Una reflexión, una idea con Sergey Brin

Sergey Brin, Founder, Bayshore Global Management, USA speaking during the Session: An Insight, An Idea with Sergey Brin at the Annual Meeting 2017 of the World Economic Forum in Davos, January 18, 2017Copyright by World Economic Forum / Sikarin Thanachaiary
Image: Sikarin Thanachaiary
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«Ante todo, permítanme decirles que deben poner en duda mis respuestas», dijo Sergey Brin, cofundador de Google y fundador de Bayshore Global Management, antes de responder a la primera de las muchas preguntas incisivas que le planteó Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial. En una Reunión Anual marcada por las conversaciones sobre inteligencia artificial, Brin admitió que había sido escéptico respecto a la IA hasta hacía muy poco. Años atrás, cuando dirigía Google X (la división de la empresa dedicada a proyectos ambiciosos), contó que uno de los muchos proyectos que supervisaba se llamaba Google Brain. Confesó que apenas le prestó atención y que sencillamente no creía que la IA fuera a funcionar; incluso desestimó sin darle importancia a uno de sus investigadores principales, Jeff Dean, cuando este se acercó y le dijo: «Mira, el ordenador ha creado una imagen de un gato».

Eso fue en 2011. Hoy, dijo, Google Brain está presente en casi todos los principales productos de Google, desde el buscador hasta las imágenes y las aplicaciones. Para Brin, la revolución de la tecnología de redes neuronales profundas (o aprendizaje profundo) ilustra lo difícil que es pronosticar el futuro y conocer los límites de lo posible. Impresionado por la atención que recibió la inteligencia artificial en la Reunión Anual de 2017, bromeó: «Increíblemente, estoy aquí en Davos y me siento como el ludita de la sala».

Ante una pregunta de Schwab sobre el potencial de una revolución biológica, y en particular sobre la probable combinación de una revolución biológica y otra digital, Brin señaló que ha invertido personalmente en la investigación de la enfermedad de Parkinson y que siente especial pasión por ella. Aunque reconoció que herramientas como CRISPR, la económica tecnología de edición genética, representan nuevos instrumentos poderosos para los biólogos en todas las categorías de enfermedades, dijo que le interesa invertir en «capas de nivel inferior», como el aprendizaje automático, que «abarca todo el espectro de la actividad humana» y, por tanto, produce un efecto multiplicador.

Al responder a una pregunta sobre si hace falta un nuevo paradigma de gobernanza en una época de avances tecnológicos tan rápidos —que permita una interacción más ágil entre reguladores, sociedad civil y empresas—, Brin dijo que le había «dejado pasmado» el nivel de lucidez de las conversaciones que escucha entre políticos, líderes empresariales y emprendedores sociales. Añadió que este tipo de diálogo bien podría conducir a formas no solo más rápidas, sino también más colaborativas de abordar los nuevos desafíos de gobernanza.

Brin atribuyó su éxito con Google a la cultura de Silicon Valley, una cultura que no estigmatiza el fracaso y fomenta la asunción de riesgos. «Miren, ante todo, tengo mucha suerte», dijo. «Pero la suerte también viene de intentarlo muchas veces y de fracasar tantas veces. Si les contara todos mis fracasos, tendríamos que alargar mucho esta sesión», dijo. «Tenemos la suerte de contar con un entorno que tolera muchos riesgos y los inevitables fracasos».

Cuando le pidieron un consejo para los jóvenes emprendedores que aspiran a abrirse camino, Brin respondió: «Animaría a los jóvenes a arriesgarse y perseguir sus sueños, y a acallar las voces que dicen: “Hay 1.000 empresas emergentes que fabrican bicicletas que se conducen solas”».

Brin elogió el espíritu del Foro Económico Mundial y dijo que muchas de las empresas participantes comparten un sentido de responsabilidad social, algo que, según él, ha inspirado a Google desde sus inicios. «No se puede pensar de forma limitada en el propio negocio… pensando solo en maximizar las ganancias y sin preocuparse por lo que ocurre alrededor», dijo. «Me parece que las empresas se están tomando estas cuestiones en serio», añadió Brin. «Casi siento que estamos en Burning Man, pero todos llevamos ropa».

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