Me han preguntado muchas veces si he visto osos polares en mis viajes por el Ártico. Y así ha sido. Pero, sobre todo, veo seres humanos. Más de 4 millones de personas viven en el Ártico. Hay ciudades y universidades, y una economía anual de unos 230 000 millones de dólares, comparable en tamaño a países desarrollados como Irlanda o Portugal. Mucha gente se sorprende ante estos datos, pues cree que el Ártico no es más que hielo y territorio salvaje.
En su informe Demystifying the Arctic, The Global Agenda Council on the Arctic expone los conceptos erróneos más comunes que deben desmentirse si queremos un debate justo e informado sobre el desarrollo de la región.
1. El Ártico es un territorio deshabitado y sin reclamar, sin regulación ni gobernanza
De hecho, la región alberga a unos 4 millones de personas y a una economía considerable, todas bajo la jurisdicción de ocho países (Rusia, Finlandia, Noruega, Suecia, Islandia, Groenlandia/Dinamarca, Canadá y Estados Unidos), con prácticamente ninguna disputa territorial entre ellos. Incluso en el océano Ártico, la mayor parte de las aguas costeras se encuentra dentro de las zonas económicas exclusivas (ZEE) existentes, y las nuevas extensiones de soberanía sobre el lecho marino, pendientes o probables, se regirán por el artículo 76 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM). En Canadá, Groenlandia y Estados Unidos, el control local ejercido por comunidades aborígenes y empresas regionales puede ser considerable. En resumen, el Ártico no es un lugar sin reclamar ni disputado, ni una zona militar cerrada, sino que se rige por las estructuras nacionales existentes y por marcos internacionales similares a los de otras regiones del mundo.
2. La riqueza en recursos naturales de la región está lista para su explotación
Muchos desafíos tecnológicos, de infraestructura, económicos y ambientales dificultan el aprovechamiento de los recursos naturales del Ártico. Extraer recursos nunca es una operación sencilla en entornos polares, y su desarrollo requerirá niveles elevados de inversión, incluido el desarrollo de tecnologías especializadas. Además, la región no es homogénea en cuanto a su potencial de desarrollo. Existen diferencias marcadas entre los entornos terrestres y marinos, así como entre distintas regiones y países, en lo que respecta a los niveles existentes de infraestructura, población, sensibilidad ambiental y accesibilidad.
3. El Ártico será accesible de inmediato a medida que el hielo marino siga desapareciendo
En tierra ocurre lo contrario, debido a las temporadas invernales más cortas de caminos de hielo y a la inestabilidad del suelo causada por el deshielo del permafrost. Incluso en el océano Ártico, el hielo marino no es el único obstáculo para la navegación y para las estructuras marítimas (como las plataformas de perforación). Otros desafíos incluyen la oscuridad polar, la mala calidad de las cartas náuticas, la falta de infraestructuras críticas y de sistemas de control de navegación, la escasa capacidad de búsqueda y rescate, los elevados costes de seguros y escoltas, y otros factores no climáticos. También es falso el mito relacionado según el cual el cambio climático creará un océano Ártico libre de hielo durante todo el año, ya que el hielo marino siempre se volverá a formar durante el invierno, y sus propiedades y cobertura variarán considerablemente dentro de la región.
Gráfico que muestra las cantidades estimadas, observadas y posibles en el futuro de la subida del nivel global del mar entre 1800 y 2100, en relación con el año 2000. Fuente: adaptado de Parris et al. 2012 con aportaciones del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
4. El Ártico está tenso por disputas geopolíticas y es el próximo foco de conflicto
La región ártica es un ejemplo destacado de colaboración internacional, ya que los países árticos se ajustan en gran medida a tratados internacionales estándar (por ejemplo, la CNUDM), a foros regionales (por ejemplo, el Consejo Ártico) y a canales diplomáticos periódicos para resolver sus diferencias. Las peticiones de extensión de soberanía sobre el lecho marino del océano Ártico, ampliamente difundidas y actualmente en curso, por ejemplo, se basan en la ciencia y no son especialmente controvertidas, ya que las partes implicadas siguen el mismo procedimiento de la ONU que se ha utilizado para resolver otras disputas sobre la plataforma continental en todo el planeta.
5. Los cambios climáticos en el Ártico solo tienen importancia local y regional
Los efectos del cambio climático global que sufre el Ártico tienen repercusiones de relevancia mundial, con numerosos impactos que revierten sobre el resto del mundo. Entre ellos se incluyen: una subida más rápida del nivel del mar debida a la mayor pérdida de hielo de la capa de hielo de Groenlandia; alteraciones en los patrones meteorológicos por la perturbación de las corrientes en chorro; un cambio en el balance energético planetario como consecuencia de la menor reflectividad de la luz de las superficies que antes estaban cubiertas de nieve o hielo; el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los suelos de permafrost en deshielo y de los hidratos de metano; y la pérdida psicológica de especies de carácter icónico a escala mundial, como el oso polar. Dentro de los países árticos, especialmente Canadá, Rusia y Estados Unidos, la reducción del acceso invernal por caminos sobre agua y suelo helados supone costes socioeconómicos no despreciables para las poblaciones árticas, las redes de transporte y los mercados mundiales de materias primas.
Para más información, consulte nuestros informes, Demystifying the Arctic y Five Arctic Myths.
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Autor: Sturla Henriksen es director ejecutivo de la Asociación Noruega de Armadores y responsable de la línea de trabajo de participación del mundo empresarial en el Global Agenda Council on the Arctic.
Imagen: Barcos pesqueros amarrados en el puerto de la localidad de Uummannaq, en el oeste de Groenlandia, el 18 de marzo de 2010. REUTERS/Svebor Kranjc


