Es difícil discrepar de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y, en el mundo actual, gran parte del poder reside en las empresas globales. En ningún lugar resulta esto más evidente que en Davos. El mes pasado participé en una sesión especial de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, concebida para reunir a las élites empresariales de Ucrania, Rusia, Europa y el resto del mundo en busca de una solución al actual estancamiento del diálogo político, en medio del rápido deterioro de la situación en el este de Ucrania.
Lamentablemente, ni siquiera los empresarios más pragmáticos lograron encontrar un terreno común ante el aumento de la violencia y el creciente número de muertos. Que las empresas den un paso al frente cuando los políticos parecen incapaces de encontrar el camino hacia la paz es, sin duda, una tarea enorme, pero precisamente por eso deben intentarlo.
Las empresas por sí solas no pueden resolver el conflicto; nuestros líderes políticos y diplomáticos deben seguir al mando. Sin embargo, no se debe subestimar el papel que podría desempeñar el sector privado, y hay varias áreas en las que la comunidad empresarial global podría actuar ahora:
Reconocer el problema y alzar la voz
Cuando el reciente bombardeo de Mariúpol se cobró la vida de más de 30 civiles, incluidos dos niños, ¿cómo puede alguien guardar silencio? Yo sería la primera en defender que las empresas deben mantenerse al margen de la política. No hace falta que las empresas tomen partido ni señalen culpables, pero el silencio absoluto es igualmente indefendible. Toda persona responsable del mundo empresarial debe alzar la voz en favor de la paz y condenar la violencia. Sumarse a la iniciativa del Foro Económico Mundial, que insta a resolver el conflicto de forma pacífica, o a una iniciativa como la de Richard Branson, o poner en marcha un nuevo esfuerzo es lo mínimo que se debe hacer. Cuando las empresas se pronuncian públicamente, los políticos suelen escuchar. Es claramente de interés mutuo para ucranianos y rusos, así como para la comunidad empresarial global, poner fin a la guerra; cuantos más se sumen, más contundente será el mensaje.
Contribuir al diálogo
Debemos aprender de la historia y aprovechar la experiencia de iniciativas como el Movimiento Empresarial Consultivo de Sudáfrica o el Grupo de los Siete en Irlanda del Norte. Como actor global responsable, el mundo empresarial debe movilizar recursos, incluido el tiempo que dediquen los directores ejecutivos, para mantener abiertos los canales de comunicación. Si la situación no mejora, ¿cómo afectará a su empresa? ¿Qué impacto tendrá en su estrategia de inversión? Es necesario comunicar esos mensajes para ofrecer a los políticos un mejor contexto para la toma de decisiones y proporcionarles incentivos más sólidos en su búsqueda de una solución pacífica.
Proporcionar ayuda humanitaria y contribuir a la colaboración entre los sectores público y privado
Las palabras por sí solas no bastan para aliviar la situación de quienes se encuentran en una zona de conflicto y, una vez más, las empresas tienen la responsabilidad y la oportunidad de mostrar liderazgo proporcionando ayuda humanitaria. Debemos encontrar formas de aliviar el sufrimiento humano y mantenernos unidos en nuestro apoyo a las víctimas inocentes, independientemente de nuestra opinión sobre los orígenes del conflicto o las partes responsables. Al invertir en apoyo humanitario, invertirán en la reconciliación después de la guerra.
Ofrecer apoyo analítico
El Grupo de los Siete en Irlanda del Norte fue decisivo para articular los argumentos a favor de la paz. Se creó un grupo de reflexión de carácter informal que recopiló información sobre el costo de la guerra y su impacto en las empresas. Hoy, las consecuencias económicas que sufren las empresas tanto en Rusia como en Ucrania abarcan desde el acceso a los mercados hasta el daño reputacional, las sanciones que dificultan la capacidad de las empresas para obtener préstamos, las rebajas de la calificación crediticia y la pérdida de competitividad, entre otras. Mantener la comunicación sobre los costos directos e indirectos del conflicto, especialmente cuando proviene del mundo empresarial, será decisivo para reducir las tensiones.
Por último, los empresarios rusos y ucranianos por sí solos pueden lograr poco sin un compromiso y un respaldo firmes de la comunidad global. Dada la creciente brecha entre las interpretaciones de la situación en el este de Ucrania en Moscú y Kyiv, hago un llamamiento a todos los líderes empresariales interesados para que se sumen a la conversación y animen a sus homólogos rusos y ucranianos a perseverar y conservar los puentes que aún quedan.
Debemos aprovechar todos los canales informales y establecer un diálogo constructivo entre los principales líderes empresariales y los políticos. Si las empresas siguen dialogando y buscando una solución, pueden mostrar a los políticos cómo hacer lo mismo.
Autora: Olga Bielkova es miembro del Parlamento ucraniano
Imagen: Imagen de la bandera nacional de Ucrania REUTERS/Alexandr Kosarev

