Por qué la ciberseguridad debe ser un elemento central de la seguridad nacional

The threats posed by cyberattacks are complex and dynamic.Image: Unsplash
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  • La ciberseguridad ha entrado en una era de complejidad sin precedentes.

  • Situar la ciberseguridad en el centro de la seguridad nacional exige innovación, así como cooperación entre sectores y países.

  • Los países que integren la ciberseguridad en sus estrategias de seguridad nacional y en la gobernanza institucional estarán mejor posicionados para prosperar en la era digital.

Atrás quedaron los días en que la ciberseguridad era competencia exclusiva del departamento de TI.

En el mundo hiperconectado actual, la ciberseguridad se ha convertido en un pilar central de la resiliencia, la estabilidad económica, la soberanía y la seguridad nacional. El aumento de ataques cada vez más sofisticados, sumado a las crecientes tensiones geopolíticas, exige un cambio fundamental de estrategia: la ciberseguridad debe considerarse un componente esencial tanto de la defensa nacional como de la estabilidad mundial.

El panorama de amenazas actual

Las amenazas que plantean los ciberataques son complejas y dinámicas. Las tecnologías, en particular la inteligencia artificial generativa (GenAI), avanzan a un ritmo vertiginoso: no solo mejoran las capacidades defensivas, sino que también dotan a los actores maliciosos de herramientas cada vez más avanzadas para automatizar y ampliar los ataques. La GenAI permite a los actores maliciosos difundir desinformación aún más rápido, personalizar campañas de phishing y deepfakes, y diseñar programas maliciosos adaptables que eluden las defensas tradicionales.

Mientras tanto, quienes defienden los sistemas afrontan presiones acumulativas: mayores exigencias regulatorias, cadenas de suministro frágiles y una persistente brecha de competencias. Se estima que faltan entre 2,8 y 4,8 millones de profesionales en la fuerza laboral mundial de ciberseguridad, y el 70 % de las organizaciones afirma que esta falta de talento aumenta su exposición al riesgo.

El contexto geopolítico no hace más que agravar los desafíos. Las actividades patrocinadas por Estados han difuminado la línea entre el espionaje, el sabotaje y la guerra híbrida. En Ucrania y otras regiones, los ciberataques han tenido como objetivo directo infraestructuras críticas y sistemas de información vulnerables para interrumpir servicios esenciales e infligir daños físicos. Esto demuestra que las operaciones cibernéticas pueden tener ahora consecuencias cinéticas, erosionar la confianza en las instituciones nacionales y desestabilizar la seguridad nacional.

Infraestructuras críticas bajo amenaza

Más allá de las zonas de conflicto activo, los ciberataques de los últimos meses bastan para mostrar hasta qué punto se han vuelto disruptivos, poniendo en peligro no solo el funcionamiento de las infraestructuras críticas, sino también la seguridad pública. Incidentes recientes han dejado patente el grado de alteración que los ciberataques pueden causar en los servicios esenciales y las economías. Una oleada de ataques de ransomware y de denegación de servicio ha perturbado hospitales, aeropuertos y servicios públicos en varios continentes, lo que ha obligado a cerrar instalaciones temporalmente, ha dejado vuelos en tierra y ha retrasado la atención de urgencia. Estos sucesos revelan la fragilidad de los sistemas que sustentan todo, desde el transporte y la atención sanitaria hasta la energía y las finanzas.

Uno de los ámbitos que más preocupa es el sector sanitario. En julio, la Organización Mundial de la Salud advirtió que los avances tecnológicos, incluidos los ciberataques, habían «redefinido el panorama de amenazas biológicas». En concreto, los ciberataques podrían comprometer la bioseguridad al permitir el acceso a datos o investigaciones sensibles, debilitar los sistemas de seguridad de los laboratorios y facilitar el robo, el sabotaje o el espionaje.

La creciente preocupación impulsa respuestas audaces

A medida que los riesgos digitales se propagan por las economías y las sociedades, los directores de seguridad de la información están cada vez más preocupados. Según el Panorama mundial de la ciberseguridad 2025, el 72 % de los líderes afirma que el riesgo cibernético ha aumentado en el último año, y cerca del 60 % señala que las tensiones geopolíticas influyen directamente en sus estrategias de ciberseguridad. Además, uno de cada tres directores ejecutivos citó el ciberespionaje y la pérdida de información sensible o el robo de propiedad intelectual como su principal preocupación, mientras que otro 45 % manifestó inquietud por las interrupciones de las operaciones y los procesos.

La buena noticia es que la GenAI es un arma de doble filo. Aunque los actores maliciosos han sabido aprovecharla, también proporciona a quienes defienden los sistemas herramientas potentes para detectar anomalías en tiempo real, automatizar respuestas y modelar escenarios de ataque complejos a fin de fortalecer la resiliencia. Sin embargo, estos beneficios se distribuyen de forma desigual. Las grandes empresas y los países desarrollados pueden invertir en defensas basadas en IA, mientras que las organizaciones más pequeñas y muchas instituciones del sector público siguen limitadas por sistemas heredados y la escasez de talento. Este desequilibrio amenaza con ampliar la brecha en la preparación mundial en materia de ciberseguridad.

Algunos países están tomando medidas ambiciosas para cerrar esta brecha. Los Emiratos Árabes Unidos están dando un ejemplo convincente, en particular al reconocer que la resiliencia no debe ser solo técnica, sino también social, y que requiere concienciación y participación en todos los niveles.

A principios de 2025, los EAU pusieron en marcha la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2025-2031, estructurada en torno a la gobernanza, la protección, la innovación, el desarrollo de capacidades y las alianzas. Además, el Consejo de Ciberseguridad de los EAU, junto con el Consejo Tawazun y Lockheed Martin, está creando un Centro de Excelencia en Ciberseguridad para impulsar la experiencia local y alinearla con las mejores prácticas mundiales. El país también está siendo pionero en un modelo público-privado-ciudadano: integra la ciberseguridad en los planes de estudio escolares, realiza simulacros cibernéticos en todo el país y refuerza la colaboración entre el Gobierno y la industria.

Según Interpol, denunciar incluso el ciberdelito más pequeño puede ayudar a frustrar a los piratas informáticos.
Según Interpol, denunciar incluso el ciberdelito más pequeño puede ayudar a frustrar a los piratas informáticos.
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Integrar la ciberseguridad en la gobernanza nacional

Replantear la ciberseguridad como seguridad nacional exige más que un cambio de lenguaje: requiere reconsiderar a fondo la gobernanza, las políticas y la inversión. Esto implica integrar la supervisión del riesgo cibernético en los consejos de administración de todos los sectores críticos, garantizar presupuestos reservados que mantengan la inversión a largo plazo en infraestructura, talento e innovación, y realizar ejercicios nacionales de equipos rojos y pruebas de resistencia para evaluar la preparación y las interdependencias sistémicas.

También exige un intercambio de inteligencia más profundo a través de las fronteras y una coordinación de crisis que impidan que incidentes localizados se conviertan en alteraciones mundiales. En conjunto, estas medidas señalan una evolución necesaria en la forma en que las naciones abordan la seguridad: una que reconoce que la resiliencia digital es inseparable de la fortaleza económica y la estabilidad geopolítica.

La urgente necesidad de cooperación

La ciberseguridad ha entrado en una era de complejidad sin precedentes, en la que las defensas tradicionales ya no bastan. Aunque la defensa colectiva no es una panacea, puede mitigar el impacto de los ataques y fortalecer la estabilidad mundial. Situar la ciberseguridad en el centro de la seguridad nacional exige innovación, así como cooperación entre sectores y países.

A través de su Centro de Ciberseguridad, el Foro Económico Mundial reúne a líderes de los sectores público y privado para fortalecer la confianza y desarrollar marcos de acción. Su Alianza contra la Ciberdelincuencia conecta a más de 40 organizaciones para compartir inteligencia y desarticular redes mundiales de ciberdelincuencia. Por su parte, el Atlas de la Ciberdelincuencia, una plataforma colaborativa de inteligencia, ya ha cartografiado miles de operaciones de ciberdelincuencia, lo que ayuda a las fuerzas del orden y a los socios de la industria a desmantelar la infraestructura criminal.

Una responsabilidad compartida para un futuro seguro

El ciberespacio es ahora la primera línea de la defensa nacional y un escenario decisivo de la competencia geopolítica. Reconocer la ciberseguridad como seguridad nacional exige un cambio de mentalidad: pasar de la defensa reactiva a la resiliencia estratégica.

Los países que integren la ciberseguridad en sus estrategias de seguridad nacional, su gobernanza institucional y su diplomacia internacional estarán mejor posicionados para prosperar en la era digital. Mientras la comunidad mundial se reúne para la Reunión Anual sobre Ciberseguridad 2025, hay un mensaje claro: la estabilidad geopolítica y la resiliencia digital son inseparables, y la cooperación es nuestra defensa más sólida.

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