inestable y que los auges y las caídas surgen endógenamente como resultado de los incentivos del mercado.
De hecho, encontramos que, en la economía estadounidense, las fuerzas del mercado tienden por sí solas a generar un ciclo que dura unos ocho años. Sin embargo, estos ciclos no son regulares ni idénticos a lo largo del tiempo. En cambio, las fuerzas externas desempeñan un papel importante al acelerar, amplificar y retrasar las fuerzas que generan los ciclos.
¿Qué causa los ciclos económicos?
Entonces, ¿qué causa la inestabilidad de la economía y la aparición de ciclos económicos? Según nuestro análisis, esto se debe a incentivos sencillos que favorecen la coordinación del comportamiento de los hogares. En particular, en una economía de mercado donde las personas se enfrentan al riesgo de desempleo, los hogares tienen incentivos para comprar viviendas y bienes duraderos en momentos similares. La razón de estas compras coordinadas es que, cuando otros realizan grandes compras, el desempleo disminuye; y cuando el desempleo es bajo, es menos arriesgado hacer grandes compras, ya que resulta más fácil endeudarse. Sin embargo, subrayemos que no concluimos que los ciclos económicos estén impulsados principalmente por los espíritus animales.
En cambio, sostenemos que los ciclos económicos están impulsados por comportamientos masivos, racionales desde el punto de vista individual pero costosos para la sociedad, basados en fundamentos económicos.
A nuestro juicio, la fase de recuperación de un ciclo comienza cuando las existencias de viviendas y bienes duraderos se han reducido lo suficiente como para que algunas personas salgan a realizar nuevas compras, aunque el desempleo siga siendo elevado.
Esto incita a otros a hacer lo mismo, lo que finalmente sostiene la recuperación y conduce a un auge. Curiosamente, el auge no se detiene cuando las personas tienen la cantidad «adecuada» de bienes, sino que los hogares se exceden en sus compras porque el periodo de auge es un buen momento para comprar, aun sabiendo que tarde o temprano llegará una recesión. Cuando los hogares han acumulado en exceso lo suficiente, dejan de comprar en masa, sabiendo que otros también están dejando de hacerlo y que pueden atravesar una recesión aprovechando durante un tiempo los servicios de las viviendas y los bienes duraderos adquiridos durante la expansión. Así, la expansión termina y comienza una recesión. Cuando estas existencias de bienes vuelven a reducirse lo suficiente, el ciclo se reinicia. Expresado así, los ciclos económicos parecen muy deterministas. Sin embargo, siempre hay otros acontecimientos económicos que interactúan con este ciclo de consumo y generan características particulares. Por ejemplo, el ciclo de consumo suele competir con fuerzas que afectan a la inversión empresarial, por lo que los avances tecnológicos que impulsan la inversión de las empresas influyen en la duración y la longitud del ciclo.
Observaciones finales
Pero ¿por qué debería importarnos que la macroeconomía sea localmente inestable en lugar de localmente estable? La comprensión que tiene la sociedad del funcionamiento de la economía, en especial de qué genera los ciclos económicos, influye enormemente en el diseño de las políticas de estabilización.
En el paradigma dominante actual, existe una tendencia a considerar la política monetaria como la principal herramienta para mitigar el ciclo económico. Esta visión tiene sentido si las fluctuaciones macroeconómicas excesivas reflejan principalmente el lento ajuste de los salarios y los precios ante perturbaciones externas dentro de un sistema que, por lo demás, es estable.
Sin embargo, si el sistema es inherentemente inestable y presenta fuerzas que favorecen auges y caídas recurrentes cada siete a diez años, es mucho menos probable que la política monetaria sea la herramienta adecuada para abordar las fluctuaciones macroeconómicas. En tal caso, probablemente necesitemos políticas destinadas a cambiar los incentivos que llevan a los hogares a concentrar sus compras en determinados momentos.
Referencias
Beaudry, P., D. Galizia y F. Portier, «Reviving the Limit Cycle View of Macroeconomic Fluctuations», documento de debate del CEPR 10645 y documento de trabajo del NBER 21241.
Blanchard, O. J. (2014), «Where Danger Lurks», Finance & Development, 51(3), 28-31.
Bolt, J. y J. L. van Zanden (2014), «The Maddison Project: collaborative research on historical national accounts», The Economic History Review, 67 (3): 627–651.
Goodwin, R. (1951): «The Nonlinear Accelerator and the Persistence of Business Cycles», Econometrica, 19(1), 1–17.
Kaldor, N. (1940), A Contribution to the Theory of the Trade Cycle, Clarendon Press, Oxford.
Kaldor, N. (1940), «A Model of the Trade Cycle», The Economic Journal, 50(197), 78–92.
Kalecki, M. (1937), «A Theory of the Business Cycle», The Review of Economic Studies, 4(2), 77–97.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Paul Beaudry es profesor de Economía y titular de la Cátedra de Investigación de Canadá en Macroeconomía en la Vancouver School of Economics. Dana Galizia es profesora adjunta de Economía en la Universidad de Carleton. Franck Portier es profesor en la Toulouse School of Economics y miembro sénior del Institut Universitaire de France.
Imagen: Un hombre camina por un edificio en Tokio. REUTERS/Toru Hanai.


