Reflexiones sobre la era digital: 7 mejoras que propiciaron una década de cambios positivos

The new digital age enabled billions of people to collaborate and mobilize to fight climate change.
The new digital age enabled billions of people to collaborate and mobilize to fight climate change.Image: Photo by kazuend on Unsplash
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Septiembre de 2030. Los primeros años de la década de 2020 estuvieron marcados por dramáticos puntos de inflexión en la historia mundial.

Nuevas y poderosas tecnologías como la inteligencia artificial, la cadena de bloques, el internet de las cosas y el metaverso trastocaron los sistemas, las instituciones y los modos de vida tradicionales. Mientras tanto, la pandemia de COVID-19 de 2020-22 aceleró estas tendencias, pues personas de todo el mundo trasladaron gran parte de sus vidas a internet. La pandemia también dejó al descubierto graves problemas en nuestros gobiernos y sistemas, desde las cadenas de suministro hasta los datos de salud pública.

Además, los primeros años de la década de 2020 se vieron sacudidos por convulsiones políticas. En particular, en enero de 2021 se impugnó el resultado de las elecciones estadounidenses, lo que agravó las profundas fracturas de Estados Unidos y envalentonó a populistas y extremistas de todo el mundo. La invasión rusa de Ucrania, las sanciones globales y las importantes interrupciones del suministro de alimentos sacudieron aún más la economía mundial y exacerbaron las tensiones. Estos desafíos, entre otros, crearon una tormenta perfecta y provocaron una ansiedad y un malestar social extraordinarios.

Afortunadamente, ocurrió algo parecido a un milagro. Impulsadas por una profunda esperanza de un futuro mejor, personas de todo el mundo comenzaron a replantearse la relación entre el gobierno y la sociedad civil, dando paso a un nuevo marco social para la era digital. No fue un proceso académico, sino el resultado de movilizaciones masivas en torno a un cambio amplio.

Reflexiones sobre la era digital

Hoy, al mirar atrás una década, examinemos siete mejoras clave que surgieron de este período de cambios positivos:

1. Nuevos modelos de prosperidad y trabajo

Ante la polarización de la riqueza y el desempleo estructural que la nueva era digital generó en muchas economías, cambiaron las expectativas laborales y la gente comprendió que el sector privado no puede proporcionar empleo y una vida próspera para todos. Se establecieron nuevas normas y regulaciones que crearon una sólida red de protección social para los trabajadores. Estas reformas ayudaron a mitigar la extrema desigualdad que asoló los primeros años del siglo XXI. Las nuevas tecnologías también incorporaron a más personas desatendidas a la economía mundial y prepararon a los trabajadores para el aprendizaje permanente.

2. Nuevos modelos de identidad digital

Nuevas regulaciones permitieron a las personas ser propietarias de los datos digitales que generan y beneficiarse de ellos. Esto puso fin a la era del «feudalismo digital», caracterizada por un grupo centralizado de «terratenientes digitales» que recopilaban, agregaban y obtenían ganancias de los datos que, en conjunto, constituían nuestras identidades digitales. Además, la Web3 permitió a las personas recopilar el rastro de sus datos y usarlo para planificar sus vidas, mejorar su prosperidad y proteger su privacidad.

3. Una sociedad más informada en la era digital

Mediante alianzas públicas y privadas, se reconstruyeron los sistemas de medios de comunicación de manera que protegieran la independencia y la libertad de expresión. Se implementaron nuevas herramientas que permitían a la ciudadanía seguir la veracidad y la procedencia de la información. Esto ayudó a reducir la capacidad de actores malintencionados para difundir información falsa sobre temas que van desde el cambio climático hasta la salud pública. También se establecieron reglas claras para prohibir que las grandes empresas de medios de comunicación promovieran el odio en sus plataformas en la era digital. Estas reformas ayudaron a reconstruir los sistemas de educación pública para garantizar que cada joven pueda desenvolverse plenamente, no solo como trabajador o emprendedor, sino también como ciudadano. También se introdujeron programas de alfabetización mediática en las escuelas para ayudar a los jóvenes a desarrollar las capacidades necesarias para manejar la avalancha de información y discernir la verdad.

4. Renovada confianza en el gobierno y la democracia

Las tecnologías innovadoras y otras reformas modernas nos permitieron crear una nueva era de democracia basada en la deliberación pública, la transparencia, la ciudadanía activa y la rendición de cuentas. La tecnología también ayudó a incorporar las promesas electorales en contratos inteligentes, que permitían a la ciudadanía seguir sus democracias y participar en ellas a través de las plataformas móviles que utiliza a diario. Estas reformas contribuyeron a aumentar la confianza en los políticos y la legitimidad de nuestros gobiernos, ya que ahora los dirigentes responden más ante la ciudadanía y menos ante los poderosos intereses que financiaron sus campañas en años anteriores. Además, estas mejoras ayudaron a frenar a los populistas radicales y a los políticos extremistas tanto de derecha como de izquierda.

5. Un nuevo compromiso con la justicia

Quedó claro que las nuevas tecnologías agravaban las divisiones raciales, por lo que los gobiernos y las organizaciones de toda la sociedad civil se comprometieron a acabar con las desigualdades raciales. En Estados Unidos, se tomaron medidas para poner fin a la era del encarcelamiento masivo y a las trabas financieras impuestas a los grupos minoritarios. También se volvió a abordar la sujeción penal de los pueblos indígenas, como lo demuestra el «Sistema de escuelas residenciales» de Canadá. Estas medidas ayudaron a relegar al basurero de la historia el racismo, la opresión de clase y la subyugación de todos los pueblos, junto con quienes perpetúan estos abominables vestigios del pasado. Las reformas también fueron más allá de los tópicos sobre las manzanas podridas y el perdón. Reconocieron que el racismo y la opresión son sistémicos y deben abordarse en toda la sociedad.

6. Un profundo compromiso con la sostenibilidad

Gracias a importantes reformas, el mundo está ahora en camino de reducir las emisiones de carbono en un 90% para el año 2050. La nueva era digital permitió que miles de millones de personas colaboraran y se movilizaran para combatir el cambio climático. Esto incluyó no solo a los gobiernos, sino también a empresas grandes y pequeñas, personas que se desplazan al trabajo o se van de vacaciones, empleados, estudiantes, consumidores: a todos, de todos los ámbitos de la vida. La presión pública y las nuevas regulaciones también han obligado a los directivos empresariales a participar de manera responsable en la reindustrialización de nuestro planeta y a adoptar la fijación de precios del carbono.

7. Interdependencia global

Las crisis de la última década —la pandemia de COVID-19, la crisis de legitimidad política, la guerra en Ucrania y las catástrofes climáticas— demostraron que ningún país podía prosperar plenamente en un mundo en dificultades. Y aunque persisten diferencias nacionales significativas, los países han adoptado intereses comunes y una comprensión de que comparten un destino. Esta nueva forma de pensar también permitió que los gobiernos, las empresas y las ONG se organizaran mejor para resolver grandes problemas como la salud pública, la educación, la justicia social, la estabilidad ambiental y la paz.

Estos cambios positivos no dieron lugar a una utopía. Pero sí fueron mejoras, alcanzadas mediante una lucha desde las bases.

Victor Hugo dijo que no hay nada tan poderoso como una idea a la que le ha llegado su momento. En nuestro caso, no hubo nada tan poderoso como las ideas que se habían vuelto necesarias.

Este artículo es una versión abreviada de un extenso ensayo escrito por Don Tapscott titulado «Una declaración de interdependencia: hacia un nuevo contrato social para la era digital» y de un breve ensayo reciente titulado «Por qué construimos un contrato social para la nueva era digital».

Don Tapscott es autor de 16 libros ampliamente leídos sobre tecnología en los negocios y la sociedad, incluido el éxito de ventas La revolución blockchain, que escribió en coautoría con su hijo Alex. Su libro más reciente es La revolución de las plataformas: la tecnología blockchain como sistema operativo de la era digital. Es cofundador del Instituto de Investigación sobre Blockchain, profesor adjunto en INSEAD y rector emérito de la Universidad Trent de Canadá. Es miembro de la Orden de Canadá y redactó un marco para «Un nuevo contrato social para la economía digital».

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