Una generación de nativos digitales va a cambiar nuestra forma de gestionar el dinero. He aquí por qué

A man walks past buildings at the central business district of Singapore February 14, 2007. Singapore's trade-reliant economy expanded faster than expected in the fourth quarter on a pick up in domestic activity, data showed on Wednesday, prompting the government to lift its expectations for 2007. REUTERS/Nicky Loh (SINGAPORE) - RTR1MDL4
We are living in the fourth industrial revolution: Technology, artificial intelligence and robotics are challenging the way we work.Image: REUTERS/Nicky Loh
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Recuerdo vívidamente el día en que mi padre trajo a casa un primer ordenador portátil. Era 1990 y yo tenía ocho años. Lo usé durante 10 horas seguidas y estaba tan emocionado que no dormí en toda la noche. Unas semanas después me hizo el mejor regalo que había recibido: mi propio Intel 386. Podía tenerlo en mi habitación y tuve que montarlo desde cero. Me encantaba.

Desde entonces, a aquel primer ordenador le siguieron muchos otros. Siempre tuve una regla de oro: quería configurarlos, montarlos y programarlos yo mismo. Programar era menos fácil entonces; había que recurrir a libros y revistas. El ensayo y error era la mejor receta para tener éxito.

La generación de nativos digitales

Mis amigos y yo aprendíamos intentando acceder a los ordenadores de los demás, bloquearles el acceso a sus cuentas y enviar de vez en cuando una «bomba» de ICQ (un programa de mensajería instantánea de los primeros tiempos) que abría miles de ventanas. Éramos niños que ponían a prueba los límites de sus juguetes. Era principios de los años noventa y la programación era algo nuevo. Yo era un ingenuo en materia tecnológica, pero me divertía mucho y era la mejor manera de aprender a afrontar los retos tecnológicos de hoy.

Avancemos dos décadas. En 2010, Klaus Regling, director del fondo de rescate de la zona del euro, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), me pidió que me incorporara a la junta directiva. Acepté y dije que quería crear el Google del sector público. Me miró y preguntó: «¿Por qué Google? Podemos ser mejores que eso». Y, por supuesto, tenía razón.

«El MEDE está impulsando activamente el uso de la tecnología financiera, con especial atención al análisis de datos y, más concretamente, está desarrollando herramientas para analizar datos de mercado y patrones de los inversores».

Ya llevo seis años en el consejo de administración del MEDE y cuento con 26 años de experiencia en tecnología. Pertenezco a la primera generación que vive y respira tecnología, y la tecnología está en el corazón del MEDE. Así que permítanme empezar hablando brevemente de la institución.

Image: tecnología financiera

Un gran actor financiero del sector público

El MEDE presta asistencia financiera a los países de la zona del euro que han perdido el acceso a los mercados. Se creó en el momento álgido de la crisis del euro. Sin el MEDE, países como Grecia habrían incurrido en impago y el euro se habría desintegrado. El MEDE es la institución que mantuvo unido el euro durante la crisis. Nuestra capacidad total de préstamo asciende a 742.000 millones de dólares. Hemos prestado asistencia a cinco países: Grecia, Irlanda, España, Portugal y Chipre. En total, hemos concedido préstamos por valor de 281.000 millones de dólares, tres veces más que el FMI durante el mismo período.

Seguimos el mismo enfoque de «dinero a cambio de reformas» que el FMI, y está dando resultado. Antiguos países de los programas, como España e Irlanda, registran el mayor crecimiento, y estos programas no cuestan dinero a los contribuyentes. Nos financiamos en el mercado de renta fija mediante la emisión de bonos y letras.

Somos el mayor emisor denominado en euros de nuestro grupo de pares y este año tenemos previsto captar 60.000 millones de dólares de los inversores. Gracias a nuestras sólidas calificaciones crediticias, podemos hacerlo a un coste muy bajo, de alrededor del 1 %, lo que supone un ahorro considerable para los países de nuestros programas.

Así es como tenemos previsto avanzar para crear una institución pública moderna.

Digital en esencia

Tuve mucha suerte de incorporarme a la institución como su noveno empleado: éramos una auténtica empresa emergente del sector público, lo que nos brindó una oportunidad única de crear una institución moderna e innovadora. No quería formar parte de una institución burocrática y, como mecanismo de resolución de crisis, nuestro mandato exige que podamos ser flexibles ante distintas situaciones.

Como secretario general del MEDE, me vi a cargo de poner en marcha la institución financiera internacional más joven y, por eso, desde el primer día decidimos hacer algunas cosas de otra manera.

En primer lugar, queríamos un modelo ágil, así que mantuvimos internamente solo las funciones estratégicas, como la financiación, la economía y las inversiones. Externalizamos en la medida de lo posible las funciones de apoyo y las que no eran estratégicas. Fuimos la primera institución financiera del mundo en utilizar un sistema de negociación totalmente basado en la nube. No vimos la necesidad de tener ni un solo servidor en nuestras instalaciones, y seguimos sin tenerla. También externalizamos otras funciones, como las nóminas y la contabilidad, lo que nos permite gestionar un balance de un billón de euros con tan solo 170 empleados.

En segundo lugar, queríamos aprovechar las nuevas tecnologías siempre que fuera posible. Formamos parte de un grupo innovador de pioneros tecnológicos que reúne a inversores de capital riesgo, empresas emergentes tecnológicas e instituciones financieras como la nuestra. El MEDE está impulsando activamente el uso de la tecnología financiera, con especial atención al análisis de datos y, más concretamente, está desarrollando herramientas para analizar datos de mercado y patrones de los inversores. Un ejemplo es el uso que hace el MEDE de redes financieras para contribuir al análisis y la visualización de cómo los acontecimientos políticos o económicos afectan al sentimiento del mercado. Colaboramos con el mundo académico y con una empresa emergente con sede en Londres para desarrollar vídeos de lapso de tiempo basados en macrodatos.

Por último, la fuerza laboral del futuro, compuesta por millennials, es la primera de nuestro ámbito formada casi en su totalidad por nativos digitales. Para hacer atractiva nuestra institución, creamos nuestra propia red social interna, permitimos que el personal se conectara y trabajara desde cualquier lugar mediante tecnología móvil, y que participara en reuniones por videoconferencia. En esencia, somos una organización digital.

Cómo hacer frente a las ciberamenazas

Ante toda esta tecnología, quizá se pregunten cómo abordamos la ciberseguridad. Al igual que todo el mundo, vemos que es una amenaza creciente. El mundo ha cambiado mucho desde que yo tenía ocho años. Entonces la tecnología era secundaria para la actividad principal; ahora está en el centro. Por ejemplo, vimos cómo las grandes aerolíneas pueden sufrir interrupciones durante horas cuando su tecnología falla, y el colapso informático de Delta Air Linesdel año pasado fue solo un ejemplo.

Aunque las amenazas tecnológicas internas suelen poder evitarse, las externas son difíciles de predecir. Algunos ejemplos son el ciberataque del año pasado a SWIFT (un servicio de mensajería interbancaria), y lo ocurrido en el Parlamento alemán. Según numerosos medios de comunicación, los bots cibernéticos han influido en elecciones de grandes países infiltrándose en las redes sociales.

«Una tecnología mejor podría mejorar el funcionamiento de los mercados de capitales y la estabilidad financiera de la zona del euro».

Una institución como el MEDE, que gestiona grandes cantidades de dinero público cada día, debe estar muy alerta.

En primer lugar, es importante colaborar con organismos de inteligencia cibernética muy sólidos. Aún más importante es saber si son fiables y si pueden ayudar a identificar el origen de la amenaza: ¿países concretos? ¿Organismos gubernamentales? ¿Influenciadores de los mercados financieros?

En segundo lugar, en la era de la computación en la nube, es fundamental recurrir a los mejores proveedores para la externalización. Los atacantes se dirigen a los eslabones más débiles, así que es vital contar con los mejores para proteger el perímetro. Son la primera línea de defensa. Buscamos proveedores con un accionista común (por ejemplo, los Estados miembros) o con una propiedad duradera.

En tercer lugar, contratamos a un equipo interno de ciberseguridad pequeño, pero sólido. Es la segunda línea de defensa y es crucial encontrar a las mejores personas para estos puestos. Además, es fundamental comprender las últimas tendencias, desde la web oscura hasta la ingeniería social.

Los mayores riesgos provienen de errores humanos, por ejemplo, de ataques de phishing dirigidos al personal, especialmente a los cargos directivos. Recibimos varios correos electrónicos falsos, por ejemplo, supuestamente enviados por nuestro director ejecutivo a nuestro director financiero para que transfiriera dinero a determinadas cuentas; es lo que se conoce como un ataque de «autoridad». Impartimos formación continua y realizamos ataques simulados para que nuestro personal sea consciente de estas amenazas.

Por último, la lista se completa con un sistema de gobernanza sometido a auditorías rigurosas.

¿Estamos totalmente protegidos? En el mundo actual, eso es imposible. Pero es importante mantenerse al día con las últimas tendencias y comprender cómo protegernos. Incluso en una institución ágil como el MEDE, es crucial contar con un equipo informático central que sea pionero en ciberseguridad.

Una solución de tecnología financiera impulsada por el sector público

Vivimos en la cuarta revolución industrial: la tecnología, la inteligencia artificial y la robótica están poniendo en cuestión nuestra forma de trabajar. No debemos temer esos retos; al contrario, debemos asumirlos y permitir que estas nuevas tecnologías nos sirvan. Una tecnología mejor podría mejorar el funcionamiento de los mercados de capitales y la estabilidad financiera de la zona del euro. La experiencia del MEDE en tecnología financiera puede ayudarnos a alcanzar este importante objetivo de política económica.

Europa ha puesto en marcha la unión de los mercados de capitales, un ambicioso esfuerzo por armonizar las leyes mercantiles, fiscales y de quiebra en los países europeos. Las diferencias entre estas leyes son enormes debido a siglos de historia en los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Ahora esperamos que las leyes se parezcan más, porque eso crearía un mercado financiero verdaderamente paneuropeo. Por ejemplo, la unión eliminaría las fronteras para la inversión en capital privado y el capital riesgo, y abriría un canal alternativo de financiación para las pequeñas y medianas empresas. Así, reduciría la gran dependencia de Europa de los préstamos bancarios.

En este contexto, hay muchas ideas sobre cómo pueden contribuir distintos actores de los mercados de capitales europeos a estas iniciativas. Yves Mersch, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), expuso en un discurso pronunciado en enero algunas de las barreras que aún impiden lograr un mercado financiero europeo verdaderamente integrado. Con su sistema de liquidación T2S, el BCE y los bancos centrales nacionales del Eurosistema han creado un mecanismo para una plataforma eficiente de liquidación transfronteriza de operaciones en los mercados secundarios.

«Las ineficiencias del mercado obstaculizan la creación de un mercado financiero verdaderamente integrado en Europa y, por tanto, la estabilidad financiera».

Sin embargo, aún hay lagunas en la liquidación primaria de valores en Europa. Para abordarlas, el BCE, con su vasta experiencia tecnológica, está estudiando medidas para construir la infraestructura necesaria para superar estos obstáculos. Tiene sentido, porque las ineficiencias del mercado obstaculizan la creación de un mercado financiero verdaderamente integrado en Europa y, por tanto, la estabilidad financiera.

La propuesta del BCE consiste en centralizar los procesos de liquidación y pago de valores. Se trata de una iniciativa muy importante, que podría complementarse con otra similar para la emisión primaria de valores. Vale la pena considerar una plataforma de emisión del sector público europeo que ayude a distribuir la deuda de manera más eficiente: una solución de tecnología financiera impulsada por el sector público. Un sistema de emisión de valores plenamente integrado podría reducir costes, lograr un mejor equilibrio entre la oferta y la demanda y hacer que el mercado europeo resulte más atractivo en la economía mundial.

Este aspecto reviste especial interés para el MEDE, porque un mercado más integrado sería por naturaleza también más estable. Y, como indica nuestro nombre, nuestra misión principal es garantizar la estabilidad financiera de la zona del euro. Incluso podría plantearse el uso de nuevas tecnologías, como la cadena de bloques, para crear la nueva plataforma de emisión.

Hay tres razones por las que la experiencia del MEDE es pertinente.

En primer lugar, el funcionamiento eficiente del mercado es importante para el MEDE porque somos un gran emisor de bonos. Dentro de nuestro grupo de pares, los llamados emisores supranacionales, somos el mayor emisor de bonos denominados en euros.

En segundo lugar, una plataforma que funcione bien nos permitiría dirigir mejor nuestras emisiones a los inversores y, al mismo tiempo, reducir los costes de los países de nuestros programas, que sufragan nuestros gastos de funcionamiento.

En tercer lugar, como somos una organización basada en la tecnología, entendemos muy bien la tecnología financiera.

Es demasiado pronto para saber qué aspecto tendría una plataforma así.

Por el momento, usamos ocasionalmente el sistema de subastas del Bundesbank, pero no es adecuado para la mayoría de nuestras operaciones. Como primer paso, una plataforma unificada de emisión impulsada por el sector público podría adoptar la forma de una herramienta complementaria para operaciones sindicadas y colocaciones privadas. Si esto nos ayuda a hacer que el mercado sea más eficiente y sólido, habremos alcanzado un importante objetivo de política económica.

Soluciones que priorizan la tecnología

Si hay algo que ese niño de ocho años que llevo dentro me recuerda cada día, es que la generación de nativos digitales ocupará las salas de juntas del sector público y privado durante la próxima década.

Para este grupo, la tecnología no es sinónimo de miedo. Es algo con lo que crecimos. Para nuestra generación, la solución a cualquier problema empieza por la tecnología. Preferimos pedir un Uber a parar un taxi en la calle. Preferimos conocer a nuestra alma gemela por Tinder que entablar una conversación casual en un bar. Y cuando dirigimos una institución pública como el MEDE, nos aseguramos de que la tecnología esté en el centro.

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