Si una sola palabra resume la importancia de la computación cuántica, esa palabra es “poder”.
Los ordenadores cuánticos son exponencialmente más potentes que incluso las máquinas digitales más avanzadas. En el centro de este poder están los bits cuánticos, o “qubits”. Mientras que los bits digitales son binarios –con un valor de 1 o 0–, los qubits pueden existir en varios estados a la vez.
El poder cuántico presenta grandes oportunidades. IBM afirma que puede dar lugar a nuevos avances en la ciencia, a avances médicos que salvan vidas y a estrategias financieras para vivir bien en la jubilación. Los algoritmos incluso podrían dirigir con rapidez a los servicios de emergencia, como las ambulancias. No es de extrañar que la computación cuántica se haya convertido en un nuevo frente tanto para los gobiernos como para las empresas en la búsqueda de ventaja competitiva. Ambos invierten miles de millones en su desarrollo. Como resultado, lo que era materia de la ciencia ficción pronto se convertirá en realidad.
La computación cuántica no tiene un único estatus para la sociedad: es, a la vez, una oportunidad y una amenaza. Una de las mayores amenazas se refiere al cifrado.
El cifrado proporciona la seguridad y la privacidad de nuestra vida en línea, desde la banca y los hogares hasta las empresas y la sanidad. Protege desde datos personales sensibles hasta secretos de Estado. Como señaló el Informe de Riesgos Globales 2019, el cifrado constituye el “andamiaje de la vida digital”.
Pero lo que hoy se considera un cifrado seguro pronto quedará socavado por la computación cuántica. Se ha estimado que se necesitaría un poder cuántico de 4.000 qubits para romper las claves de cifrado “robustas” actuales. Los ordenadores cuánticos todavía no están preparados. Las estimaciones sugieren que podríamos ver esta capacidad para 2023, y tardará más en que estas máquinas sean fiables. Sin embargo, los algoritmos de cifrado más débiles se verán amenazados antes, y el reloj avanza claramente para todos los métodos actuales.

En pocas palabras, sin criptografía y seguridad resistentes a la computación cuántica, toda la información que se transmite ahora por canales públicos –o en el futuro– es vulnerable a la escucha ilegal. Incluso los datos cifrados que hoy son seguros pueden almacenarse para descifrarlos más adelante, una vez que esté disponible un ordenador cuántico operativo y con capacidad suficiente.
Y, como los datos manipulados pasarían desapercibidos, la integridad y la autenticidad de la información transmitida no estarían garantizadas. Esto vulnera los requisitos empresariales, éticos y legales en materia de privacidad y seguridad de los datos.
La buena noticia es que empresas como Google y Microsoft ya están desarrollando algoritmos de cifrado resistentes a la computación cuántica. Pero todavía se encuentran en fase teórica y de pruebas. El principal reto es adaptar estos nuevos enfoques a los sistemas existentes.
Entonces, ¿qué debería protegerse con estos algoritmos resistentes a la computación cuántica? El Instituto Europeo de Normas de Telecomunicaciones sugiere la siguiente lista de infraestructuras críticas:
• Comunicaciones gubernamentales y militares
• Operaciones financieras y bancarias
• Confidencialidad de los datos médicos y de los historiales sanitarios
• Almacenamiento de datos personales en la nube
• Acceso a redes corporativas confidenciales
La computación cuántica es un avance apasionante que promete un mundo de oportunidades. Para que sea segura y sostenible, debemos seguir el ejemplo del qubit. Nuestro enfoque no puede limitarse a elegir entre poder o seguridad. Debe ser ambas cosas a la vez.
La carrera hacia la seguridad resistente a la computación cuántica ya está en marcha, pero las empresas no pueden permitirse quedarse al margen. Las que dependen de la transmisión segura de datos, especialmente las del sector financiero, deben seguir de cerca la situación y empezar a elaborar un plan para migrar a algoritmos resistentes a la computación cuántica cuando estén disponibles.

