Todo el mundo sabe cómo es una granja, ¿verdad? Lo mismo ocurre con una fábrica, una mina o una central eléctrica. Aunque quizá haya cambiado su escala, todas siguen siendo reconocibles por su aspecto de hace 50 o 100 años.
La Cuarta Revolución Industrial cambiará eso. Difuminará los límites —y las limitaciones— de las grandes industrias que definen la economía, transformando su aspecto y lo que producen. Y lo hará porque estará impulsada por la tecnología 5G.
¿Por qué? Porque la tecnología 5G es mucho más que el siguiente paso después de la 4G. Tiene características únicas que la hacen transformadora desde el punto de vista social y económico: baja latencia (es decir, un retraso casi imperceptible al ejecutar órdenes a distancia); altas velocidades (unas 10 veces superiores a las de las redes actuales); capacidad de conexión (que permite conectar hasta 1 millón de dispositivos por kilómetro cuadrado); y una fiabilidad sin precedentes (que posibilita nuevas aplicaciones basadas en la precisión).
Esta tecnología ya está aquí. Las primeras redes 5G del mundo se desplegaron el año pasado en Estados Unidos y Corea. China, Japón, Australia, Finlandia y muchos otros países cuyos gobiernos han promovido activamente la adopción de la tecnología 5G pronto les seguirán.
Y lo importante es esto: las empresas y los gobiernos no deberían esperar a que la tecnología 5G y la Cuarta Revolución Industrial lleguen hasta ellos. Los modelos de negocio ya están cambiando. Si quieres beneficiarte de ser de los primeros en adoptarla, este es el momento de actuar.
¿Cómo son esos modelos de negocio cambiantes? Un ejemplo es la «fábrica consciente» de Nokia en Oulu, Finlandia. La gran mayoría de la fábrica está automatizada. La temperatura y la humedad se ajustan automáticamente para mantener las máquinas en condiciones óptimas. Las piezas se entregan mediante vehículos autónomos. Los equipos llevan GPS para interiores, lo que permite a los gerentes ver exactamente dónde están, qué hacen y si podrían utilizarse o ubicarse de forma más eficiente.
Todo esto hace que las instalaciones sean muy adaptables. Se puede mover todo salvo las paredes, el suelo y el techo. Y, por supuesto, hay conectividad ubicua entre los robots, las herramientas de los trabajadores y la red que los sustenta.
En definitiva, la fábrica de Oulu ha aprovechado la conectividad para convertirse en una de las fábricas más flexibles, versátiles y productivas del mundo.
Estas tres características —flexibilidad, versatilidad y productividad— son fundamentales para la Cuarta Revolución Industrial y no se limitan a la manufactura. A medida que se afiance la tecnología 5G, todas las empresas podrán aprovecharla. Sectores como la salud, la agricultura y el transporte podrán optimizar procesos y actuar a partir del análisis de datos en tiempo real, lo que supondrá un gran aumento de la productividad.
Esta amplitud de aplicaciones es especialmente importante. Hasta ahora, la digitalización ha beneficiado a un segmento relativamente reducido incluso de las economías más desarrolladas. Por ejemplo, en Estados Unidos, solo el 30 % de los sectores (como los servicios financieros) ha recibido el 70 % de los beneficios de la digitalización. Esto les ha permitido aumentar su tasa de crecimiento de la productividad casi cuatro veces más rápido que otros sectores.
La Cuarta Revolución Industrial podría repartir esos beneficios de forma mucho más equitativa. Un mayor acceso a la nube, por ejemplo, permitiría a todas las empresas, independientemente de su tamaño, mejorar la productividad y los procesos.
Eso no significa que los beneficios de la Cuarta Revolución Industrial vayan a llegar fácilmente. Hay una razón por la que es más fácil digitalizar un banco que, por ejemplo, una granja: una granja, como una fábrica, una plataforma petrolífera o cualquier otra industria física, tiene una enorme variedad de maquinaria, herramientas y sistemas, cada uno de los cuales requiere una forma distinta de optimización.
La clave para lograr eficiencias consiste en controlar estos activos físicos mediante tecnologías digitales. Esto solo es posible si se combinan la tecnología de la información y la tecnología de operaciones, lo que permite a las empresas aprovechar sus propios datos para analizar, optimizar y controlar sus complejos sistemas.
Para alcanzar esta nueva etapa de transformación digital, hay tres prioridades.
1. Conectar todo. Una empresa necesita conocer el estado de sus activos y poder controlarlos en tiempo real, independientemente de dónde se encuentren.
2. Procesar datos sobre el terreno. La nube sigue estando demasiado centralizada. Nuevas tecnologías, como los drones autónomos, necesitan conectividad ininterrumpida y sin latencia, que proporcionan las llamadas nubes periféricas, acercando las aplicaciones a los activos y a los usuarios.
3. Sacar partido a los datos. Actualmente, ni siquiera se recopila alrededor del 90 % de los datos disponibles en una planta de producción. Pero una mayor conectividad y la nube periférica nos ofrecerán una gran cantidad de información en tiempo real, que se podrá analizar y utilizar al instante. Así, los trenes podrían desviarse de forma preventiva durante una inundación, los drones de una fábrica podrían redirigir automáticamente las piezas adonde más se necesitan y los equipos de emergencia podrían analizar el lugar de un accidente antes de llegar.
La tecnología 5G puede ayudar a hacer realidad estas tres prioridades, especialmente cuando las empresas trabajan con socios como Nokia, que pueden ofrecer productos y servicios integrales, fluidos y fiables.
Quiero añadir una cosa más. Solo tenemos una oportunidad para hacerlo bien. Durante demasiado tiempo, los beneficios de la digitalización han favorecido de manera desproporcionada a un pequeño grupo de sectores, dejando atrás a hospitales, granjas y otros activos sociales vitales.
El mundo está tomando conciencia de ello. En la reunión de este año del Foro Económico Mundial en Davos, importantes actores del sector de las tecnologías de la comunicación, entre ellos Nokia, acordaron colaborar con otros para identificar y superar los diversos obstáculos técnicos, normativos y organizativos que actualmente impiden la adopción más amplia posible de la tecnología 5G.
Esto es solo un primer paso. Hacen falta más. En particular, los gobiernos deben acelerar el ritmo y dar prioridad a la adopción de la tecnología 5G. Pero si hay algo por lo que merezca la pena esforzarse, es esto. Creo firmemente que cuanto antes tengan acceso a la tecnología 5G los gobiernos, las empresas y las personas, antes podrá la Cuarta Revolución Industrial ayudar a que la gente de todo el mundo disfrute de vidas más seguras, felices y productivas.




