4 reformas necesarias para impulsar la economía de Japón

4 reformas necesarias para impulsar la economía de Japón
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El Partido Liberal Democrático de Japón obtuvo una victoria decisiva en las elecciones parlamentarias del 14 de diciembre, en las que los votantes japoneses demostraron su abrumador respaldo a la agenda de política macroeconómica del primer ministro Shinzo Abe. Aunque la participación electoral fue relativamente baja, en gran medida debido al carácter algo técnico de las cuestiones, el mensaje de las elecciones fue claro: la mayoría de los japoneses aborrece la posibilidad de volver a la sombría trayectoria económica que prevalecía en Japón antes de la «Abenomics».

Cuando se puso en marcha hace casi dos años la primera «flecha» de la Abenomics —un programa de estímulo fiscal—, la reacción inmediata de los mercados de activos fue positiva. La segunda flecha de la Abenomics —la flexibilización monetaria— intensificó estos efectos.

En los últimos dos años, el mercado bursátil de Japón casi ha duplicado su valor, lo que ha incrementado la riqueza de los consumidores japoneses. Además, el yen ha caído casi un tercio frente al dólar estadounidense, de alrededor de ¥80 a casi ¥120 por dólar, lo que ha revitalizado las industrias exportadoras de Japón.

Aún más alentadora es la evolución del mercado laboral, que, a diferencia de los mercados de activos, refleja resultados y no expectativas. También en este ámbito, las noticias son buenas. El mercado laboral se ha estrechado: el desempleo se sitúa en el 3,5 % y la proporción entre puestos de trabajo y solicitantes supera la paridad.

Desde luego, ha habido algunos contratiempos: el PIB de Japón se contrajo en el segundo y el tercer trimestre de 2014. Pero la recesión, resultado del aumento del impuesto al consumo en abril —del 5 % al 8 %—, no puede atribuirse a la Abenomics. De hecho, Abe estaba cumpliendo una ley promulgada por el gobierno anterior, encabezado por el Partido Democrático de Japón.

Las dos primeras flechas de la Abenomics tenían por objetivo estimular la demanda, y fueron sumamente eficaces. El aumento del impuesto al consumo era necesario para mantenerlas en vuelo. Por desgracia, el aumento fue demasiado grande para que pudieran mantenerse en el aire.
La buena noticia es que el impacto del aumento del impuesto es temporal. Pronto empezará a atenuarse y la producción industrial se acercará a su capacidad plena. Cuando la demanda empiece a superar la oferta, las políticas de estímulo de la demanda serán cada vez menos eficaces, y habrá llegado el momento de lanzar la tercera flecha de la Abenomics: reformas estructurales que impulsen el crecimiento.

Estas reformas son esenciales para elevar el crecimiento de la productividad y mejorar la competitividad de la economía japonesa. Se destacan cuatro imperativos.

La primera tarea debería ser eliminar —o, al menos, reducir— la maraña de regulaciones gubernamentales que está sofocando el dinamismo económico. El sistema actual es tan enrevesado y complejo que se tardó más de tres décadas en abrir una nueva facultad de medicina en Tokio. Asimismo, se han racionado los vuelos al aeropuerto de Haneda, una conexión conveniente con la zona urbana de Tokio. Esta no es una fórmula para el éxito económico a largo plazo.

Además, el gobierno de Japón debería impulsar la conclusión de las negociaciones de la Asociación Transpacífica, que actualmente se negocia entre 12 países, desde México y Estados Unidos hasta Vietnam. El TPP mejoraría considerablemente las perspectivas comerciales de Japón, incluso en sectores delicados como la agricultura, donde se beneficiarían las exportaciones de bienes de consumo de rápida rotación, como flores y verduras.

Los líderes de Japón también deben trabajar para ampliar la fuerza laboral, que afronta graves limitaciones, en gran medida debido al rápido envejecimiento de la población del país. A falta de inmigración a gran escala, a la que los japoneses siguen siendo reacios, una solución relativamente sencilla sería integrar a más mujeres en la fuerza laboral. Un aumento del 10 % en la tasa de participación femenina en la fuerza laboral de Japón —un objetivo perfectamente alcanzable— se traduciría en un incremento de casi el 5 % en la participación laboral total.

Por último, el gobierno de Abe debe reducir la tasa del impuesto de sociedades para ajustarla más a las normas internacionales. En medio de una competencia internacional cada vez más intensa por atraer inversión extranjera, reducir el impuesto de sociedades aumentaría de hecho los ingresos fiscales de Japón, al incentivar a las empresas a invertir sus enormes reservas de efectivo en actividades más productivas.

Ahora que el gobierno de Abe ha recibido un mandato renovado de los votantes japoneses, debe cumplir sus promesas, y eso significa aplicar reformas estructurales de manera decisiva e integral. Por supuesto, esto exigirá algunos sacrificios. De hecho, los hogares ya han soportado ciertas dificultades provocadas por el aumento del impuesto al consumo.

El siguiente paso es que el gobierno de Abe utilice su capital político para superar los intereses creados, tanto en la burocracia como en el sector empresarial. Esto implica obligar a las empresas a renunciar a algunos de los beneficios fiscales especiales de los que ahora disfrutan. Por su parte, los políticos deben participar en el sistema de identificación de contribuyentes. Y los burócratas deben renunciar a parte del poder que les otorga una regulación excesiva.

Si todos estos grupos se unen al público japonés para aceptar sacrificios razonables, el gobierno de Abe podrá cumplir su promesa y construir una economía próspera. En beneficio de todos los japoneses —por no hablar de una economía mundial que necesita una nueva fuente de dinamismo—, esa promesa merece cumplirse.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Koichi Hamada, asesor económico especial del primer ministro japonés Shinzo Abe, es profesor emérito de Economía en la Universidad de Yale y en la Universidad de Tokio.

Imagen: El monte Fuji de Japón, cubierto de nieve, visto a través de los rascacielos de Shinjuku, en Tokio, el 8 de enero de 2006. REUTERS/Kimimasa Mayama. 

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