Este artículo se publica en colaboración con SAP Community Network.
El concepto de innovación significa cosas distintas para distintas personas. A veces, incluso se utiliza indistintamente en diversos roles y funciones. Merriam-Webster ofrece esta sencilla definición: “Una idea, dispositivo o método nuevo. El acto o proceso de introducir nuevas ideas, dispositivos o métodos. La introducción de algo nuevo.”
Traducir las ideas en oportunidades para crear valor frente a necesidades no satisfechas es donde empezamos. Si la innovación es la forma en que creamos cosas nuevas, ya sean soluciones completamente nuevas o mejoras de las existentes, entonces el pensamiento innovador es la manera de reunir la energía necesaria para materializar estas ideas y extraer su valor potencial.
Suele asumirse que la innovación solo puede darse dentro de los límites de nuestras competencias centrales. Esto no es cierto. La innovación es la forma en que fertilizamos la profundidad de nuestro conocimiento en distintos ámbitos y tecnologías. El pensamiento innovador es una noción que puede ayudarnos a aportar valor en áreas que van más allá de nuestros intereses, experiencias o conocimientos principales.
Estas son cuatro formas en que podemos redefinir la innovación en la empresa.
1. Adoptar la innovación como una mentalidad, no como una actividad
La innovación depende más de la presencia de una mentalidad innovadora que de un evento con plazos definidos. Es una actitud que debemos inculcar en cada rol y en cada desafío empresarial. La innovación no tiene fecha de inicio ni de fin, del mismo modo que esperamos que valores, como el liderazgo, nunca caduquen.
Al animar a todos a adoptarla (incluidos los roles y funciones de apoyo, que rara vez resultan atractivos), impulsamos una innovación continua innovación generada por muchos avances pequeños, incrementales y diversos. Esto configura un principio fundamental de la innovación en la empresa: ningún rol, compromiso ni proyecto debería convertirse nunca en una oportunidad perdida.
2. Comprometerse con el crecimiento o la rentabilidad
Todo lo que hacemos en nombre de la innovación debe conducir al crecimiento o a la rentabilidad. Este principio no es nuestro punto de partida, lo que podría limitar la creatividad y la ambigüedad (un concepto que valoramos en design thinking). En cambio, nuestras ideas deben validarse por su vínculo claro y sólido con nuestra estrategia y por su papel en la ejecución de esa misma estrategia.
Cuando innovamos en la empresa, a menudo debemos equilibrar la iniciativa y el riesgo con un tiempo y unos recursos limitados. La innovación, en muchos aspectos, se parece a la investigación científica. Partimos de ideas que pueden ser tan libres y desinhibidas como nuestra imaginación. Pero nuestro proceso de experimentar con posibilidades debe estar siempre envuelto en soluciones elaboradas con componentes repetibles que puedan implementarse en algún momento. Esto es fundamental, porque la innovación debe darse sin interrumpir el negocio.
3. Encontrar nuevas soluciones para viejos problemas
Cada vez que pienso en la innovación, me recuerda la cita de Einstein: “No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos al crearlos.” Con frecuencia, nuestros sesgos levantan muros que limitan nuestra imaginación y dificultan nuestra capacidad para ver lo que tenemos justo delante de los ojos. Necesitamos reescribir los supuestos que damos por sentados. Lo llamo “generación de valor en lugares no tan obvios”.
Innovamos porque no nos conformamos con el statu quo y nos negamos a resignarnos a la complacencia. Esa determinación, unida a la curiosidad (un don que recibimos de niños para explorar y superar nuestro entorno, y que corremos el riesgo de perder al crecer), se convierte en la luz guía que nos ayuda a encontrar esos lugares no tan obvios. Sin embargo, la curiosidad por sí sola no puede ser el catalizador, a menos que la vinculemos a la realidad existente.
4. Que la búsqueda de la excelencia sea nuestra pasión
Este último ejemplo es el que más me toca el corazón, porque no hay límite para la creatividad y el ingenio humanos; solo existen límites temporales impuestos por el tiempo. La pasión es el combustible de un impulso propio, lleno de energía y optimismo ante lo que aún queda por conquistar, pese a los desafíos y obstáculos que sin duda enfrentaremos.
Piénselo. ¿Cómo puede innovar si no persigue la excelencia y se conforma con menos? La innovación es una ecuación dinámica que no puede descifrarse a partir de ideas estáticas. Como dijo Franklin Roosevelt con tanta belleza: “Hay muchas formas de avanzar, pero solo una de quedarse inmóvil.”
Como siempre sostengo, perseguimos la perfección, por esquiva que sea, no porque creamos que alguna vez seremos perfectos, sino porque creemos que nos acerca a la excelencia en todo lo que somos y aspiramos a ser. Esta es la esencia misma de la innovación
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde los puntos de vista expresados.
Para mantenerse al día con la Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Kaan Turnali es director sénior global de Enterprise Analytics.
Imagen: Una mujer de negocios aparece en silueta mientras camina bajo el Arche de la Defense, en el distrito financiero al oeste de París. REUTERS/Christian Hartmann.


