Una renta básica para todos: ¿sueño o delirio?

Tamzin Booth, Business Editor, The Economist, United Kingdom, Guy Standing, Research Professor in Development Studies, University of London, United Kingdom, Michael Sandel, Anne T. and Robert M. Bass Professor of Government, Harvard University, USA, Neelie Kroes, Non-Executive Member of the Board, Open Data Institute, United Kingdom, Amitabh Kant, Chief Executive Officer, NITI Aayog, India. speaking during the session: A Basic Income for All: Dream or Delusion? at the Annual Meeting 2017 of the World Economic Forum in Davos, January 18, 2017Copyright by World Economic Forum / Greg Beadle
Image: Greg Beadle
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La estructura del empleo está cambiando. Las transformaciones del panorama económico mundial, en particular las perturbaciones económicas, están provocando una disminución del número de empleos poco cualificados y un desplazamiento hacia oportunidades que requieren más cualificación. Algunos de los empleos creados son, en promedio, menos seguros y peor remunerados, lo que presiona a las clases medias y da lugar a la aparición del precariado. Para aprovechar las nuevas oportunidades, será necesario introducir cambios importantes en los ecosistemas educativos de todo el mundo. En este proceso de cambio, los gobiernos deberían considerar reformas de los mecanismos de protección social para evitar daños a largo plazo al tejido social.

Muchos comentaristas ven ahora en la renta básica un posible alivio ante las consecuencias de la transformación de los mercados laborales. Este modelo no es nuevo, afirma el profesor Guy Standing, profesor investigador de Estudios del Desarrollo en la Universidad de Londres y copresidente de la Basic Income Earth Network, pero se está examinando con renovado vigor. En Finlandia y California están en marcha nuevos experimentos para proporcionar esta nueva forma de seguridad social, y hay indicios de que la India podría seguir pronto su ejemplo. Amitabh Kant, director ejecutivo de NITI Aayog, India, afirma que los gobiernos elegidos democráticamente corren el riesgo de que surjan movimientos sociales radicales si no logran impulsar el crecimiento del empleo.

La renta básica cuenta con el apoyo de políticos tanto de izquierda como de derecha. Puede referirse a una variedad de mecanismos, y el diablo está en los detalles de su aplicación. Además, este instrumento podría canibalizar otras medidas de bienestar y erradicación de la pobreza, absorbiendo sus fondos.

Kant considera que los programas de bienestar existentes y los fondos procedentes de la política de desmonetización de la India de 2016 podrían reconvertirse en un programa básico estructurado como un préstamo sin intereses. La desmonetización en la India ha sacado del mercado gris la economía sumergida del país, valorada en 3 billones de dólares, y la renta básica podría tener un efecto igualmente positivo en la reforma de los actuales programas indios de distribución pública y garantía de empleo rural. Al ingresar la renta básica directamente en las cuentas bancarias de los ciudadanos, el programa también reduciría la corrupción al disminuir la «interacción con intermediarios». Kant afirma que, dado el clima internacional proteccionista, reforzar el poder adquisitivo de la población nacional podría resultar una estrategia especialmente pertinente.

Standing destaca dos fundamentos esenciales de la renta básica: la justicia social y la protección frente al dominio de figuras de autoridad. Ambos se basan en principios de cohesión comunitaria que se remontan al filósofo inglés del siglo XVIII Thomas Paine. Esta manera de entender los fundamentos de la renta básica apunta al mismo resultado que el argumento habitual de Silicon Valley a favor de ella, pero sigue una lógica muy distinta sobre cómo deberían enfocarse estas iniciativas. Mientras que el argumento de Silicon Valley parte de una perspectiva individualista, la perspectiva ética, que destacan Standing y Michael Sandel, titular de la cátedra Anne T. y Robert M. Bass de Gobierno de la Universidad de Harvard, se fundamenta en la integración social. Todos nos beneficiamos del trabajo de nuestros conciudadanos y de las generaciones que nos precedieron. Por eso, los programas de renta básica pueden considerarse una especie de herencia pública.

La pregunta fundamental que parece seguir pendiente es cómo financiar y estructurar estos programas, no si deben establecerse. Cinco principios rectores pueden orientar los esfuerzos en esta dirección:

1. Establecer normas basadas en la idea de solidaridad comunitaria

2. Precisar las necesidades presupuestarias para poner en marcha estos programas

3. Considerar los programas ineficaces que persiguen los mismos objetivos y cuyos fondos podrían reasignarse para cubrir las necesidades de financiación

4. Hacer que las condiciones para recibir la renta básica —como una participación política mínima— se apliquen a todos los ciudadanos; evitar los programas de renta básica condicionada dirigidos específicamente a las personas pobres

5. Evitar caer en el clientelismo, por el que las políticas benefician sobre todo al sector más fiel del electorado

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