Mientras los donantes internacionales se reúnen esta semana en Bruselas para movilizar recursos para Guinea-Bisáu, el gobierno y la población de esta nación de África Occidental parecen estar preparados para empezar de nuevo.
El año 2015 representa un año de esperanza para Guinea-Bisáu, una nación de 1,7 millones de habitantes y uno de los países más pobres del mundo. El país afronta una oportunidad histórica para romper con un pasado de fragilidad y conflicto y dejar atrás el crecimiento anémico y la pobreza. Los indicios son prometedores. Observadores describieron las elecciones generales celebradas en abril y mayo de 2014 como las más libres y justas de la historia del país, y en junio de 2014 se inauguró un nuevo gobierno democrático, que puso fin al período de transición.
Con el apoyo del Banco Mundial, Guinea-Bisáu evitó la cancelación del año escolar 2014 al pagar los atrasos adeudados a los docentes, un problema que dio lugar a numerosas huelgas durante el año. El gobierno también tomó medidas de emergencia para abordar el marcado deterioro del suministro, ya de por sí deficiente, de electricidad y agua, que había constituido una amenaza creciente para la salud pública. Suspendió un impuesto a las exportaciones de anacardo —que un estudio del Banco Mundial calificó de muy regresivo— y tomó medidas enérgicas contra el saqueo de los recursos madereros del país.
Para apoyar al gobierno frente a los desafíos económicos y de desarrollo que debe afrontar, el Grupo Banco Mundial presentó recientemente el Memorando Económico del País (CEM) de 2015 para Guinea-Bisáu a responsables clave de políticas y dirigentes gubernamentales en Rubane. El informe de diagnóstico, dirigido por la Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal del Banco, analiza las principales limitaciones al desarrollo en diversos sectores, entre ellos la energía, el transporte, las telecomunicaciones, el desarrollo del sector privado y financiero, la reforma del sector público y la gobernanza, y ofrece recomendaciones de política específicas para cada sector, concebidas para allanar el camino hacia la reducción de la pobreza y la prosperidad compartida. Está disponible una versión resumida del CEM , que destaca cuatro áreas prioritarias clave para la acción inmediata:
Prioridad n.º 1: Fortalecer el sector público
Prioridad n.º 2: Mejorar la prestación de servicios públicos básicos
Prioridad n.º 3: Apoyar la reactivación de los sectores productivos
Prioridad n.º 4: Fomentar la empresa privada
Se respira optimismo en Guinea-Bisáu. Así lo expresa el lema guineano «terra ranca», que significa empezar de nuevo. Este sentimiento de nuevos comienzos también lo comparte la comunidad de donantes en general, que está reanudando el apoyo financiero y técnico internacional, suspendido desde el golpe militar de 2012. Por su parte, el Grupo Banco Mundial está aportando 250 millones de dólares durante los próximos cinco años, incluidos recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco.
Mientras se celebra la mesa redonda de donantes, esperamos que la financiación adicional y el apoyo técnico sean verdaderamente transformadores y conduzcan a un cambio real para la población de Guinea-Bisáu.
Este artículo se publicó originalmente en el blog Africa Can End Poverty del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Marek Hanusch es economista en la Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal del Banco Mundial.
Imagen: Una mujer recoge hojas de té en una plantación de Nandi Hills, en la región de las tierras altas de Kenia, al oeste de la capital, Nairobi, el 5 de noviembre de 2014. KENYA-TEA/ REUTERS/Noor Khamis.

