3 formas de mejorar la infraestructura de África

3 formas de mejorar la infraestructura de África
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Se están realizando enormes esfuerzos para mejorar la infraestructura del África subsahariana. Pero las necesidades sobre el terreno siguen siendo inmensas, como lo evidencian los frecuentes cortes de electricidad, las carreteras en mal estado y el acceso insuficiente al agua potable en muchos países.

La infraestructura es uno de los principales desafíos que enfrentan los responsables de formular políticas en la región; lo viví en primera persona cuando fui ministra de Finanzas de Liberia, antes de incorporarme al FMI. Los beneficios son bastante claros: una infraestructura mejorada puede generar nuevas oportunidades de crecimiento en los sectores manufacturero y de servicios, reducir las barreras al comercio intrarregional y permitir que las economías estén mejor preparadas para pasar de actividades de baja productividad a otras de mayor productividad. Sin una infraestructura mejorada, temo que no se materialicen el aumento de la productividad y la mayor diversificación económica necesarios para sostener el actual impulso de crecimiento de África.

En este sentido, en la última edición de Perspectivas económicas regionales: África subsahariana los economistas del Departamento de África del FMI analizaron los avances logrados hasta ahora para abordar el déficit de infraestructura y debatieron las políticas necesarias de cara al futuro.

Preparar el crecimiento del mañana

Sus conclusiones son alentadoras.

  • En primer lugar, muchos países han logrado mantener, o incluso aumentar, su inversión pública en infraestructura durante la última década.

  • La mayor parte de los proyectos de infraestructura sigue financiándose a nivel nacional, ya sea mediante el aumento de los ingresos tributarios o con la compra de deuda pública nacional por parte de inversores locales. Los bancos africanos también participan cada vez más en la financiación de proyectos de infraestructura.

  • También ha habido mejoras en el ámbito de la financiación externa. Los inversores extranjeros, al reconocer el atractivo de la región como destino de inversión, se han sentido cada vez más atraídos por el África subsahariana. Han surgido nuevos socios, sobre todo China.

  • Además, con nuevos instrumentos de financiación, los inversores institucionales —incluidos los fondos de pensiones tanto del continente como de fuera de él— podrían estar pronto más dispuestos a financiar proyectos relativamente arriesgados, pero de alto rendimiento, en la región.

Queda mucho por hacer

Dicho esto, queda mucho por hacer. El trabajo de mis colegas pone de relieve hasta qué punto una mayor inversión no siempre se ha traducido en mejores resultados para la población.

Es cierto que el África subsahariana ha vivido una revolución en el acceso a las telecomunicaciones y que las suscripciones a teléfonos móviles se han disparado. Sin duda, la liberalización del mercado y la aparición de competencia en el sector han sido factores importantes de ese éxito.

Pero, lamentablemente, los avances han sido mucho más limitados en otros ámbitos. La región sigue muy rezagada con respecto a otras regiones en desarrollo del mundo en el suministro de electricidad y agua, así como en el desarrollo de carreteras y ferrocarriles.

El camino a seguir

Consideramos que hay tres medidas necesarias para lograr mejores resultados de cara al futuro.

En primer lugar, no siempre es evidente que la falta de financiación sea el principal obstáculo para mejorar los resultados en materia de infraestructura. En muchos países, lo que debe mejorarse, dentro de los recursos disponibles, es la capacidad de la administración pública para identificar, ejecutar y supervisar proyectos, a menudo complejos.

Hay que tener presente que se trata de una tarea difícil para cualquier gobierno. Pero ampliar los esfuerzos en infraestructura debe ir de la mano de «invertir en inversión», es decir, elaborar una visión clara para todo el sector y planificar el gasto más allá del presupuesto actual. Un elemento clave de este proceso sería contar con un organismo central que priorice los proyectos propuestos por los distintos ministerios y realice análisis de costos y beneficios.

Involucrar al sector privado

En segundo lugar, dado que es probable que los recursos públicos disponibles siempre sean limitados, será esencial ir más allá de la inversión exclusivamente pública e involucrar al sector privado siempre que sea posible. Es cierto que, como hasta ahora, el sector público seguirá siendo un proveedor fundamental de inversión en infraestructura. Pero, dado que la sostenibilidad de la deuda pública también preocupa a quienes formulan políticas, existe el riesgo de que algunos proyectos valiosos se pospongan o incluso se abandonen, en detrimento del crecimiento futuro.

Por ello, debe alentarse a las empresas privadas a participar cuando corresponda. La reciente revolución de las telecomunicaciones en el continente debe servir de recordatorio de que las empresas privadas pueden invertir por su cuenta en infraestructura si el negocio resulta suficientemente atractivo y el entorno empresarial favorece la inversión. Este modelo podría funcionar en algunos casos para la construcción de ferrocarriles o la generación de electricidad.

También existe un espacio intermedio en el que los sectores público y privado pueden trabajar juntos: el primero aporta algún tipo de garantía, y el segundo, su experiencia en la ejecución de proyectos y el aprovechamiento de la innovación. Las asociaciones público-privadas son un ejemplo: por lo general, se contrata a empresas privadas para construir y operar proyectos, antes de transferirlos de nuevo al sector público tras un período acordado. Unos cargos por uso diseñados adecuadamente permiten a las empresas recuperar sus inversiones y, a la vez, reducen al mínimo el recurso al dinero de los contribuyentes. Sin embargo, la experiencia nos ha enseñado que, en estos contratos, es necesario definir claramente el papel, las responsabilidades y las posibles obligaciones financieras de los socios públicos y privados.

Entorno de las empresas públicas

En tercer y último lugar, las empresas que ya operan en sectores como la generación de electricidad y el suministro de agua deben funcionar sobre bases sólidas. En muchos casos, se trata de empresas estatales de servicios públicos que operan como monopolios, ya sea porque carecen de financiación adecuada para invertir o porque no pueden generar ingresos suficientes debido a que los organismos gubernamentales fijan precios demasiado bajos. Por ello, junto con las medidas que mencioné antes, será fundamental fortalecer el desempeño de estas empresas y mejorar el entorno regulatorio. Esto permitirá que las empresas públicas presten mejores servicios e incluso podría despertar el interés de inversores privados en apoyar sus esfuerzos de inversión.

El formidable impulso de crecimiento de los últimos años en la región se mantiene: nuestras previsiones más recientes muestran que el África subsahariana seguirá siendo la segunda región de crecimiento más rápido del mundo, justo detrás de las economías emergentes y en desarrollo de Asia. Pero es necesario nutrir este impulso para garantizar un crecimiento sostenido y duradero. La inversión en infraestructura forma parte de la solución, pero debe ejecutarse bien. Es una oportunidad que no se debe dejar pasar, y creo firmemente que es posible lograrlo.

Publicado en colaboración con IMF Direct

Autora: Antoinette Monsio Sayeh es directora del Departamento de África del FMI.

Imagen: Trabajadores nivelan el terreno en el proyecto de construcción de la autopista Mombasa-Nairobi, en Athi River, cerca de Nairobi, el 18 de noviembre de 2009. REUTERS/Elizabeth Nganga

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