Necesitamos una nueva era de responsabilidad en materia de datos

An illustration picture shows a projection of binary code on a man holding a laptop computer, in an office in Warsaw June 24, 2013. REUTERS/Kacper Pempel (POLAND - Tags: BUSINESS TELECOMS TPX IMAGES OF THE DAY) - BM2E96O1CJG01
Mass data breaches have raised questions about how to limit the risks of the digital age.Image: REUTERS/Kacper Pempel
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Cada minuto de cada día, cada acción, reacción, decisión, acontecimiento y proceso se expresa en forma de datos: datos que pueden recopilarse y generar conocimiento.

Para los consumidores, los datos han simplificado y facilitado las tareas cotidianas. Desde saber qué película quieres ver hasta recibir en una aplicación información meteorológica en tiempo real y patrones de tráfico a lo largo de tu trayecto, los datos se integran sin fricciones en nuestra vida diaria.

Para las empresas, los datos son ahora la clave de la ventaja competitiva. Y este es el dato crucial: solo se pueden buscar el 20 % de los datos del mundo, lo que significa que el 80 % restante está en servidores privados, la mayoría de empresas. El valor potencial de estos datos es inconmensurable. Al aprovecharlos con nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, las empresas pueden obtener conocimientos más profundos, tomar decisiones exponencialmente mejores e interactuar con los clientes como nunca antes.

Pero no debemos confundir los datos con la sabiduría. Para comprender los datos relevantes para las empresas y la sociedad, se requiere un conocimiento experto de los procesos, las industrias y los campos del saber.

Vivir en un mundo impulsado por los datos implica un riesgo mayor que nunca de que se robe información personal y de que actores malintencionados usen estos datos para atacar a personas con fines delictivos o difundir noticias falsas. En 2017, los desafíos de la economía de los datos —desde las filtraciones masivas hasta la manipulación deliberada de plataformas en línea— captaron la atención mundial y plantearon preguntas sobre cómo aprovechar todos los beneficios de este nuevo mundo y limitar los riesgos.

Eso solo puede lograrse mediante un amplio compromiso con la responsabilidad por parte de todos. Para las empresas y los gobiernos, la responsabilidad significa proteger los datos que poseen, gestionan, almacenan o manejan. Significa aplicar estrategias sólidas de cifrado y seguridad, y revisarlas y mejorarlas constantemente. Cuando surge una nueva ciberamenaza, las empresas y los gobiernos deben compartir información rápidamente para reducir su impacto. Los delincuentes están bien organizados; nosotros también debemos estarlo. Compartir información de forma responsable es la única manera de prevenir y mitigar las amenazas actuales.

La responsabilidad también implica ser transparentes sobre las prácticas relacionadas con los datos. Debemos dejar claro quién es propietario de los datos y de los conocimientos únicos que estos generan. Las empresas deben ser claras con sus clientes, y los gobiernos con sus ciudadanos, cuando les piden que cedan la propiedad de sus datos.

Por ejemplo, IBM no proporcionará datos de sus clientes a ningún programa de vigilancia gubernamental. Respetamos las decisiones de nuestros clientes sobre dónde se almacenan sus datos. Y nos aseguramos de que sus datos no vayan a ninguna parte sin su consentimiento.

En cuanto a las nuevas capacidades de la inteligencia artificial, debemos ser transparentes sobre cuándo y cómo se aplica, quién la entrenó, con qué datos y de qué manera. ¿Refleja conocimientos profesionales? ¿Se han incorporado sesgos involuntarios? Debemos explicar por qué sus algoritmos toman las decisiones que toman. Si una empresa no puede hacerlo, sus productos no deberían estar en el mercado.

Por último, también tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que las nuevas olas tecnológicas no dejen a nadie atrás. Eso significa invertir en formación moderna para desarrollar competencias y garantizar que la fuerza laboral mundial tenga los conocimientos y la experiencia necesarios para trabajar en colaboración con tecnologías como la IA o la cadena de bloques, y esté preparada para los empleos de «nuevo cuello» que creará esta era. También significa construir un nuevo paradigma educativo que incluya una estrecha conexión entre el empleo y la escuela, una renovada atención a los aprendizajes profesionales y formación continua más allá del diploma.

La economía de los datos y la IA está allanando el camino para nuevas innovaciones, un acceso más amplio a las oportunidades y soluciones a algunos de los problemas más apremiantes de la sociedad. Por eso insto a todos mis colegas líderes empresariales y gubernamentales a adoptar principios de gestión responsable de los datos y transparencia como los que he mencionado. En IBM los ponemos en práctica y creemos que son fundamentales para ganarnos la confianza del público. Si trabajamos juntos, podemos generar confianza en la economía digital y liberar de verdad todo su potencial.

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