A principios de este mes, Giuseppe Conte —profesor de Derecho con poca experiencia política— juró el cargo de primer ministro de Italia. Durante la reñida campaña electoral y la agitación política que precedieron a su nombramiento, la economía se convirtió en un campo de batalla clave.
A medida que se instala el nuevo Gobierno de coalición, estos gráficos ilustran algunos de los retos económicos que afronta.
Crecimiento débil
Pese a haber salido de la recesión, el crecimiento sigue siendo lento e Italia continúa rezagada respecto de sus pares europeos. La OCDE prevé que el crecimiento se desacelere del 1,6 % al 1,4 % este año y al 1,1 % en 2019.

Temor a la deuda
Los niveles de deuda son alarmantemente altos. Como porcentaje del producto interno bruto, el endeudamiento del Gobierno italiano es el segundo más alto de la eurozona, después del de Grecia.

A los inversores les preocupa la posibilidad de una crisis de deuda en la tercera economía más grande de la eurozona. Además, la pugna por el poder en los meses posteriores a las elecciones de marzo entre partidos populistas antisistema y las tensiones en torno al uso del euro por parte de Italia avivaron la inquietud en los mercados financieros mundiales.
Competitividad
Italia ocupa el puesto 43 de 137 en la última edición del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, por detrás de otros países del sur de la eurozona, como España y Portugal.
Este gráfico muestra los factores que los ejecutivos identificaron como obstáculos para hacer negocios en Italia. Entre los problemas señalados figuran la burocracia, los tipos impositivos y las leyes laborales.

La puntuación general de Italia indicaba que había margen para mejorar las políticas salariales y la captación y retención de talento. En el ámbito financiero, los temas clave fueron la falta de acceso a préstamos y financiación, así como la preocupación por la solidez de los bancos.
Innovación
El país también quedó rezagado respecto de sus pares en una medida del Índice de Competitividad Global que hace un seguimiento del desempeño de los países en innovación durante la última década. Este indicador incluye la capacidad de innovación, la calidad de la investigación científica y el gasto de las empresas en investigación y desarrollo.
Esto es especialmente preocupante, ya que el informe del Foro señaló que el ritmo y el carácter disruptivo del cambio tecnológico están creando oportunidades y retos sin precedentes para todos los países.
«Estas tecnologías emergentes tienen un enorme potencial para ser una fuente de crecimiento, pero su evolución futura es incierta», señaló el informe. «Un reto clave consiste en cómo liberar su potencial de manera que beneficie a la sociedad en su conjunto, dado que pueden transformar profundamente la distribución nacional y mundial de los ingresos y las oportunidades».

¿Preparada para la disrupción?
En otra medición, la «preparación tecnológica» —el grado de preparación de las economías ante los avances futuros—, Italia ha mejorado recientemente, pero sigue bastante por detrás de Alemania, el Reino Unido y Francia.




