El 19 de julio, Argelia ganó la edición de 2019 de la Copa Africana de Naciones. La victoria fue la culminación de un torneo internacional de fútbol muy disputado, con 24 equipos, en el que vimos lo mejor de la competición, el talento y el arbitraje del continente. La consagración de Argelia llega en medio de una profunda transformación política desencadenada por las masivas manifestaciones de los últimos meses, impulsadas a su vez por jóvenes que exigen un cambio radical. Esto ha unido a los argelinos y ha dado nuevos ánimos a la selección nacional. Este espíritu de «sí se puede» y el renovado impulso probablemente sean ingredientes clave para llevar a cabo grandes reformas.
En el plano económico, el modelo de desarrollo de Argelia ha frustrado a una fuerza laboral joven, formada y cada vez más femenina, que aspira al empoderamiento económico más allá de las subvenciones y los empleos públicos. El modelo se encuentra esencialmente atascado en la transición de una economía administrada a una economía de mercado. Además, décadas de dominio estatal con episodios de liberalización han dado lugar a un capitalismo de amiguetes, lo que aleja aún más a la población de apreciar el poder de aprovechar los mercados para el desarrollo.
En Argelia, como en muchos países, el fútbol despierta pasiones que encarnan sueños de grandeza y unen a las naciones. El fútbol puede ofrecer cuatro lecciones para el desarrollo económico de Argelia, que busca renovar su modelo económico (véanse también Kuper y Szymanski 2009 y Palacios-Huerta 2014).
La primera lección trata del papel de la competencia y del poder de las fuerzas del mercado. En demasiados sectores de Argelia, los precios están controlados y los monopolios estatales o privados son la norma, lo que limita el espacio para que los argelinos talentosos transformen su economía y desalienta la inversión extranjera. Esto es insostenible, dado el descenso de las rentas procedentes del petróleo y el gas desde que los precios del petróleo se desplomaron en 2014. El fútbol ilustra cómo los mecanismos de mercado son un filtro importante para detectar y recompensar el talento en función del rendimiento y para alejarse del favoritismo. Sin libertad de entrada ni posibilidad de fracaso, como ocurre en el fútbol, el dinamismo económico y el impulso se detienen rápidamente.
La segunda lección trata de movilizar el talento. Desde su independencia de Francia en 1962, Argelia ha invertido significativamente en educación, y las mujeres superan a los hombres en logros educativos. La selección nacional de fútbol, dirigida por el entrenador Belmadi, quien, durante su carrera como jugador, militó en los mejores clubes de Europa, logró movilizar en menos de un año al mejor talento argelino que juega por el mundo. Argelia, como otros países en desarrollo, ha sufrido una enorme fuga de cerebros debido a la falta de mercados internos fiables que ofrezcan oportunidades acordes con el nivel de talento y competencias de su población, que crece con rapidez. Más allá del fútbol, atraer talento desde Argelia y del extranjero contribuirá, junto con una mayor apertura de los mercados, a una mayor productividad y crecimiento económico, que ha caído por debajo del 2 % anual, un nivel que equivale a una tercera parte de lo necesario para crear el tipo de empleos que absorban a quienes se incorporan al mercado laboral. Movilizar a su diáspora también permitirá integrar al país mediante las redes y el capital de una diáspora que tiene una afinidad muy fuerte con su país de origen.
La tercera lección se refiere al papel central de los directivos. El entrenador Belmadi encarna el tipo de liderazgo cercano, valiente y exigente, con las habilidades técnicas y estratégicas necesarias, que ha convertido un conjunto de talentos individuales en un equipo simbiótico. En muchos países en desarrollo, como Argelia, los directivos no se seleccionan adecuadamente o no se les otorga autoridad para liderar. Para transformar su economía, Argelia, como hizo con su equipo de fútbol, necesita seleccionar y confiar en directivos tanto del sector público como del privado, apoyándose en la implantación de una gobernanza corporativa moderna. Esta gobernanza corporativa debería otorgar a estos directivos la libertad y la independencia necesarias para tomar decisiones, seleccionar y recompensar talentos que impulsen nuevo dinamismo, y reequilibrar el tradicional enfoque de arriba abajo hacia un enfoque más de abajo arriba a nivel de empresa.
La última lección trata del papel del árbitro. Un árbitro competente e independiente es el pilar de un juego sano y justo. En el ámbito económico, los reguladores independientes, sectoriales o transversales, como los reguladores de telecomunicaciones o las autoridades de competencia, son complementarios a la liberalización de los mercados y evitan la monopolización de la economía. Se puede evitar una reacción popular contra los mercados inspirando confianza en un aparato regulador con capacidad de aplicación adecuada, que debe convertirse en garante de una competencia vibrante y justa. La tecnología puede ayudar, como ha ocurrido en el fútbol con la llegada del «árbitro asistente de vídeo», que permite a los árbitros revisar las jugadas y evaluar si sus decisiones iniciales fueron adecuadas.
Argelia tiene una oportunidad única para emprender reformas audaces y transformar su economía. Cuenta con un grupo de talento individual y con recursos naturales. Lo que necesita ahora es voluntad política para atraer y empoderar a directivos talentosos, reforzando su gobernanza corporativa y su aparato regulador para un juego creativo y justo, como en el fútbol.



