La historia de dos polos de crecimiento

La historia de dos polos de crecimiento
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El pasado julio, Montek Singh Ahluwalia, vicepresidente de la Comisión de Planificación de la India, admitió que el crecimiento no era un «derecho otorgado por Dios». Unos días después, un apagón masivo dejó sin electricidad a 700 millones de indios y paralizó vastas zonas de la India.

Fue otra muestra de la aparente incapacidad del Gobierno para satisfacer la creciente demanda energética del país, y parece concordar con las conclusiones de la Encuesta de Opinión Ejecutiva 2012 del Foro Económico Mundial, que concluyó que la falta de infraestructura, incluso más que la corrupción y la burocracia, era el factor más problemático para hacer negocios en la India.

Este desafío de infraestructura no es exclusivo de la India; de hecho, ejemplifica el imperativo de adaptación que afrontan todas las economías de rápido crecimiento, particularmente en Asia. El desarrollo aporta enormes beneficios, pero también crea nuevas necesidades, desafíos, responsabilidades y expectativas. Por tanto, los países nunca pueden dormirse en los laureles. El recién publicado Informe de Competitividad Global 2012-2013 (GCR) muestra que varios países asiáticos afrontan ahora las consecuencias de la inacción y la complacencia, que podrían provocar una caída de su competitividad en el futuro.

Aun así, la India sigue siendo un caso de estudio clásico. Hasta hace poco, el crecimiento de dos dígitos parecía estar al alcance; su dinámico sector privado, las tendencias demográficas favorables, su capacidad de innovación y una nueva clase de exitosos gigantes empresariales prometían llevar al país a nuevas cotas. Hoy, el objetivo parece poco realista; de ahí la advertencia del señor Ahluwalia de que alcanzar un crecimiento del 8 % en los próximos años exigiría «grandes esfuerzos».

¿Qué ocurrió? El GCR revela que algunas de las cuestiones más apremiantes han quedado sin resolver. Además de la infraestructura, los bajos niveles educativos, la burocracia onerosa, la corrupción arraigada y generalizada, los abismales déficits públicos, los subsidios distorsionadores y costosos, las reformas agrarias estancadas y las crecientes desigualdades han impedido que el país cumpla sus ambiciones.

La incapacidad del Gobierno para abordar estos problemas con decisión significa que la India ha perdido 10 puestos en el Índice de Competitividad Global desde 2010. Ahora ocupa el puesto 59 entre 144 economías, 30 puestos por detrás de China.

A diferencia de la India, China ha logrado establecer los cimientos básicos de su competitividad. En los últimos 20 años, cientos de millones de chinos salieron de la pobreza extrema; el país ascendió en la escala del desarrollo y se convirtió en la fábrica del mundo. Pero China —que ahora es dos veces más rica que la India— tampoco puede dormirse en los laureles.

El GCR destaca algunos de los propios desafíos de China para mantener el impulso de su crecimiento. La competencia sigue siendo débil, cuando no inexistente; las empresas estatales siguen disfrutando de un trato preferencial; el acceso al crédito para las pymes privadas es muy difícil, ya que el sector financiero continúa estando poco desarrollado en gran medida; los «contactos» siguen desempeñando un papel fundamental en el éxito —o el fracaso— de una iniciativa empresarial; el soborno es el método preferido —o una necesidad— «para que las cosas se hagan»; y persisten numerosas barreras de entrada, especialmente para los inversores extranjeros.

China debe abordar todos estos problemas críticos y al mismo tiempo debe reforzar sus cimientos. En 2010, miles de vehículos quedaron detenidos en la autopista 101 de China, formando lo que llegó a conocerse como el «Gran atasco chino», una congestión que se extendió por más de 100 kilómetros y duró 10 días. Décadas de enormes inversiones en infraestructura no pudieron hacer frente al crecimiento anual del 40 % del tráfico que registraba la autopista.

Esta semana, quienes viajen desde Yakarta, Bombay, Daca, Pekín o Bangkok —todas ciudades asiáticas notoriamente congestionadas— para asistir a la Reunión Anual de los Nuevos Campeones del Foro en Tianjin, China, bien podrían pasar varias horas atrapados en el tráfico de camino al aeropuerto. Al menos tendrán tiempo de sobra para reflexionar sobre los peligros de la complacencia, la inacción y la falta de adaptación.

Autor: Thierry Geiger es economista y director asociado del Foro Económico Mundial. Dirige el área de competitividad para Asia y es coautor del Informe de Competitividad Global.

En la imagen: Trabajadores desmantelan un barco dado de baja en el astillero de Alang, a unos 260 km (162 millas) al oeste de Ahmedabad, ciudad del oeste de la India. REUTERS/Amit Dave

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