El uso de la tecnología deepfake crece en volumen y sofisticación.
La concienciación y la vigilancia son nuestras mejores armas contra esta amenaza.
Estas tecnologías pueden ser inteligentes, pero no son humanas. Nosotros sí lo somos.
Justo cuando creía que la vida moderna no podía volverse más extraña, apareció un vídeo durante los meses previos a las recientes elecciones en el Reino Unido, en el que el primer ministro Boris Johnson parecía respaldar a su rival político, Jeremy Corbyn.
«Parecía» es la palabra clave aquí, porque en realidad este fue solo uno de los ejemplos más recientes de una larga serie de deepfakes: clips de vídeo y audio en los que la inteligencia artificial simula a personas reales haciendo cosas irreales.
Por supuesto, los seres humanos llevan siglos fingiendo. Desde tatuajes y piercings hasta maquillaje artístico y pelucas, nos encanta alterar nuestra apariencia y entregarnos a un poco de fantasía. Mi pequeño secreto durante años fue que llevaba lentillas de color verde. Las necesitaba por miopía; el color era una elección puramente personal. Y, ¿quién puede afirmar con seriedad que nunca ha probado un filtro de Instagram?
Pero hay un lado más oscuro en esta historia.
En un clima político cada vez más polarizado, sabotear a políticos mostrándolos en situaciones ficticias podría causar un daño personal y político devastador. El uso de deepfakes para crear pornografía es otra tendencia preocupante.
También podría empezar a causar daños reales a las empresas. Los ciberdelincuentes ya han engañado a una compañía para que realizara una transferencia bancaria de 234 000 dólares utilizando una réplica de la voz de su director general generada con IA mediante un deepfake. Y quién sabe cuántos otros casos no han salido a la luz.
Hace poco, uno de los miembros de mi equipo recibió un mensaje de voz por WhatsApp de alguien que se hacía pasar por nuestro socio director. Otros recibieron un correo electrónico, supuestamente enviado por mí, en el que se pedía realizar una transferencia bancaria. En ambos casos, los intentos de suplantación de identidad (phishing) no tuvieron éxito, pero fue el instinto humano, y no los controles de seguridad formales, lo que evitó el problema.
Entonces, ¿cómo podemos protegernos, como particulares y como organizaciones, de los ataques con deepfakes?
Todo se reduce a estar muy alerta. Las organizaciones pueden contribuir asegurándose de que sus empleados participen en un programa exhaustivo de concienciación en ciberseguridad, que se actualice con frecuencia para informarles sobre las amenazas más recientes y sobre cómo reaccionar. A continuación, le presentamos algunos aspectos en los que conviene pensar.
1. Elija con prudencia sus fuentes de información
Ha aumentado el uso de las redes sociales como fuente de noticias, especialmente entre las personas más jóvenes, lo cual no sorprende, dado que han crecido con los medios digitales. Mientras tanto, en países no occidentales como Brasil, Malasia y Sudáfrica, WhatsApp se ha convertido en la principal red para compartir y comentar noticias.
En ambos escenarios, las personas verán una mezcla de noticias auténticas, noticias falsas y opiniones subjetivas presentadas como hechos, a veces procedentes de fuentes fidedignas y otras veces de bots.
Quizá por eso el informe enlazado más arriba también revela que el 55 % de los encuestados se preocupa por su capacidad para distinguir en internet lo que es real de lo que es falso, mientras que el 26 % afirmó haber empezado a confiar en fuentes de noticias «más fiables». Por supuesto, lo que se considera fiable sigue siendo muy subjetivo, así que si busca un análisis claro y basado en pruebas de una noticia, los sitios de verificación de datos como Snopes son probablemente el recurso más útil.
2. Tenga cuidado con la información que comparte en internet
No diría que soy imprudente con mi perfil en internet, pero, como muchas personas, hago ciertas cosas sin pensarlas demasiado, porque hoy en día son lo habitual y la comodidad gana a la precaución. Mi marido, en cambio, no quiere saber nada de nada y es extremadamente cuidadoso con cualquier información que publica. Incluso eliminó su cuenta de Facebook y se disgustó cuando una fotografía suya apareció en Google.
Probablemente tenga razón en su enfoque. Es sumamente importante asegurarse de que se puede confiar en cualquier organización que tenga presencia en internet. Existen muchos consejos disponibles, como esta publicación de la empresa de seguridad ASecureLife.
Otra medida recomendable de forma periódica es buscar su nombre en Google, y también el de sus hijos si los tiene, para hacerse una idea de su huella digital. Lo mismo vale para cualquier cuenta que haya creado, por ejemplo, para comprar algo en línea. Probablemente se sorprenderá por la cantidad de sitios que almacenan información sobre usted. Si hay algo inactivo, no lo deje simplemente ahí: solicite que se elimine.
3. Realice la prueba «¿Persona real o bot?»
Aunque los bots son cada vez más capaces, hay algo que todavía no han logrado: parecer humanos de forma convincente. Piense en la última vez que utilizó el chat de atención de una marca: probablemente pudo saber por el lenguaje si se trataba de un chatbot o de una persona. Intuimos de manera natural qué suena bien y cómo hablan y escriben las personas reales.
La mayoría de las personas tienden a escribir mensajes de forma fragmentada, así que si solo recibe respuestas completas y formales, probablemente sea una señal, al igual que recibir la misma respuesta más de una vez o contestaciones extremadamente rápidas. Incluso cuando nos reímos con «LOL» o nos comunicamos con emojis, las personas tardamos más de un instante en redactar y enviar lo que queremos decir, sobre todo cuando buscamos un emoji que no existe.
Qué hace el Foro Económico Mundial en materia de ciberseguridad
El Centro para la Ciberseguridad ofrece una plataforma de confianza en la que los líderes se reúnen para comprender los riesgos cibernéticos en evolución y sus implicaciones sistémicas. Se centra en generar comprensión y confianza en un mundo digital cada vez más interconectado.
Al facilitar la colaboración intersectorial y el intercambio de conocimientos, el Centro ayuda a sus socios a fortalecer la ciberresiliencia y a afrontar retos que requieren respuestas colectivas.
¿Qué deben hacer los líderes?
Los ataques con deepfakes son probablemente lo más siniestro que hemos experimentado hasta ahora. Si no conoce a la persona que están suplantando, ¿cómo va a saber que es falsa? Para mí, esto confiere a las organizaciones una responsabilidad aún más importante que cualquier medida de ciberseguridad que tengan implantada.
Corresponde a cualquier persona con autoridad para tomar decisiones financieras u otras decisiones empresariales importantes darse a conocer de una forma muy auténtica ante los empleados. Eso significa salir al encuentro de la gente, hablar con ella, estar presente en la empresa, escucharse mutuamente y dejar que perciban quién es realmente. Significa no ocultar nada ni tratar de ser algo que no se es. Y significa fomentar una cultura de apertura genuina, de modo que las personas se sientan cómodas cuestionando algo que no les parece correcto, incluso si aparentemente procede de una fuente de autoridad.
Numerosas investigaciones ya han demostrado los beneficios de este tipo de enfoque. En cualquier caso, cuanto mejor conozcan los empleados a la persona real que hay detrás, menor será el riesgo de que los engañen los impostores. Porque, aunque los imitadores sean astutos y los deepfakes estén diseñados para resultar convincentes, al final del día no son auténticos. Nosotros sí.

