4 pasos para resolver la crisis griega

4 pasos para resolver la crisis griega
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La crisis griega es una tragedia para el país y un peligro para la economía mundial. Alemania exige que Grecia siga pagando íntegramente sus deudas, aunque está claro que Grecia está en bancarrota y el Fondo Monetario Internacional ha señalado que Aun así, todavía hay una salida a este atolladero. La deuda de Grecia debería reducirse drásticamente y el país debería permanecer en la eurozona.

En las negociaciones con sus acreedores esta primavera, Grecia reconoció esta realidad e insistió en que se redujera su deuda. Alemania se negó. Aunque Estados Unidos y el FMI apoyaron a Grecia en privado, Alemania se impuso, como suele ocurrir con los acreedores.

Sin embargo, a veces los acreedores se imponen en su propio perjuicio: al llevar al deudor al límite, terminan provocando un impago total. El error de Alemania la semana pasada fue empujar la economía griega —que ya atravesaba condiciones comparables a las de la Gran Depresión— a un colapso financiero total.

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, tiene una estrategia de negociación clara, cuyo objetivo es lograr que Grecia acepte salir de la eurozona. Por desgracia para él, Grecia no quiere salir, y los tratados que rigen la Unión Europea no permiten obligarla a hacerlo. Grecia quiere permanecer en la eurozona con una carga de deuda menor: una postura económicamente sensata y protegida por los tratados.

De hecho, salir del euro tendría un costo extraordinario para Grecia y casi con toda seguridad provocaría caos político y social —y quizá incluso hiperinflación— en el corazón de Europa. El valor de los ahorros de los residentes griegos se desplomaría al convertirse de repente los euros en nuevas dracmas. La clase media quedaría diezmada. Y la conversión de la moneda no le ahorraría al país ni un céntimo de su deuda externa, que, por supuesto, seguiría denominada en euros.

Aun así, la carga de la deuda griega es insostenible. Esta semana, Grecia incumplió sus pagos al FMI y, con razón, eligió las pensiones antes que el servicio de la deuda. Los acreedores del país deberían negociar ahora una reducción consensuada de la deuda mediante alguna combinación de tasas de interés más bajas y fijas, una reducción del valor nominal de la deuda y vencimientos muy largos.

Hay muchos precedentes para seguir ese camino. Las deudas soberanas se han reestructurado cientos, quizá miles, de veces, incluso en Alemania. De hecho, las exigencias inflexibles de los acreedores del Gobierno estadounidense a Alemania después de la Primera Guerra Mundial contribuyeron a la profunda inestabilidad financiera de Alemania y otras partes de Europa, y de manera indirecta al ascenso de Adolf Hitler en 1933. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania recibió concesiones mucho más sensatas del Gobierno estadounidense, que culminaron en un alivio consensuado de la deuda en 1953, una medida que benefició enormemente a Alemania y al mundo. Sin embargo, Alemania no ha aprendido las lecciones de su propia historia.

Propongo una vía de cuatro pasos para salir de la crisis griega. Primero, recomiendo que el pueblo griego dé un rotundo «No» a los acreedores en el referéndum sobre sus exigencias este fin de semana.
Segundo, Grecia debería seguir suspendiendo el servicio de sus deudas externas con acreedores oficiales, como paso previo a una reestructuración consensuada de la deuda más adelante este año. Dada su gran depresión, Grecia debería usar sus ahorros para pagar a los pensionistas, brindar ayuda alimentaria, realizar reparaciones cruciales en las infraestructuras y dirigir liquidez al sistema bancario.

Tercero, el primer ministro Alexis Tsipras debe usar su poder de persuasión para convencer al público, al estilo del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, de que lo único que hay que temer es al miedo mismo. En concreto, el Gobierno debería dejar claro a todos los griegos que sus depósitos en euros están seguros; que el país permanecerá en la eurozona (pese a las afirmaciones falsas de algunos miembros del Eurogrupo de que un voto negativo significa que Grecia saldrá); y que sus bancos reabrirán inmediatamente después del referéndum.

Por último, Grecia y Alemania deben acercar posiciones poco después del referéndum y acordar un paquete de reformas económicas y alivio de la deuda. Ningún país —incluida Grecia— debería esperar que se le ofrezca alivio de la deuda en bandeja de plata; debe ganárselo y justificarse mediante reformas reales que restablezcan el crecimiento, en beneficio tanto del deudor como del acreedor. Y, sin embargo, un cadáver no puede llevar a cabo reformas. Por eso, el alivio de la deuda y las reformas deben ofrecerse conjuntamente, no reformas «primero» acompañadas de vagas promesas de que el alivio de la deuda llegará en una cantidad sin especificar y en algún momento indeterminado del futuro (como algunos en Europa le han dicho a Grecia).

Sin duda, en el desastre griego, ambas partes han cometido innumerables errores, equivocaciones y abusos durante la última década, e incluso antes. Un país no llega al precario estado de Grecia sin una generación de gestión gravemente deficiente. Pero tampoco un país quiebra sin que sus acreedores hayan cometido errores graves: primero, al prestar demasiado dinero, y luego, al exigir pagos excesivos hasta provocar el colapso del deudor. Como ambas partes tienen la culpa, es importante que no pierdan el futuro por discutir interminablemente sobre el pasado.

Aliviar la carga de la deuda de Grecia y mantener al país en la eurozona es la vía correcta y viable para salir de la crisis, y puede lograrse fácilmente mediante un acuerdo mutuo entre Alemania y Grecia, al que se sumará el resto de Europa. El resultado sería una victoria no solo para esos países, sino también para la economía mundial.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Jeffrey D. Sachs, profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Política y Gestión de la Salud y director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, también es asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Imagen: Una mujer ondea una bandera nacional griega (I) y una bandera de la Unión Europea durante una concentración frente al Parlamento, en la que se pide al Gobierno que cierre un acuerdo con sus acreedores internacionales y asegure el futuro de Grecia en la eurozona, en Atenas, el 18 de junio de 2015. REUTERS/Yannis Behrakis.

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