Es una de las medidas más utilizadas de la actividad económica: el producto interno bruto (PIB), definido como el valor total de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos dentro de un país en un período determinado.
Pero el PIB deja fuera grandes porciones del valor de la economía digital. Cuando los bienes digitales, como Google Maps o Wikipedia, están disponibles de forma gratuita, no tienen ningún impacto en el PIB, pese al valor que aportan a sus usuarios.
Esto tiene consecuencias importantes. Sin una herramienta válida para medir el valor de la economía digital, los responsables de formular políticas no saben bien cómo gestionarla. Por eso, un grupo de economistas del MIT desarrolló una nueva herramienta para medir los beneficios de la economía digital.
En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de enero de 2019, hablamos con Erik Brynjolfson, director de la Iniciativa sobre la Economía Digital del MIT y profesor de la Escuela de Administración Sloan del MIT, sobre esta nueva medida. A continuación, presentamos una transcripción editada.
¿Cómo contabiliza actualmente el PIB el valor de los bienes digitales?
El PIB es uno de los grandes inventos del siglo XX, pero también tiene algunas debilidades. En particular, todo lo que tiene precio cero tiene exactamente un peso cero en el PIB: ya sea Wikipedia, las aplicaciones de tu teléfono o el aire que respiramos. Fue una decisión de diseño, pero se está convirtiendo en un problema en la era digital.
Los bienes digitales pueden tener un precio cero, pero las empresas obtienen muchísimo valor de ellos. ¿Cómo explica esa paradoja?
Aunque los bienes digitales tengan un precio cero, nosotros, como consumidores, podemos obtener mucho valor de ellos. Me beneficio enormemente del acceso a Wikipedia, Google o las aplicaciones de mi teléfono. Asimismo, las empresas pueden ganar mucho dinero con ellos. Algunas son organizaciones de voluntarios, como Wikipedia, pero otras alcanzan valoraciones de miles de millones o incluso cientos de miles de millones de dólares gracias a la venta de publicidad o de productos directamente por internet. Así que está claro que se crea mucho valor, aunque los propios bienes no siempre aparezcan en el PIB.
¿Es eso un problema?
Esto es un problema porque los bienes digitales y los bienes gratuitos representan una parte cada vez mayor del valor que obtenemos en la economía. En cierta medida, siempre hemos dejado fuera algunas partes, pero con la llegada de los teléfonos inteligentes e internet, esto ha pasado a representar una parte mayor del tiempo que dedicamos y de las fuentes de las que obtenemos valor.
Pongamos un ejemplo: si sustituyes la Enciclopedia Británica por Wikipedia, el PIB en realidad baja porque ya no tienes que pagar nada, pero nuestro valor sube. Así que, si usamos el PIB como medida de nuestro bienestar, calcularemos mal dónde se está creando valor y necesitamos nuevas métricas para reflejarlo mejor.
¿Cómo define un bien digital? Si pido algo por internet, ¿es necesariamente un bien digital?
Internet afecta a todo tipo de bienes. Afecta a los bienes que siempre hemos comprado, como los alimentos: ahora se pueden comprar por internet. Pero también hay nuevas categorías de bienes hechos exclusivamente de bits, no de átomos.
Estos bienes digitales tienen tres características muy distintas de las de los bienes anteriores. Son prácticamente gratuitos, perfectos e instantáneos. Esto significa que el costo de hacer una copia adicional de un bien digital es básicamente cero; cada copia es una réplica idéntica y perfecta del original; y pueden distribuirse instantáneamente en cualquier parte del mundo, a la velocidad de la luz.
Esas tres características —gratuitos, perfectos e instantáneos— nunca se usaron para describir bienes anteriores, como manzanas, automóviles o cortes de pelo, pero son omnipresentes en los bienes digitales. Y ofrecen muchas oportunidades para crear valor, pero también plantean nuevos desafíos de medición.
Por ejemplo, antes las fotografías se producían mediante un costoso proceso químico. Cada una costaba unos 50 centavos. Ahora se toman unas 100 veces más fotografías, pero se pueden distribuir sin costo, por lo que desaparecen del PIB. Del mismo modo, la música se distribuía en discos de vinilo o CD; ahora puede distribuirse en forma de bits.
En conjunto, si observamos la participación de la información en la economía —que incluye música, datos, software, noticias y todos esos distintos tipos de bienes informativos—, en 1983 equivalía al 4,6 % del PIB de Estados Unidos; ahora, con esta explosión de bienes digitales, ¡sigue siendo… el 4,6 %!
En esencia, nuestras medidas oficiales del PIB no han reflejado en absoluto la explosión de la información. Así que, si queremos medirla, necesitamos una nueva métrica, y eso es lo que estamos desarrollando con mi equipo del MIT.
¿Cómo podemos asignar valor a estas cosas?
Llamamos PIB-B a la nueva métrica; la B corresponde a beneficios. Así, mientras que el PIB tradicional mide el costo de producción de las cosas, el PIB-B mide los beneficios que obtenemos.
Para hacerlo, preguntamos a las personas cuánto habría que pagarles para que renunciaran a un bien concreto. Ya hemos encuestado a cientos de miles de personas y comparado sus valoraciones de bienes como Twitter y Facebook, pero también de cereales para el desayuno, viajes en avión y muchos otros.
En el caso de Facebook, ofrecimos a las personas distintos precios: a algunas, 1 dólar; a otras, 10, 50 o 100 dólares. Algunas necesitaban aún más para renunciar a Facebook durante un mes. Descubrimos que a la persona mediana había que pagarle 48 dólares para que dejara Facebook durante un mes. Eso sugiere que este bien gratuito aporta una enorme cantidad de valor.
No me sorprende que esa cifra sea tan alta, porque el usuario promedio de Facebook pasa casi una hora al día utilizándolo. Algunas personas lo usan muy poco y otras muchísimo. Pero, si sumamos todas las valoraciones, obtenemos decenas de miles de millones de dólares en valor que algunas personas obtienen colectivamente de Facebook y que nuestras medidas convencionales del PIB pasan completamente por alto.
¿Qué implicaciones tiene descubrir ese valor?
Las implicaciones son profundas, porque, como dice el viejo refrán, no se puede gestionar lo que no se mide. No hemos estado midiendo grandes partes de la economía ni comprendiendo dónde obtiene la gente un valor real.
Seguimos necesitando medidas convencionales del PIB para medir el dinero que circula por la economía. Si la Reserva Federal quiere saber qué ocurre con los salarios y las tasas de interés, realmente tiene que consultar el PIB. Así que tenemos que mantener el PIB tradicional.
Pero, si también queremos entender de dónde procede el valor, el PIB convencional ya no será tan útil como antes. Por eso necesitamos esta nueva métrica, el PIB-B, para ver dónde se crea valor, especialmente en la economía digital.
¿La investigación tiene otra cara? Analizan el valor que las personas obtienen de internet; ¿qué pasa con el lado oscuro de internet?
Una de las cosas que hemos descubierto al realizar esta investigación es que, cuando las personas asignan un valor a algo, uno se detiene a pensar un poco más en lo que realmente significa.
La gente dice que pagaría 48 dólares por Facebook, pero ¿será porque tiene una adicción? Quizá a largo plazo sea menos feliz, pese a estar muy apegada a sus cuentas de Facebook. Algunos informes indican que, a la larga, las personas acaban siendo menos felices cuando usan las redes sociales. Esto empieza a sugerir que podría haber una brecha entre lo que las personas están dispuestas a pagar y su felicidad real.
A decir verdad, esto también ocurría con muchos bienes en el pasado. Ya se trate de cigarrillos, automóviles o bolsos de lujo, la valoración que las personas están dispuestas a pagar no siempre coincide con lo que uno podría considerar su valoración real, o con lo que debería ser.
En las investigaciones futuras, intentamos profundizar en esas diferencias. La investigación inicial solo analiza lo que las personas están realmente dispuestas a pagar. Pero, en última instancia, creo que, si queremos entender el bienestar de la sociedad, es importante tener en cuenta sus valoraciones más profundas y los efectos en sus pares y en la sociedad en su conjunto. Es una línea de investigación muy interesante de cara al futuro.
¿Cree que el PIB quedará obsoleto en algún momento?
Desde luego que no. El PIB sigue siendo muy útil. Mide algo conceptualmente distinto del PIB-B.
El PIB tradicional mide la producción de la economía. Pero Simon Kuznets, uno de los creadores del PIB en la década de 1930, dijo, en esencia: «Por favor, no utilicen mi medida como medida del bienestar». Sirve para medir la producción, no el bienestar, y son dos conceptos distintos.
Ahora necesitamos una nueva medida centrada en el bienestar, especialmente en la economía digital del siglo XXI. La comparo con el tablero de un automóvil. Tengo un indicador de la velocidad a la que voy; otro del combustible; está la temperatura, el aire acondicionado y quizá la presión del aceite. Sería absurdo intentar condensarlos en una sola cifra agregada y preguntarse cuál es mi «automovilidad» promedio. En cambio, hacen falta métricas separadas para conceptos distintos.
Así que seguimos necesitando el PIB tradicional para medir la producción, pero ahora contamos con el PIB-B para medir los beneficios que obtenemos de la producción: un concepto distinto.
¿Qué sigue en la agenda de investigación?
Ahora que hemos realizado la investigación con consumidores estadounidenses, esperamos ampliarla a otros países y ver cómo difieren las valoraciones en Francia, Sudáfrica, Corea, Brasil y otros países. También agradeceríamos la colaboración de socios que quieran trabajar con nosotros para elaborar esta nueva medida ampliada de los beneficios que obtenemos, no solo de los bienes digitales, sino de todos los bienes.






