Los responsables políticos de todo el mundo prestan cada vez más atención a la generación joven y a su papel en la configuración de la sociedad. La juventud ha desempeñado un papel importante en los acontecimientos recientes de Oriente Medio y el Norte de África, y fue decisiva tanto en la Primavera Árabe como en la violencia que continúa en lugares como Siria y Libia. Además, con unas cifras de desempleo que siguen siendo extremadamente altas, la frustración de los jóvenes representa una bomba de relojería en el mundo en desarrollo.
A pesar del aumento de la población joven en todo el mundo, los mecanismos internacionales actuales no abordan suficientemente su lugar específico en la paz y la seguridad, ni el papel que pueden desempeñar en la renovación económica de los países afectados por la guerra y la pobreza.
Se estima que casi la mitad de la población mundial pertenece al grupo de edad joven. Pero la triste realidad es que un gran número de estas personas vive en zonas superpobladas y azotadas por la pobreza, o en zonas de conflicto y crisis. Esto se traduce en un gran retroceso del desarrollo social que afecta profundamente a la capacidad de los jóvenes para cumplir con su responsabilidad como columna vertebral del desarrollo humano. Esto es especialmente cierto en las zonas de conflicto o pobreza, donde la exclusión política y económica, las desigualdades y el menoscabo general del papel de la juventud amenazan cualquier proceso sostenible de construcción de la paz y de crecimiento económico estable.
Los jóvenes de estas zonas de conflicto son tanto agentes de la violencia como sus víctimas: cuando estalla un conflicto, quedan expuestos y vulnerables al reclutamiento y la explotación armados o políticos.
Los desafíos y las oportunidades de Somalia
Somalia, donde crecí y pasé la mayor parte de mi vida, es un país asolado por la guerra civil, los conflictos armados, el terrorismo y las crisis políticas, económicas y sociales. En medio del consiguiente colapso del orden público, los desplazamientos, la pobreza, la migración y la profunda inestabilidad, la juventud —como otros grupos vulnerables de la sociedad— fue utilizada como instrumento en el campo de batalla. Sin embargo, quedó completamente excluida de los procesos políticos y de la toma de decisiones.
Los estudios muestran que más del 70% de la población somalí tiene menos de 30 años. Esta mayoría tiene la capacidad de destruir aún más el país o contribuir a su reconstrucción.
La historia somalí reconoce a un grupo de 13 jóvenes como los padres fundadores de la nación. Lograron la independencia gracias a su determinación y su compromiso de derrotar a las potencias coloniales. Sin embargo, hoy los jóvenes están excluidos del sistema, quizá en detrimento de nuestra nación.
Es esencial que las perspectivas de los jóvenes se incluyan en los procesos de construcción de la paz y en la toma de decisiones sobre la paz y los conflictos. La inclusión y participación de los jóvenes fortalece sus capacidades y les brinda la oportunidad de desarrollar sus vidas y sus sociedades. Incluir a los jóvenes en los procesos de construcción de la paz como partes interesadas y responsables de la toma de decisiones les permite hacer suyas las políticas que les afectan tanto como al resto de nosotros. También es necesario lograr un cambio de paradigma en la concepción del papel de los jóvenes en los conflictos, que los transforme de víctimas o agentes de violencia en agentes activos de construcción de la paz y de cambio social positivo.
Los principales desafíos a los que se enfrenta hoy la juventud somalí:
Aunque constituyen la mayoría de la sociedad, están completamente excluidos de los procesos de toma de decisiones, pese a que esas mismas decisiones determinan su futuro.
La ausencia de infraestructura económica básica y la falta de servicios sociales alimentan una elevada tasa de desempleo entre la juventud; se estima que el 67% de los jóvenes somalíes está desempleado.
La falta de políticas claras y prometedoras que ayuden a superar los problemas que impulsan la emigración, la violencia y la explotación de los jóvenes.
También es importante destacar la participación de los jóvenes a nivel comunitario. Se puede obtener mucho al incluirlos en los procesos de construcción de la paz y de participación comunitaria, entre otras cosas, fortaleciendo su capacidad para contribuir a crear y liderar comunidades más saludables, orientadas al progreso y entusiastas.
Las soluciones que deben implementarse sin falta:
Garantizar la educación formal e informal de los jóvenes, canalizando su fuerza y energía hacia el aprendizaje y el desarrollo.
Reconocer e incluir a los jóvenes como partes interesadas en el proceso de construcción de la paz y la seguridad, teniendo presente que tanto se ven afectados por los conflictos como son clave para una nación progresista.
Eliminar los catalizadores del conflicto, incluidos los relacionados con los desafíos económicos (el desempleo juvenil) y la exclusión política de los jóvenes.
Autora: Sagal Isak, directora del Departamento de Desarrollo Constitucional, Ministerio de Asuntos Constitucionales y Reconciliación, Somalia, y Global Shaper del centro de Mogadiscio.
Imagen: Estudiantes somalíes hacen fila frente a un aula para asistir a clases de preparación para exámenes en la escuela primaria y secundaria Bustaale, en la capital, Mogadiscio, el 18 de junio de 2014. REUTERS/Ismail Taxta


