3 formas en que África puede abordar la desigualdad e impulsar el crecimiento

3 formas en que África puede abordar la desigualdad e impulsar el crecimiento
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Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct.

La creciente desigualdad es tanto un problema moral como económico, con implicaciones para la salud general de la economía mundial, y afecta a la prosperidad y al crecimiento.

Por eso no es sorprendente que reducir la desigualdad sea una parte integral de los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por los líderes mundiales en la cumbre de las Naciones Unidas celebrada en septiembre. Con frecuencia debato con mis colegas sobre la posición de África subsahariana respecto de estos objetivos. Lamentablemente, la región sigue siendo una de las más desiguales del mundo, a la par de América Latina (véase el Gráfico 1). De hecho, la desigualdad parece notablemente mayor en todos los niveles de ingreso de la región que en otras partes (véase el Gráfico 2).

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Si bien los últimos 15 años de alto crecimiento en África subsahariana han elevado los ingresos per cápita, lamentablemente, la desigualdad de ingresos dentro de los países no ha seguido la misma tendencia y, en cambio, se ha mantenido prácticamente estable. Y la desigualdad de género ha disminuido más lentamente que en otras regiones.

Reducir la desigualdad también impulsa el crecimiento

Mis colegas del Departamento de África del FMI trataron de arrojar luz sobre esta cuestión en nuestro último informe de perspectivas económicas para la región. Todos tenemos nuestras opiniones personales sobre por qué la desigualdad es un problema, pero nos interesaba especialmente comprobar si la alta desigualdad perjudica la prosperidad económica en la región, a partir de trabajos anteriores realizados para economías más avanzadas.

Constatamos que la desigualdad efectivamente tiene un efecto adverso sobre el crecimiento en la región. Más concretamente, nuestra investigación indica que el crecimiento del PIB real per cápita en los países de África subsahariana podría ser casi un punto porcentual superior por año si las desigualdades, tanto de ingresos como de género, se redujeran a los niveles observados en las economías de rápido crecimiento del sudeste asiático, como Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. Eso equivale a la mitad de la brecha de crecimiento entre esos países y África subsahariana.

Por supuesto, este hallazgo no se aplica de manera uniforme a los 45 países de África subsahariana:

  • En los países de bajos ingresos y frágiles de la región, como Níger y Malí, el freno al crecimiento es más intenso por las brechas de infraestructura y de capital humano y, en menor medida, por las desigualdades de género imperantes. Por ello, abordar las brechas de infraestructura y de capital humano debe seguir siendo la prioridad de política para impulsar el crecimiento.

  • En cambio, en los países de ingreso mediano de la región, como Sudáfrica, podría haber un dividendo de crecimiento para las políticas dirigidas directamente a reducir la desigualdad. Allí, el beneficio en crecimiento de reducir las desigualdades de ingresos y de género hasta el nivel de los países asiáticos parece ser mayor que el de cerrar la brecha de infraestructura.

  • En el caso de los exportadores de petróleo, como Angola y Camerún, las restricciones legales a la participación de las mujeres en actividades económicas se combinan con la brecha de infraestructura como los factores más importantes que explican la diferencia de crecimiento con respecto a los países asiáticos.

En un momento en que las perspectivas de crecimiento de la región se ensombrecen, estos hallazgos hacen aún más importante que los gobiernos prioricen las medidas de política y se centren en aquellas que mejor podrían liberar el potencial de crecimiento Y, al mismo tiempo, reducir la desigualdad. Veo tres vías principales a seguir:

En primer lugar, las medidas de política fiscal desempeñan un papel importante. Muchos sistemas tributarios de la región dependen de exenciones y tipos reducidos para bienes básicos, lo que debilita el rendimiento potencial del impuesto sobre el valor añadido (IVA), mientras que la mayor parte de los ingresos dejados de percibir beneficia a los más acomodados. Aunque los pobres destinan una gran proporción de sus ingresos a bienes básicos, es probable que los ricos gasten más en términos absolutos. Por eso el FMI ha defendido la eliminación gradual de las exenciones del IVA y la transformación de la política de gasto en una herramienta más precisa para abordar las desigualdades. Eliminar los subsidios a los combustibles, que benefician principalmente a los hogares de ingresos medios y altos, y sustituirlos por programas de transferencias dirigidos a los hogares pobres también contribuiría significativamente a reducir la desigualdad.

En segundo lugar, un mejor acceso a los servicios financieros también puede ayudar a abordar las desigualdades. Por ejemplo, establecer oficinas de información crediticia que centralicen los datos puede alentar a los bancos a prestar a nuevos clientes, porque la información sobre estos posibles clientes se vuelve fácilmente disponible. Mientras tanto, algunos países africanos, en particular Kenia, donde casi el 60 por ciento de la población adulta tiene acceso al dinero móvil, han demostrado cómo el uso de la banca móvil puede ayudar a difundir el acceso a los servicios financieros en regiones remotas.

En tercer lugar, eliminar las restricciones legales para las mujeres generaría beneficios rápidos para los países que necesitan fortalecer el crecimiento. Por ejemplo, ocho países de África subsahariana todavía tienen diez o más de estas restricciones, entre ellas que las mujeres no puedan abrir una cuenta bancaria ni empezar un nuevo trabajo sin el consentimiento de su esposo. Eliminar estas restricciones donde existen es una medida de fácil aplicación para apoyar el crecimiento, especialmente en un momento en que muchos países se ven muy afectados por la caída de los precios de las materias primas. Deberían encontrar consuelo en la experiencia de países como Namibia, donde la eliminación de restricciones se tradujo en un aumento de la participación en la fuerza laboral y, por tanto, en un crecimiento más sólido.

Un crecimiento más inclusivo y mejor distribuido también tiene implicaciones para el crecimiento sostenible. El historial de crecimiento de África subsahariana en la última década aproximadamente ha sido impresionante, pero no tanto en materia de inclusión. Considero que nuestro trabajo muestra cómo los países pueden revertir estas premisas: con el crecimiento desacelerándose en la región, es más que nunca el momento de avanzar más en materia de desigualdad.

La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Antoinette Monsio Sayeh es directora del Departamento de África del FMI.

Imagen: Personas y vehículos circulan por una concurrida calle de Lagos, Nigeria. REUTERS/George Esiri.

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