La ciberdelincuencia es una amenaza mundial creciente, y los casos de actividad ilegal en línea han aumentado, sobre todo durante la pandemia de COVID-19.
Los organismos encargados de hacer cumplir la ley afrontan dificultades para combatir un mundo de ciberdelincuencia en constante evolución, como la falta de recursos, las limitaciones fronterizas y la escasa denuncia de los ciberataques.
Los organismos encargados de hacer cumplir la ley de todo el mundo deben trabajar juntos para sensibilizar a la población sobre la ciberseguridad y prevenir una pandemia de ransomware.
La ciberdelincuencia es una amenaza mundial que no conoce fronteras. Como las fuerzas del orden están limitadas por las fronteras nacionales, los ciberdelincuentes aprovechan los ilimitados terrenos de juego del mundo digital con casi total impunidad. La escalada de la ciberdelincuencia en todo el mundo hace que una respuesta mundial de las fuerzas del orden sea más crucial que nunca.
Como organización intergubernamental cuya visión es conectar a la policía para lograr un mundo más seguro, INTERPOL analiza una amplia gama de ciberamenazas desde que puso en marcha su Programa Mundial contra la Ciberdelincuencia en 2015. Durante el último año, INTERPOL ha observado un crecimiento exponencial en la escala y el impacto de las ciberamenazas, ya que delincuentes y estafadores aprovecharon necesidades y ansiedades sociales fundamentales en el ciberespacio durante la pandemia de COVID-19.
Afrontar el desafío
En particular, los ataques de ransomware atacaron a gobiernos, hospitales y otras instituciones en primera línea de la lucha contra la pandemia. Al atacar estas organizaciones esenciales, los delincuentes pudieron maximizar tanto el daño causado como sus ganancias económicas. De hecho, el ransomware ofrece un modelo de negocio muy atractivo y lucrativo para los ciberdelincuentes, especialmente con el desarrollo de los modelos de doble o triple extorsión y de ransomware como servicio.
La pandemia de COVID-19 también ha abierto nuevas vías para que los ciberdelincuentes cometan diversas formas de delitos en línea, independientemente de la región. El aumento del uso de internet durante la pandemia, que superó la capacidad de las empresas para proteger a sus plantillas en remoto y a las personas usuarias de internet, ha generado nuevas vulnerabilidades y ampliado las superficies de ataque. Además del ransomware, entre las principales amenazas figuran ahora las estafas en línea, los intentos de comprometer el correo electrónico empresarial, las operaciones ilegales de recopilación de datos, la desinformación y el resurgimiento de tipos antiguos de malware, reutilizados para aprovecharse de la pandemia mundial.
La pandemia de COVID-19 ha abierto nuevas vías para que los ciberdelincuentes cometan diversas formas de delitos en línea, independientemente de la región.
Wookyung Jung, INTERPOL y Seán Doyle, Foro Económico Mundial
Encontrar una solución
En su Foro de Alto Nivel sobre el Ransomware, celebrado el 12 de julio de 2021, INTERPOL instó a la policía y a sus socios de todo el mundo a comprometerse a detener esta posible pandemia de ransomware. Ante la continua evolución de las ciberamenazas a escala mundial, el intercambio seguro y rápido de información útil será fundamental para localizar pruebas, sospechosos y víctimas de forma simultánea en distintas jurisdicciones.
Sin embargo, investigar la ciberdelincuencia plantea dificultades que no suelen presentarse en las investigaciones del «mundo real». Por ejemplo, a las fuerzas del orden les resulta difícil saber de primera mano que se ha producido un ataque y, aun cuando lo saben, las tasas de denuncia son bajas. En el Reino Unido, solo el 1,7 % del total estimado de delitos se puso en conocimiento de las autoridades durante los 12 meses hasta el 30 de septiembre de 2020. Este problema de falta de denuncias limita la capacidad de las fuerzas del orden para evaluar las amenazas con precisión y responder a ellas de manera eficaz. Esto puede hacer que la ciberdelincuencia pierda prioridad en muchas fuerzas del orden de todo el mundo y agravar aún más la situación.
Investigar la ciberdelincuencia también exige habilidades y tecnologías específicas que no están disponibles en todas partes, como la elaboración de perfiles de malware, el rastreo en la darknet y el análisis de criptomonedas. Las carencias resultantes en las capacidades cibernéticas de las fuerzas del orden o en la capacidad regional pueden permitir que redes y actividades delictivas en línea escapen a la detección.
Entre las diversas formas de colaboración, uno de los ejemplos más exitosos han sido las campañas mundiales de sensibilización pública sobre la ciberdelincuencia
Wookyung Jung, INTERPOL y Seán Doyle, Foro Económico Mundial
Salir de la zona de confort
Conscientes de estos desafíos, las fuerzas del orden de todo el mundo han procurado ser más abiertas e inclusivas. Por ejemplo, en 2019, la Asamblea General de INTERPOL aprobó Gateway, un marco jurídico que permite a INTERPOL compartir información con determinadas empresas del sector privado.
Estos socios tienen una visión clara de las ciberamenazas a escala mundial en distintos sectores. Por ello, INTERPOL puede recibir de ellos datos actualizados sobre ciberdelincuencia, aprovechar sus conocimientos sobre las tendencias recientes y obtener asistencia técnica. Respaldar este tipo de alianzas supone un cambio para las fuerzas del orden y demuestra su disposición a aceptar la innovación institucional y tecnológica para combatir la ciberdelincuencia.
Entre las diversas formas de colaborar con estos socios, uno de los ejemplos más exitosos han sido las campañas mundiales de sensibilización pública sobre la ciberdelincuencia. INTERPOL lleva a cabo estas campañas con sus socios cada año desde 2019, y cada edición llega a más de 7,5 millones de usuarios en todo el mundo. Este año, alrededor de 90 países miembros se sumaron a la campaña #JustOneClick.
Estas campañas abordan de tres maneras los desafíos que afrontan las fuerzas del orden de todo el mundo para prevenir una pandemia de ransomware:
1) La prevención es la mejor cura
Evitar el daño antes de que ocurra es, claramente, el mejor resultado en la mayoría de las situaciones. Sin embargo, en el ámbito de la prevención de la ciberdelincuencia, las medidas de mitigación o recuperación no siempre están disponibles o actualizadas. Las campañas de prevención pueden promover la ciberhigiene entre la población y recordar a las personas que basta un clic para que el malware entre en sus sistemas. Sensibilizar también puede aumentar las denuncias de ciberdelitos, porque la población comprende mejor el problema.
2) Las alianzas aumentan la eficacia
Las campañas mundiales de sensibilización permiten a las fuerzas del orden trabajar con los diversos actores del ecosistema mundial de la ciberseguridad, con el objetivo común de hacer más seguro el ciberespacio. Esta alineación estratégica propicia una colaboración eficaz y la participación activa en la difusión de consejos de prevención al público. Hemos observado que algunas organizaciones encargadas de hacer cumplir la ley incluso traducen voluntariamente nuestras estrategias de campañas de prevención para sus comunidades locales.
3) La colaboración transversal genera confianza pública
A lo largo de estas campañas, la colaboración entre sectores es visible para el público. Esto fortalece las relaciones y ayuda a generar confianza. El reconocimiento público de los esfuerzos conjuntos se identificó como un elemento clave de una alianza exitosa en el informe del Foro Económico Mundial Informe sobre la alianza contra la ciberdelincuencia. Las sinergias que están creando juntos el Foro Económico Mundial e INTERPOL fomentan aún más la confianza entre los sectores público y privado en un entorno neutral.
¿Cómo está abordando el Foro Económico Mundial los crecientes desafíos de ciberseguridad?
El Centro de Ciberseguridad ofrece una plataforma de confianza donde los líderes se reúnen para comprender los riesgos cibernéticos en evolución y sus implicaciones sistémicas. Se centra en fomentar la comprensión y la confianza en un mundo digital cada vez más interconectado.
Al facilitar la colaboración entre sectores y el intercambio de conocimientos, el Centro ayuda a sus socios a reforzar la ciberresiliencia y abordar los desafíos que requieren respuestas colectivas.
Dar el siguiente paso
La ciberdelincuencia supone un enorme desafío para la seguridad mundial y limita el potencial de las economías digitales. Una mayor participación de la comunidad internacional en la creación de una respuesta mundial a la ciberdelincuencia ayudará a superar estos problemas.
Es necesario instaurar una cultura de prevención proactiva en todas las organizaciones, independientemente de su ubicación o tamaño. Una mayor inversión en sensibilizar sobre los riesgos de la ciberdelincuencia y las estrategias de mitigación, así como en mejorar la ciberhigiene, también maximizará los beneficios preventivos posteriores.
Para las fuerzas del orden, la digitalización ha creado la oportunidad de ser inclusivas y abiertas, y de colaborar más allá de las fronteras nacionales y entre sectores. Aunque las iniciativas de sensibilización y prevención han avanzado mucho en este ámbito, persisten desafíos, como la falta de denuncias y las carencias en capacidades y recursos cibernéticos. Un enfoque que incluya a múltiples partes interesadas también ayudaría a abordar estos problemas.


