Este resumen periódico de noticias y análisis destacados sobre la economía mundial se centra en una preocupante brecha entre la euforia de los mercados y la inquietud de quienes cobran un salario, la nueva etapa de autosuficiencia de China y el fantasma de la «skimpflation».
Georges Bernanos no estaba dispuesto a aceptarlo.
El escritor nacido en París publicó en 1947 el tratado Francia contra los robots que arremetía contra los efectos alienantes de la tecnología y una incipiente «civilización de las máquinas». Por entonces, la experiencia directa de la mayoría de las personas con la automatización aún se limitaba a una cadena de montaje en una fábrica o a un ascensor con botones.
Resulta que Bernanos tenía motivos de sobra para alarmarse. Pero ¿y si la misma tendencia inexorable que dicta que los tratados emblemáticos del futuro sean versiones retocadas de textos generados por bots también fuera prácticamente lo único que mantiene a flote la economía?
Es una exageración. Pero es cierto que el auge de la inteligencia artificial (o «ciclo de inversión», si se prefiere) parece ser la respuesta habitual a la pregunta: ¿qué sostiene el crecimiento en un mundo sacudido por el doble golpe de los aranceles y las perturbaciones del suministro provocadas por la guerra? El ciclo informativo nos dice que un sector privado resiliente sigue avanzando con fuerza. Gran parte de su atención, para deleite de los inversores, está puesta en la IA.
La IA fue uno de los pocos puntos positivos del más reciente Informe de perspectivas de los economistas jefe publicado la semana pasada. El ritmo de adopción previsto que señalaba se ha recibido como una buena noticia. Hace ya unos años que OpenAI puso ChatGPT a disposición del público general. Desde entonces, el índice Nasdaq Global de Inteligencia Artificial y Big Data, un indicador de la euforia en torno a la IA, ha multiplicado su valor por más de tres.
Esto tiene un lado negativo para quienes perciben un salario. Quizá sea un destino más prosaico que el que imaginaba Bernanos, pero no deja de ser doloroso: el auge de la IA está reduciendo aún más la ya menguada proporción de la producción económica que corresponde al trabajo. Esa divergencia entre los beneficios y los salarios de los trabajadores ha abierto lo que se ha descrito como una «brecha» que separa a los mercados bursátiles optimistas de unas personas cada vez más angustiadas. En general, no se considera que sea una fórmula propicia para la estabilidad.
Si este es realmente el progreso tecnológico que necesitamos para que las economías sigan avanzando, probablemente convendría prestar mucha atención a cómo distribuye sus beneficios, para ayudar a que perdure lo máximo posible.
La crisis del estrecho de Ormuz
¿Qué pasa con la economía de Irán? Hay mucha cobertura de las consecuencias económicas mundiales de la guerra con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, pero también merecen atención los efectos dentro de este país de 93 millones de habitantes; este artículo de The Wall Street Journal describe cómo se disparan los precios de productos básicos como el queso Lighvan, cómo disminuyen las reservas de divisas y cómo se pide a la población que reduzca el consumo de agua y electricidad.
Cómo dejaron de preocuparse por las subidas de los tipos de interés. No hace mucho, en Estados Unidos y otros lugares se esperaba que los recortes de los tipos de interés pudieran dar impulso a la economía. Este reportaje de The New York Times explica cómo los responsables de la Reserva Federal de Estados Unidos han asumido la posibilidad de que la inflación relacionada con las perturbaciones del suministro obligue a subir los tipos para poner la situación bajo control.
¿Ha oído hablar de la inflación? Pruebe la «skimpflation». Lo más probable es que le deje con ganas de más. No se trata solo de la cantidad; este artículo de The Conversation explora otras formas en que las empresas pueden mantener los precios estables en medio de la inflación provocada por la guerra, escatimando en calidad, ingredientes y servicio.
¿La era de China?
«Pekín redobla sus esfuerzos». Este informe publicado recientemente por Rhodium Group detalla la «política industrial para todo» de China, una vasta coordinación de la intervención estatal que está entrando en una nueva fase. Este esfuerzo interno, «más sistémico y generalizado», tiene inevitablemente repercusiones mundiales.
«El incómodo privilegio de presenciar el ascenso de China antes que la mayoría». Para muchas personas, el avance tecnológico de China pareció un salto repentino, pero este artículo de Project Syndicate sostiene que, para los científicos, se ha desarrollado más bien como una larga marcha, basada en una planificación cuidadosa, una hábil gestión estatal, investigación fundamental e instituciones sólidas.
La desventaja de ganar una «carrera armamentista educativa». La caída de las tasas de fecundidad es un problema muy extendido, según este economista entrevistado en The Atlantic. Una de las principales causas en países como China: la gente pasa más tiempo estudiando, se casa o forma pareja más tarde y sabe que quizá sus hijos tengan que estudiar durante aún más tiempo.
Otras noticias breves
El club del billón de dólares sigue creciendo. El polvo mágico de la IA está creando más empresas valoradas en 1 billón de dólares o más; Corea del Sur ya tiene dos. (Reuters)
Se alejan discretamente del Brexit. Mucho ha cambiado desde que los británicos votaron por separarse de la UE y, en respuesta, el país está restableciendo vínculos. (The Economist)
El experimento económico que puso patas arriba la realidad. Cómo subir el salario mínimo en ciudades de Estados Unidos no provocó el desastre que se temía. (The Atlantic)
Dé forma a ese relato. Las historias que nos contamos sobre la economía pueden ser más importantes que cualquier política. (LSE Business Review)
La economía de Polonia prospera. Pero el acusado descenso del gasto del país en ciencia y educación superior está causando cierta inquietud. (Nature)
Si cree que entiende los bonos, es que no los entiende. Y no le faltará compañía. (Financial Times)


