¿Son suficientemente ambiciosos los objetivos de desarrollo?

¿Son suficientemente ambiciosos los objetivos de desarrollo?
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Si escucha a Lant Pritchett, profesor de Desarrollo Internacional en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, le dirá que últimamente las agencias de desarrollo han tendido a «rebajar la definición del desarrollo». A su juicio, al fijar un listón bajo para los objetivos de desarrollo —por ejemplo, establecer un umbral de pobreza de «un dólar al día» o lograr la educación primaria universal, como se estipula en los Objetivos de Desarrollo del Milenio—, se están frustrando las aspiraciones de miles de millones de personas que viven en países en desarrollo y son bastante pobres según los niveles de vida de los países de la OCDE.[i]

Con curiosidad por escuchar y comprender mejor su provocadora narrativa, el mes pasado invitamos a Pritchett a dar una charla en el Banco Mundial desde nuestra Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal.[ii] Pritchett, que trabajó varios años en el Banco Mundial antes de trasladarse a Harvard, presentó dos temas principales ante una sala abarrotada:

  1. La agenda actual de las agencias de desarrollo parece incluirlo todo, salvo la promoción de un crecimiento económico de base amplia. Este último es fundamental para mejorar la prosperidad y el bienestar generalizados en los países en desarrollo, y es lo que más desean los ciudadanos y los gobiernos del mundo en desarrollo.

  2. Al elegir objetivos poco exigentes y no respaldar la prosperidad de todos los ciudadanos, las agencias de desarrollo corren el riesgo de perder relevancia como socias de los países en desarrollo.

Es razonable sostener que, en la mayoría de los países, los gobiernos quieren mejorar el bienestar de toda su población, incluso centrándose en las necesidades de los grupos pobres y desfavorecidos. ¿Están las agencias de desarrollo y los países ricos que las respaldan dando la espalda a los objetivos y las esperanzas del mundo en desarrollo? ¿Qué quieren los ciudadanos de los países más pobres de sus gobiernos?

En su presentación, Pritchett ofreció información basada en encuestas sobre los problemas más apremiantes del África subsahariana: véase la Figura 1 a continuación.[iii] Según estas cifras, a la mayoría de las personas encuestadas les preocupan más el empleo, los ingresos y la infraestructura que la salud, la educación y la gobernanza. Me parece que este orden de prioridades sería bastante acertado en muchos contextos de países en desarrollo. Por ejemplo, según un estudio de la OMS de 2014, Delhi, India, tiene la peor contaminación atmosférica de todas las ciudades del mundo.[iv] Pero, si se les preguntara, sospecho que los habitantes de Delhi situarían el empleo, los ingresos y la vivienda más arriba en su lista de prioridades de desarrollo que la lucha contra la contaminación atmosférica. A medida que los países avanzan en su desarrollo y se enriquecen, sus ciudadanos empiezan a dar menos prioridad a los bienes materiales (actividades que suelen asociarse con el impulso del crecimiento económico) y a valorar más los aspectos inmateriales de la vida (como las ciudades hermosas y los entornos impolutos): un argumento que Pritchett expuso con elocuencia.


Pritchett también cuestionó los dos objetivos globales del Grupo Banco Mundial: eliminar la pobreza extrema (las personas que viven con menos de 1,25 dólares al día) para 2030 e impulsar la prosperidad compartida promoviendo el crecimiento de los ingresos del 40 % más pobre de la población. Su argumento se basaba en la siguiente lógica de dos partes: primero, no puede haber una línea divisoria en el bienestar humano, y las personas en situaciones similares (como quienes están apenas por encima del umbral de 1,25 dólares al día) no pueden ni deben recibir un trato distinto. Segundo, la definición de prosperidad compartida también traza una línea arbitraria en el 40 % de la población. ¿Qué ocurre con las personas que se encuentran en los percentiles 41 o 42? Están cerca del percentil 40, pero quedan fuera de la ecuación. ¿Y qué pasa con el votante mediano en una sociedad democrática? A menos que pertenezca al grupo de pobreza extrema, ¿no cuenta su bienestar como parte del objetivo de prosperidad compartida?

Se puede estar de acuerdo con la lógica de Pritchett, pero si se cree que (a) eliminar la pobreza extrema y (b) promover la prosperidad en cada país son quizá las causas más nobles del desarrollo, hay que centrarse en quienes ya se encuentran en una situación de desventaja económica. El principio de prosperidad compartida está relacionado con el crecimiento económico, que debe promoverse en todos los países en desarrollo. El Grupo Banco Mundial está centrado en mejorar el crecimiento económico en los países en desarrollo para poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida. Este enfoque del desarrollo parece bastante razonable.

Es probable que un gobierno elegido democráticamente esté de acuerdo en que los pobres y desfavorecidos del país necesitan una atención especial en sus programas de desarrollo. Sin duda, tendrá objetivos y metas relacionados con mejorar el bienestar de todos sus ciudadanos. En ese proceso, puede que a veces recurra a métodos imperfectos —por ejemplo, producir electricidad con carbón, lo que genera contaminación atmosférica— para construir la infraestructura necesaria para impulsar el crecimiento económico. Algunas agencias de desarrollo podrían negarse a apoyar esos proyectos. En esos casos, podría haber diferencias en los enfoques para alcanzar los objetivos nacionales de crecimiento y prosperidad. Al mismo tiempo, sería difícil sostener que los objetivos de desarrollo de un país son esencialmente distintos de los de las agencias de desarrollo. Solo el tiempo dirá si ese enfoque pondría a las agencias de desarrollo en rumbo de colisión con la mayoría de los países y las llevaría a replantearse su alianza para el desarrollo.

Este artículo se publicó originalmente en el blog Let's Talk Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Vinaya Swaroop es el responsable global del Grupo de Soluciones Globales sobre Crecimiento de la Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal del Banco Mundial.

Imagen: MaryJoy, de diez años, hija mayor de Arnold y Nancy Bolata, se prepara para bañarse antes de ir a la escuela. REUTERS/Erik De Castro.

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