El crecimiento en América Latina y el Caribe se ha debilitado significativamente en los últimos años. Parte de esta debilidad parece haber llegado para quedarse, y los economistas del FMI han revisado a la baja las proyecciones de crecimiento a mediano plazo. Esta historia resulta inquietantemente familiar, dadas las dificultades que la región ha tenido en el pasado para mejorar su desempeño comparativo en materia de crecimiento.
Si dejamos de lado la «década dorada» de 2003 a 2011, cuando el aumento de los precios de las materias primas impulsó una sólida expansión, ¿por qué la región no ha podido mantener tasas de crecimiento suficientemente altas para alcanzar a las economías más avanzadas? Parte de la respuesta radica en el éxito modesto de América Latina a la hora de diversificarse hacia bienes más sofisticados —o complejos—.

Un factor complejo
Investigaciones recientes dirigidas por Ricardo Hausmann y Cesar Hidalgo han propuesto el concepto de complejidad económica como un factor determinante del crecimiento y el desarrollo a largo plazo. La complejidad económica busca captar el conocimiento productivo de un país, inferido a partir de la amplitud y sofisticación de los bienes que exporta. Las economías más complejas tienden a exportar una mayor variedad de bienes, que suelen ser más sofisticados. Dada la considerable dependencia de América Latina de las exportaciones de materias primas, resulta tentador pensar que la falta de diversificación y complejidad es un gran obstáculo para un crecimiento más sólido.
¿Qué dicen las pruebas empíricas sobre este argumento? ¿Es realmente la región menos compleja que otras? ¿Qué tan grande es esta desventaja? ¿Y qué se puede hacer al respecto? Analizamos estas preguntas en nuestra última Perspectivas regionales.
En consonancia con la hipótesis principal de Hausmann, en promedio, las economías más complejas tienen niveles más altos de ingreso per cápita. Los datos también muestran que América Latina y el Caribe son mucho menos complejos que las economías avanzadas o las economías asiáticas recientemente industrializadas, que posiblemente representan los ejemplos más exitosos de convergencia económica y desarrollo de las últimas cuatro décadas. Además, la complejidad se ha estancado o ha tendido a disminuir en América Latina y el Caribe desde 1970, aunque la región no parece estar peor que el grupo más amplio de economías emergentes.
Predecir el crecimiento
¿Estas estadísticas sobre complejidad simplemente reflejan los niveles actuales de prosperidad, o también pueden decirnos algo sobre las tendencias futuras del crecimiento? Las investigaciones de Hausmann y sus coautores indican que, efectivamente, la complejidad ayuda a predecir el crecimiento del PIB per cápita a largo plazo. Hemos vuelto a examinar esta cuestión, considerando varias ampliaciones econométricas y utilizando un amplio panel de más de 100 países entre 1970 y 2010. Nuestros resultados confirman la importancia de la complejidad como predictor del crecimiento a largo plazo, junto con otras variables pertinentes, como la demografía, las exportaciones de materias primas y los indicadores de estabilidad macroeconómica.
Luego aplicamos estos resultados para evaluar las implicaciones cuantitativas en distintos países de América Latina y el Caribe. La variación de los niveles de complejidad observada en la región puede explicar diferencias de casi un punto porcentual en el crecimiento anual per cápita. En otras palabras, si dejamos de lado otros determinantes del crecimiento, las economías más complejas de la región (como México y Brasil) superarían a las menos complejas por un punto porcentual completo cada año.
Sin embargo, los dividendos de crecimiento de la complejidad pueden verse contrarrestados por otras variables. Por ejemplo, cada año de inestabilidad macroeconómica puede reducir el crecimiento del PIB per cápita en un total acumulado de 2 puntos porcentuales a lo largo de una década. Las mayores tasas de dependencia también pueden reducir significativamente el crecimiento, lo que llama la atención sobre las tendencias demográficas de la región en las próximas décadas.
Conclusiones para las políticas
¿Qué implicaciones para las políticas de América Latina y el Caribe se desprenden de nuestros hallazgos y de la literatura relacionada?
La complejidad importa para el crecimiento a largo plazo, pero aumentarla por sí sola no basta. En particular, los responsables de formular políticas también deberán mantener el foco en preservar la estabilidad macroeconómica.
Los rápidos avances en las reformas estructurales deben seguir siendo una prioridad. América Latina y el Caribe siguen rezagados en varias áreas de política estrechamente relacionadas con la complejidad económica (infraestructura, educación y apertura de los mercados). Avanzar más rápido en estas áreas es la forma más natural de impulsar una mayor complejidad y crecimiento.
Mientras tanto, un nuevo impulso a las políticas de desarrollo activistas debe manejarse con cautela. Aunque es bienvenida la discusión de nuevos enfoques estratégicos en este ámbito, se necesita una comprensión más sistemática de los costos y riesgos asociados con esas políticas antes de ampliarlas. De hecho, las experiencias anteriores con las políticas industriales invitan a la cautela, especialmente en los países que aún están rezagados en materia de gobernanza y calidad institucional.
Aun así, la investigación sobre complejidad puede ayudar a los países a comprender mejor sus ventajas comparativas y evaluar el potencial de mejora de sus capacidades de conocimiento. Los conocimientos obtenidos de los datos comparativos entre países podrían utilizarse, por ejemplo, para orientar las negociaciones comerciales y de inversión de modo que se aproveche al máximo la base de conocimientos de un país.
En suma, la complejidad parece ser un determinante importante del crecimiento económico a largo plazo, así como una perspectiva útil para analizar el desarrollo de la capacidad productiva de los países.
Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Fabiano Rodrigues Bastos es economista de la División de Estudios Regionales del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. Ke Wang es economista de la División I del Caribe del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.
Imagen: La famosa estatua «Cristo Redentor» de Río de Janeiro se refleja en la fachada de vidrio de un edificio. REUTERS/Ricardo Moraes.




