Diversos factores, como las tecnologías emergentes y las tensiones geopolíticas, están complicando el panorama de la ciberseguridad.
La creciente complejidad del ciberespacio fue uno de los principales temas de debate en la Reunión Anual 2025 en Davos, Suiza.
Mediante la colaboración y la innovación continuas, podemos trabajar para lograr un futuro en el que la ciberseguridad se convierta en una fuente de fortaleza en lugar de vulnerabilidad.
Al comenzar 2025, nuestro último Panorama Global de la Ciberseguridad revela una convergencia sin precedentes de desafíos que están transformando el panorama de la seguridad digital.
Aunque la complejidad del entorno cibernético actual resulta abrumadora, el Centro de Ciberseguridad del Foro Económico Mundial debe centrarse en traducirla en medidas concretas que las organizaciones puedan aplicar para reforzar su resiliencia.
La creciente brecha de desigualdad cibernética
La preocupación más urgente que se desprende de nuestra investigación es la creciente desigualdad cibernética entre quienes tienen recursos y quienes carecen de ellos. Esta disparidad se manifiesta en tres dimensiones fundamentales, cada una con sus propios desafíos e implicaciones para la resiliencia cibernética global.
En primer lugar, la brecha entre las organizaciones grandes y pequeñas ha alcanzado proporciones alarmantes. Mientras las empresas más grandes siguen reforzando sus defensas cibernéticas, el 35% de las organizaciones pequeñas afirma ahora que su resiliencia cibernética es insuficiente, un aumento de siete veces desde 2022. Esta disparidad resulta especialmente preocupante porque las organizaciones pequeñas suelen constituir eslabones fundamentales de las cadenas de suministro globales, por lo que sus vulnerabilidades pueden convertirse en puntos de entrada para atacantes que tienen como objetivo a empresas más grandes.
En segundo lugar, la brecha entre los mercados desarrollados y en desarrollo sigue ampliándose. Mientras que solo el 15% de las organizaciones de Europa y Norteamérica carece de confianza en la preparación de sus países para responder a incidentes cibernéticos graves, la cifra asciende al 36% en África y al 42% en América Latina. Esta disparidad geográfica genera vulnerabilidades sistémicas que los adversarios pueden aprovechar y que podrían afectar a la infraestructura digital global.
En tercer lugar, observamos importantes diferencias en la madurez cibernética entre los distintos sectores industriales. El sector público parece especialmente vulnerable: el 38% de las personas encuestadas considera inadecuada su resiliencia, frente a solo el 10% de las organizaciones privadas medianas y grandes. Esta desigualdad sectorial crea brechas peligrosas en nuestra defensa colectiva.
Economía de la ciberseguridad y riesgos de la cadena de suministro
La relación entre la ciberseguridad y la estabilidad económica nunca ha sido tan evidente. Como se observó en los recientes debates del Foro Económico Mundial durante la Reunión Anual 2025 en Davos, la protección de las infraestructuras críticas se ha convertido en una preocupación primordial.
En una sesión pública sobre Defender las primeras líneas del ciberespacio, Joe Kaeser, presidente de Siemens Energy, relató el incidente de Stuxnet e ilustró los complejos desafíos que afrontan las empresas cuando sus componentes se convierten, sin saberlo, en participantes de operaciones cibernéticas patrocinadas por Estados. El incidente también pone de relieve la necesidad de una mejor coordinación entre los sectores público y privado.
Las vulnerabilidades de la cadena de suministro también han surgido como un desafío prioritario: el 54% de las grandes organizaciones las identifica como el mayor obstáculo para lograr la resiliencia cibernética. La complejidad de las cadenas de suministro modernas, sumada a la creciente interconexión digital, crea innumerables puntos sistémicos de fallo que pueden tener consecuencias de gran alcance para las organizaciones y las economías.
La paradoja de la seguridad de la IA y las amenazas emergentes
Nuestra investigación ha identificado una paradoja llamativa en la forma en que las organizaciones abordan la inteligencia artificial y la ciberseguridad. Aunque dos tercios de las organizaciones reconocen que la IA puede tener un impacto significativo en la ciberseguridad, apenas algo más de un tercio ha implantado procesos adecuados para evaluar la seguridad de las herramientas de IA antes de implementarlas. Esta brecha entre el reconocimiento y la preparación genera vulnerabilidades importantes, ya que las organizaciones se apresuran a adoptar tecnologías de IA sin controles de seguridad adecuados.
Por otro lado, las tecnologías de IA pueden aumentar la eficacia de las actividades delictivas cibernéticas y permitir economías de escala. Los deepfakes y el vishing también pueden contribuir significativamente a la proliferación del fraude, como lo demuestran varios casos del último año.
La naturaleza cambiante de los conflictos cibernéticos añade otra capa de complejidad. Como observó en Davos Matthew Prince, director ejecutivo de Cloudflare, pese a las previsiones de una escalada masiva de los ciberataques, hemos visto surgir entre las principales potencias una forma de disuasión similar a la disuasión nuclear, basada en el temor a la destrucción mutua asegurada. Sin embargo, esta dinámica beneficia principalmente a las naciones más grandes y deja más expuestos a los países y las organizaciones pequeños.
Normas y cooperación internacionales
Los desafíos a los que nos enfrentamos exigen niveles de cooperación internacional sin precedentes. Durante los debates en Davos, Mirjana Spoljaric Egger, presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, destacó que los principios del derecho internacional humanitario ya proporcionan un marco para una conducta responsable en el ciberespacio. Estas normas existen y se aplican a las operaciones cibernéticas, especialmente en lo que respecta a la protección de las infraestructuras civiles y los servicios esenciales.
Sin embargo, la implementación sigue siendo un desafío, lo que pone de manifiesto la necesidad de un marco que establezca reglas de actuación más claras en el ciberespacio y respete los distintos sistemas políticos.
En una sesión de Davos sobre Cómo abrirse paso entre la complejidad cibernética, Hoda Al Khzaimi, vicerrectora adjunta de Investigación, Transferencia de Conocimiento y Emprendimiento de la Universidad de Nueva York en Abu Dabi, señaló que los atacantes suelen tener mayor agilidad y acceso a la información, mientras que las regulaciones para contrarrestar estas amenazas siguen desalineadas. Las personas expertas participantes sostuvieron que la colaboración entre gobiernos, organismos y el sector privado es esencial para abordar estos desafíos de ciberseguridad.
De la complejidad a la acción
Aunque los desafíos a los que nos enfrentamos son complejos, nuestra respuesta debe centrarse en medidas concretas y viables. A partir de nuestra investigación y de nuestro trabajo con líderes de todo el mundo, recomendamos que las organizaciones den prioridad a lo siguiente:
Reforzar los controles de seguridad de la IA: En Davos, el Foro publicó un documento técnico titulado IA y ciberseguridad: equilibrar riesgos y beneficios, para ayudar a las organizaciones a comprender los principales riesgos de seguridad asociados con la adopción de la IA. El documento, elaborado en colaboración con la Universidad de Oxford, insta a las organizaciones a identificar los posibles riesgos y vulnerabilidades; evaluar los posibles efectos negativos; sopesar el riesgo residual frente a los posibles beneficios; y repetir las medidas de mitigación durante todo el ciclo de vida de la IA.
Desarrollo del talento: El sector de la ciberseguridad afronta una escasez crítica de profesionales cualificados. Esto representa tanto un desafío como una oportunidad, ya que la ciberseguridad se ha convertido en uno de los mercados laborales de más rápido crecimiento a nivel mundial, solo por detrás de la inteligencia artificial. Aunque algunas personas siguen siendo escépticas respecto a sus implicaciones, muchas consideran que la IA es una herramienta para potenciar y ampliar las capacidades de la fuerza laboral. Un documento técnico del Foro, Marco estratégico para el talento en ciberseguridad, ofrece enfoques prácticos para que los sectores público y privado formen y mantengan una fuerza laboral cualificada en ciberseguridad.
Resiliencia de la cadena de suministro: Las organizaciones deben ir más allá de las evaluaciones periódicas e implantar una supervisión continua y la colaboración con sus socios. Esto incluye compartir información sobre amenazas y buenas prácticas en todo el ecosistema. El Centro de Ciberseguridad sigue impulsando estos debates para promover la resiliencia cibernética junto con socios y comunidades de diversos sectores.
Evaluación del impacto económico: Las empresas deben desarrollar modelos más sofisticados para evaluar los costes directos e indirectos de posibles incidentes de ciberseguridad e incorporar estas evaluaciones a sus marcos de gestión de riesgos. Centrado en la intersección entre la ciberseguridad y la economía, el Foro Económico Mundial puso en marcha el Centro de Economía Cibernética de Riad para ofrecer a quienes toman decisiones en los sectores público y privado información sobre cómo reforzar la resiliencia económica global frente a las ciberamenazas.
Alianzas intersectoriales: Es esencial establecer alianzas más sólidas entre los sectores público y privado, en particular para promover la equidad cibernética en las organizaciones pequeñas y los mercados en desarrollo, a fin de defenderse de las ciberamenazas. La Alianza contra la Ciberdelincuencia promueve la cooperación público-privada para combatir la ciberdelincuencia y sirve como plataforma para compartir conocimientos y explorar continuamente enfoques que impulsen una colaboración eficaz contra la ciberdelincuencia.
El camino a seguir
Mientras navegamos por este complejo panorama, debemos mantener el foco en traducir la complejidad en acciones prácticas. El Centro de Ciberseguridad del Foro sigue facilitando la colaboración entre organizaciones de los sectores público y privado en todo el mundo. A través de sus diversas iniciativas, trabaja para comprender y abordar mejor las dimensiones económicas de la ciberseguridad, al tiempo que promueve un acceso más equitativo a las capacidades de defensa cibernética.
La convergencia de las tensiones geopolíticas, los avances tecnológicos y las presiones económicas ha creado una complejidad sin precedentes en el ciberespacio. Sin embargo, esta complejidad no debe paralizarnos. Debe motivarnos a tomar medidas concretas que refuercen nuestra seguridad colectiva. Como hemos visto en nuestros debates con líderes de todo el mundo, existen soluciones, pero requieren acciones coordinadas y un compromiso sostenido de todas las partes interesadas.
De cara al futuro, debemos centrarnos en construir un futuro digital más inclusivo y resiliente. Esto implica no solo reforzar nuestras defensas técnicas, sino también garantizar una distribución más equitativa de los beneficios de la ciberseguridad entre organizaciones, sectores y regiones.
Mediante la colaboración y la innovación continuas, y el compromiso de abordar las desigualdades cibernéticas, podemos trabajar para lograr un futuro en el que la ciberseguridad se convierta en una fuente de fortaleza en lugar de vulnerabilidad en nuestro mundo cada vez más conectado.
