A mitad de una década en la que China se propuso reequilibrar su economía, está a punto de ampliar drásticamente su papel en el mundo. Permítanme explicar por qué.
Al comienzo de la década, hice ciertas suposiciones sobre cómo se comportarían las llamadas economías BRIC —Brasil, Rusia, India y China— en los 10 años siguientes. Cinco años después, China es la única de las cuatro que ha cumplido o posiblemente superado ligeramente mis expectativas. Si el dato del producto interno bruto del cuarto trimestre de China, que se publicará próximamente, se sitúa en torno al 7,3 por ciento, como suponen muchos expertos, entonces, de 2011 a 2014, China habrá promediado un crecimiento real del PIB ligeramente inferior al 8 por ciento. Había supuesto que sería del 7,5 por ciento para toda la década (al igual que los dirigentes chinos en 2011), y China podría lograrlo si su economía sigue creciendo un 7 por ciento durante los próximos cinco años.
De ser así, se habrá convertido en una economía de 10 billones de dólares estadounidenses corrientes nominales, muy superior a la mitad del tamaño de la estadounidense (probablemente incluso mayor si se ajusta por la paridad del poder adquisitivo), el doble del tamaño de Japón, mayor que Alemania, Francia e Italia juntas y no muy lejos de una vez y media el tamaño de las otras tres economías BRIC juntas.
Por su parte, Brasil y Rusia han decepcionado considerablemente mis expectativas. De hecho, su desempeño económico respalda a los escépticos de su potencial a largo plazo, que atribuyeron el crecimiento anterior principalmente a los altos precios de las materias primas. India también decepcionó, pero su tasa de crecimiento se aceleró en 2014. Con la elección de Narendra Modi como primer ministro y la fuerte caída de los precios del petróleo, India aún tiene una posibilidad remota de cumplir mis expectativas para toda la década. Incluso podría crecer más que China en la segunda mitad.
Muchos comentaristas internacionales siguen siendo pesimistas sobre China y esperan que el crecimiento real del PIB caiga significativamente por debajo del 7 por ciento.
Las razones que suelen citarse incluyen alguna combinación de deuda excesiva, préstamos ineficientes, mercados de exportación más débiles y la persistente incapacidad de los consumidores para desempeñar un papel más importante en la economía. Todo esto es pertinente, pero son desafíos que los responsables políticos chinos conocen bien y que parecen deseosos de superar.
En contraste con este pesimismo, resulta especialmente intrigante el sólido desempeño de los mercados bursátiles chinos desde principios de noviembre. En los últimos meses, el índice de Shanghái ha sido el mercado con mejor desempeño. ¿Qué pasó con todas esas afirmaciones de que las acciones chinas nunca suben? Los pesimistas de siempre dicen ahora que el mercado chino es una burbuja insostenible y/o que, en esencia, se ha obligado a los compradores locales a adquirir acciones para que la economía parezca ir bien. Es posible que la falta de liquidez influya en cierta medida, pero parece poco probable que explique gran parte de la situación.
Se me ocurren al menos tres razones fundamentales para ser optimistas sobre China: primero, el desplome de los precios del petróleo crudo impulsará los ingresos reales de los consumidores y los ayudará a desempeñar un papel más importante en la economía.
Segundo, aunque los precios de la vivienda se han estancado recientemente y han comenzado a caer, es probable que China evite una grave contracción del crédito, en parte porque los responsables políticos chinos han actuado con mayor seriedad para contener los precios antes de que puedan desplomarse.
Además, la caída de los precios ha hecho que los bienes inmuebles sean asequibles para más chinos.
Una tercera razón para ser optimistas es la moderada inflación en China. Esto permite adoptar una política monetaria más acomodaticia en adelante.
En conjunto, estos factores facilitarán que China reequilibre su economía: mediante el aumento de los salarios, la ampliación de los derechos de propiedad inmobiliaria para los migrantes urbanos y la reforma de los sistemas de pensiones.
En 2016, cuando China —con una economía que crece entre el 6 y el 7 por ciento— presida el Grupo de las 20 naciones, podrá hacerlo como miembro plenamente comprometido de la economía global.
Este artículo se publica en colaboración con Bruegel. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Jim O’Neill pasó a ser investigador visitante del centro de estudios Bruegel en septiembre de 2013.
Imagen: Peatones caminan bajo faroles rojos en Shanghái, 24 de enero de 2014. REUTERS.


