El Informe de riesgos globales 2022 refleja las opiniones de miles de expertos de todo el mundo.
El cambio climático y otras preocupaciones medioambientales dominan la lista de los riesgos más graves.
Pero las amenazas en el ciberespacio, el metaverso y el espacio exterior también son muy reales.
Según el Informe de riesgos globales anual del World Economic Forum, el cambio climático es el principal riesgo que afrontamos como especie. En este episodio de Radio Davos analizamos cómo podría ser una «transición desordenada» hacia las cero emisiones netas, y examinamos también los nuevos riesgos que plantea la tecnología, que cambia rápidamente.Informe de riesgos globales.
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Esta es la transcripción del episodio:
Robin Pomeroy: Bienvenidos a Radio Davos, donde hablamos de riesgos. Tras dos años de COVID-19, la mayoría estaría de acuerdo en que quizá el mundo subestimó los riesgos que entrañaba un nuevo virus capaz de causar una pandemia. Entonces, ¿cuál es ahora nuestra actitud? Cada año, el World Economic Forum elabora un informe de riesgos globales y pregunta a miles de personas de su extensa red en el ámbito académico, empresarial, gubernamental y de la sociedad civil cuáles consideran que son los mayores riesgos que afrontamos, a corto, medio y largo plazo. Pueden leer el informe en el sitio web del World Economic Forum y ver una presentación de sus conclusiones.
El informe se elaboró con la participación de Marsh McLennan, SK Group y Zurich Insurance Group. En el programa me acompañan hoy dos expertos en riesgos. Más adelante, Carolina Klint, responsable de gestión de riesgos para Europa continental en Marsh, se unirá a mí para hablar de los riesgos que plantean los avances tecnológicos. Pero primero, nos acompaña Peter Giger, director de riesgos del grupo en Zurich Insurance Group.
Robin Pomeroy: Hola, Peter. ¿Cómo estás?
Peter Giger: Hola, buenas tardes, Robin. Estoy bien. ¿Y tú?
Robin Pomeroy: Muy bien, gracias. Gracias por acompañarnos. Veamos algunas de las cifras principales. Escuchemos a Saadia Zahidi, directora gerente del World Economic Forum, durante la presentación del Informe de riesgos globales, a la que también asististe.
El 84 % de las personas que respondieron a la encuesta dijeron estar «preocupadas» o «inquietas» por las perspectivas del mundo. Menos del 4 % se mostraba optimista.
Saadia Zahidi (durante la presentación): Para empezar, está muy claro que la confluencia de todos los factores que se han unido y de los desafíos a los que nos enfrentamos actualmente está dando lugar a unas perspectivas bastante pesimistas. El 84 % de las personas que respondieron a la encuesta dijeron estar preocupadas o inquietas por las perspectivas del mundo. Menos del 4 % se mostraba optimista respecto a las perspectivas mundiales.
Pedimos a la gente que repasara los dos últimos años de pandemia e identificara qué riesgos habían empeorado desde que comenzó la crisis de la COVID-19. Y está muy claro que, por encima de todo, la cohesión social se ha erosionado. Existe una profunda preocupación por las crisis de los medios de vida. También preocupa la falta de acción climática, el deterioro de la salud mental y, por último, los fenómenos meteorológicos extremos. Estos cinco riesgos destacan claramente.

También preguntamos cuándo se convertirían algunos de estos riesgos en una amenaza crítica para el mundo. En los próximos dos años, sigue habiendo una profunda preocupación tanto por el clima como por la situación social. Por ejemplo: fenómenos meteorológicos extremos, crisis de los medios de vida, falta de acción climática y enfermedades infecciosas; por supuesto, la pandemia no ha terminado. Y, también, la erosión de la cohesión social. Por otro lado, si miramos a los próximos 5-10 años, los cinco riesgos principales son medioambientales: falta de acción climática, fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, crisis de los recursos naturales y daños medioambientales causados por el ser humano.
En el periodo intermedio, de aquí a 2-5 años, preocupa el clima y también la situación social, pero además existe preocupación por los fallos de ciberseguridad. También inquietan los enfrentamientos geoeconómicos. Así que empieza a verse una mezcla de cuestiones que conectan el corto plazo con el largo plazo.
Robin Pomeroy: Saadia Zahidi, del World Economic Forum, ha hablado de algunas de las cifras principales del informe. Ahora me acompaña Peter Giger, de Zurich Insurance. Peter, me gustaría centrarme en lo que escribiste para la Agenda del World Economic Forum en una entrada de blog que publicamos. El titular era «La transición «desordenada» hacia las cero emisiones netas ya está aquí y es hora de asumirla». Es un titular muy curioso. Una idea curiosa. ¿Podrías explicarnos cuál es tu tesis?
Peter Giger: Partimos de la premisa de que transformar la economía mundial en una economía neutra en carbono es, en todos los sentidos, una revolución industrial, como hemos visto con la digitalización y en muchos otros casos. Es muy poco probable que un cambio de semejante magnitud y complejidad sea ordenado y fluido. Por eso, creo que lo mejor es aceptar desde el principio que no será un camino de rosas: habrá contratiempos y tensiones. Y, además, habrá muchas incógnitas, tanto positivas como negativas. Pensemos, por ejemplo, en la digitalización. Hace treinta años ya veíamos venir ese cambio, antes incluso de que nadie hablara de los teléfonos inteligentes. Hoy esos teléfonos dominan el mundo. Así que esperamos que ocurra lo mismo con la descarbonización: surgirán nuevas tecnologías que darán forma al mundo de aquí a 2050, aunque hoy todavía no sepamos cuáles serán.

Robin Pomeroy: Esto toca el núcleo de lo que este informe de riesgos identificó como el principal riesgo y, de hecho, los cinco principales, como acabamos de oír a Saadia, son medioambientales: el cambio climático, los riesgos para la biodiversidad u otras formas de daño medioambiental. Se supone que debemos limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius. En cambio, nos dirigimos a 2,4 grados Celsius y, hasta en los escenarios más optimistas, solo llegaremos a 1,8 grados Celsius según lo que los políticos tienen ahora sobre la mesa. Debemos alcanzar las cero emisiones netas; básicamente, dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera para 2050. Eso significa reducirlas a la mitad en esta década. Dicho así, parece bastante sencillo. Pero cuando uno se pregunta cómo demonios se puede lograr, planteas que pensar que el proceso vaya a ser ordenado, sobre todo en esta etapa tan avanzada, es una quimera. Esa sería la parte negativa. En la positiva, pareces sugerir que, aunque sea desordenado, quizá aún podamos conseguirlo. ¿Significa eso que eres optimista en cierto modo?
Peter Giger: Primero, permíteme señalar que, en última instancia, el mundo será neutro en carbono porque los recursos energéticos basados en el carbono son finitos. Es algo bien conocido y entendido. Sí, durarán más allá de 2050. Así que la única pregunta es si destruiremos el planeta antes de agotar las fuentes de carbono. No es un escenario muy inteligente, pero, lamentablemente, aún es posible que acabemos así. Lo que sugerimos sobre la transición es que, cuanto más esperemos, más evidentes serán las consecuencias negativas del calentamiento continuo y mayor será la presión para apresurarnos y llegar, de algún modo, a la meta. Cuanto más tiempo tienes para prepararte para algo en la vida, más probable es que lo consigas sin sobresaltos. Y eso es lo que vemos en esta trayectoria de transición. Hay un riesgo importante. Hemos visto varios casos en que los precios de la energía reaccionaron a acontecimientos repentinos y la respuesta de los consumidores a esos impactos fue enorme, porque entonces la gente queda a merced de las circunstancias. No cambias la calefacción de gas de un día para otro. Creo que la previsibilidad y el horizonte temporal son probablemente la responsabilidad más importante de los políticos: orientar y guiar al mundo para que la adaptación sea fluida.
La forma más sencilla de estimular la economía para un futuro neutro en carbono sería ofrecer señales de precios fiables que indiquen que el precio del carbono aumentará.
Robin Pomeroy: Hablas de las actuales subidas bruscas de los precios de la energía y dices que podría haber muchas más en los próximos años y décadas.
Peter Giger: Bueno, la forma más sencilla de estimular la economía para un futuro neutro en carbono sería ofrecer señales de precios fiables que indiquen que el precio del carbono aumentará, no hoy, sino en el futuro, porque eso reorientaría las inversiones de inmediato. Para cuando suba el precio en sí, el impacto será mucho menor. Si no aprovechamos esa oportunidad, probablemente acabaremos en un escenario en el que habrá que imponer subidas de precios con muy poca antelación, y eso tendrá todas las consecuencias negativas.
Robin Pomeroy: Históricamente, los precios del petróleo y el gas fluctúan muchísimo, ¿verdad?, a veces en periodos muy, muy cortos. Lo que dices es que, si el coste del carbono se incorporase gradualmente a los precios de la energía, la transición sería algo más ordenada. Lo sabríamos: en lugar de enfrentarnos a una duplicación del precio del gas o algo parecido, habría una transición más ordenada.
Peter Giger: Sí, y un periodo de precios elevados del petróleo también ha demostrado lo rápido que reacciona la economía en sus decisiones de inversión. De hecho, disminuyó el consumo de combustible de los vehículos nuevos. Respondió al aumento del precio del petróleo. Es una clara señal de que la lógica económica funciona, y uno se pregunta por qué no se aplica mejor en este proceso.
Robin Pomeroy: Pero en cuanto esos precios vuelven a desplomarse, todo el mundo disfruta de energía barata. Eso es lo que ha ocurrido durante las últimas décadas.
Peter Giger: Así es. Pero demuestra claramente que el mecanismo funciona. Entonces la pregunta es: ¿tenemos la voluntad política de aplicarlo de la manera más eficaz, es decir, con una perspectiva de medio a largo plazo?
Robin Pomeroy: Has logrado incluir en tu blog un montón de ideas muy interesantes en un espacio admirablemente breve. Algunos efectos de una transición desordenada son, obviamente, medioambientales. Pero también mencionas cosas como que, de algún modo y de forma caótica, nos alejaremos muy deprisa de los combustibles fósiles. Tenemos que hacerlo rápidamente. Pero, si el proceso es caótico, dices: «Más de 8 millones de empleos podrían perderse solo en los sectores de los combustibles fósiles para 2050. También cabe esperar efectos en el transporte, la agricultura y la industria pesada, así como amplias repercusiones económicas y sociales».
Es algo muy grave, ¿verdad?
Peter Giger: Sí. La historia ha demostrado que todas las revoluciones industriales han destruido muchos empleos. Si eras un criador de caballos, los motores de combustión no eran bienvenidos. Pero cada revolución industrial ha creado más empleos de los que destruyó. Para mí, esa es una fuente fundamental de optimismo. Tras ese doloroso proceso, el mundo siempre salió mejor parado. ¿Quién querría volver a la época anterior a los ordenadores y los motores de combustión? En definitiva, propongo adoptar una perspectiva optimista y permitir el cambio. Creo que uno de los riesgos es que, sobre todo en Europa occidental, existe lo que yo llamaría conservadurismo estructural. La pandemia lo ha demostrado. Hemos visto muchos países en los que hubo menos quiebras empresariales durante la pandemia que en años normales, algo totalmente contrario a la intuición. Y creo que la capacidad de permitir que las empresas quiebren es fundamental en un proceso de transición.
Robin Pomeroy: Dices que corremos el riesgo de una transición caótica y luego añades «o desordenada». Parece que has elegido la palabra «desordenada» porque asusta un poco menos que «caótica». También me recuerda a la palabra «disrupción», que en Silicon Valley se considera algo positivo, ¿verdad?: «Vamos a transformar la economía». Pero, como hemos mencionado, algunas de esas disrupciones o parte de ese desorden podrían ser muy dolorosos para mucha gente. Entonces, ¿dónde están las oportunidades en esta transición disruptiva o desordenada?
Todos deben pensar en cómo seguir siendo relevantes en un mundo neutro en carbono.
Peter Giger: Bueno, para empezar, creo que el mundo no necesitará menos energía, así que habrá que desarrollar fuentes alternativas. Eso ya es un negocio en sí mismo, y hemos visto con los paneles solares cómo puede funcionar: esa es una fuente. El mundo seguirá queriendo desplazarse, así que habrá que encontrar la manera de ofrecer movilidad. Es muy probable que dentro de 20 o 30 años las soluciones sean estructuralmente muy distintas de las actuales. Todo esto implica nuevas oportunidades de negocio, mientras que las antiguas desaparecerán. Hay ejemplos famosos en la historia: nadie quiere ser Kodak. Y, sin embargo, las empresas siguen sin subirse al tren y acaban convirtiéndose en Kodak, quedan obsoletas. Desde el punto de vista empresarial, creo que esa es la clave. Todos deben pensar en cómo seguir siendo relevantes en un mundo neutro en carbono. El transporte es un ejemplo clásico. Actualmente, es un sector con un alto consumo de carbono, pero eso no está escrito en piedra. Hay otras alternativas.
Robin Pomeroy: Es una propuesta fascinante. Pero el caso de Kodak consistió en que, de repente, aparecieron las cámaras digitales y la gente quería las fotos al instante; ya nadie quería enviar un carrete para que lo revelaran. En cuanto al combustible, al quemar combustibles fósiles se obtiene calor. Y con ese calor se puede generar electricidad; quizá sea muy barata, sobre todo si los países más ricos dejan de usarlo. Un trozo de carbón seguirá siendo un trozo de carbón, a menos que se prohíba o se le ponga un precio que lo excluya del mercado. En algún lugar del mundo alguien querrá quemar ese carbón por la utilidad que ofrece. Una cámara de carrete antigua solo sirve ya para un museo, pero el carbón, el petróleo y el gas seguirán proporcionando calor, luz y electricidad durante décadas.
Peter Giger: Por eso es muy importante asignar un precio justo al impacto de la quema. Creo que esas señales de precios serían mucho más eficaces que acabar teniendo que prohibirla. Ese es el otro escenario: prohibir ciertas cosas. Es el enfoque de exclusión, el enfoque regulatorio. Creo que es una actitud defensiva y, como siempre en la vida, las actitudes defensivas son menos convenientes desde el punto de vista de la creación de riqueza.
Robin Pomeroy: Para hablar de algunos aspectos del Informe de riesgos, me acompaña Carolina Klint, responsable de gestión de riesgos para Europa continental en Marsh, una empresa que ofrece servicios de seguros y gestión de riesgos. Carolina, gracias por acompañarme.
Carolina Klint: Gracias por invitarme.
Robin Pomeroy: Escribiste una entrada de blog muy interesante para el sitio Agenda del World Economic Forum. El titular dice: Tres áreas de riesgo global que exigen una acción cósmica: el espacio, el metaverso y el planeta Tierra. No podrías haber elegido tres temas más atractivos para esos titulares principales. ¿Por qué te llamaron la atención en el informe?
Carolina Klint: Gracias. Sí, creo que los elegí porque tienen una visión muy orientada al futuro. Y creo que el objetivo del Informe de riesgos globales es ayudar a los líderes empresariales, los gobiernos y, en realidad, a cualquier persona interesada en adoptar una perspectiva a largo plazo sobre un panorama de riesgos en constante evolución y lo que se avecina. Al leer el informe, pensé: «De acuerdo, escojamos tres temas muy orientados al futuro que quizá no estén en la agenda de muchos». Me pareció interesante.
Robin Pomeroy: Durante los últimos dos años hemos hablado mucho de que no habíamos tenido muy en cuenta el riesgo de pandemia. Todos conocíamos los riesgos. Por supuesto, los expertos en pandemias nos llevaban años diciendo: «Hay que prepararse para una pandemia». Y podría decirse que no hicimos lo suficiente. Pero en tu artículo sostienes que la pandemia ha aumentado otros riesgos, como los relacionados con la tecnología, porque ahora dependemos mucho más de ella. Tú y yo estamos hablando a través de una plataforma como Zoom; millones, quizá miles de millones de personas, lo han usado mucho más en los últimos dos años que antes. Y eso es solo un aspecto de nuestra mayor dependencia de la tecnología. ¿Por qué crees que eso ha aumentado el riesgo?
[La digitalización] se ha construido muchas veces sobre una infraestructura tecnológica anticuada y, en ocasiones, sobre protocolos de red poco seguros. Esto, a su vez, ha provocado interrupciones en las cadenas de suministro y una mayor exposición a los ciberataques.
Carolina Klint: Bueno, creo que, para empezar, ya nos estábamos volviendo muy dependientes de la tecnología antes de la pandemia. Pero en los últimos dos años hemos visto una transformación digital muy acelerada, tanto en el sector público como en el privado. Las industrias se han digitalizado rápidamente, los trabajadores han pasado a trabajar a distancia cuando ha sido posible, y se han multiplicado las plataformas y los dispositivos que facilitan ese cambio. Creo que muchas empresas aún buscan replantearse su oferta y su forma de trabajar. La presión para seguir digitalizando y automatizando es incluso mayor que antes. Y debemos reconocer que esto se ha construido muchas veces sobre una infraestructura tecnológica anticuada y, en ocasiones, sobre protocolos de red poco seguros. Esto, a su vez, ha provocado interrupciones en las cadenas de suministro y una mayor exposición a los ciberataques. Además, ha abierto más vías de ataque para los actores maliciosos. En los últimos dos años hemos visto que el ransomware ha sido una amenaza cibernética especialmente característica. Y, como señala el Informe de riesgos globales, hemos llegado incluso al punto de que existe el ransomware como servicio.
Robin Pomeroy: ¿En qué sentido existe el ransomware como servicio?
Carolina Klint: El ransomware como servicio es básicamente una herramienta para delincuentes que no cuentan con capacidad propia, ya sea en términos de conocimientos especializados o de acceso a programas maliciosos. La subcontratan. Es increíble, ¿verdad?
Robin Pomeroy: Y el efecto en cadena, obviamente, es que eso aumenta el riesgo. Hay más exigencias de rescate y más intrusiones en los ordenadores de las personas y las empresas. En tu blog señalas que el precio de los seguros contra este riesgo ha aumentado un 204 % en un año y que, si la tendencia continúa, en pocos años serán completamente inasequibles. ¿Qué consecuencias tendrá esto? ¿Cómo van a hacer frente las empresas a este riesgo, que aumenta tan rápidamente?
Carolina Klint: Es un riesgo que aumenta rápidamente; tienes toda la razón. Los ciberataques no son nuevos, pero siguen intensificándose. Y eso, por supuesto, tendrá efectos en cadena. Creo que hay muchas medidas que las empresas pueden tomar para mejorar su resiliencia cibernética. Al mismo tiempo, hemos llegado al punto en que las aseguradoras recompensan a las empresas con planes de mitigación del riesgo cibernético bastante maduros y les permiten acceder a esa cobertura. En cambio, las empresas que aún están en una fase inicial y tienen dificultades para encontrar formas de mitigar el riesgo cibernético quizá no encuentren ninguna aseguradora dispuesta a aceptar el riesgo. Esa es la situación actual en cuanto a la evolución de este riesgo, que supone un enorme desafío para muchas empresas.
Robin Pomeroy: Hace unos meses, en Radio Davos, hablamos sobre ciberdelincuencia y ransomware con el responsable de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien señaló que las empresas están pagando rescates, y cantidades enormes. ¿Quiénes somos para decirles que no lo hagan si necesitan desbloquear su negocio, que ha quedado bloqueado? Pero eso provoca una inflación constante del rescate que se puede exigir. Los delincuentes saben que las empresas acabarán pagando.
Parte del problema de estos mayores riesgos, debidos a nuestra creciente dependencia de la tecnología, es entonces esa infraestructura anticuada. Otro ejemplo que mencionas en tu artículo es el metaverso, probablemente una de las palabras más de moda del último año. Dices también que, si el metaverso se desarrolla sin pensar en los riesgos que podría entrañar ni en cómo gestionarlos, podría convertirse en un lugar bastante caótico. ¿Podrías explicarlo un poco más? Quizá deberíamos empezar por explicar qué es el metaverso para quienes nos escuchan y aún no lo tienen muy claro.
Carolina Klint: Sí, de hecho, es estupendo empezar por ahí, porque creo que primero debemos hablar de qué es el metaverso. La forma más sencilla de explicarlo es esta: a lo largo de la historia hemos ido avanzando constantemente hacia medios cada vez más envolventes. Pasamos del texto a la fotografía y luego al vídeo. El metaverso es lo que viene después. Es una internet que no solo miras a través de una pantalla, sino en la que estás dentro. El metaverso es un mundo virtual tridimensional compartido —o incluso varios mundos—, interactivo, inmersivo y colaborativo. Así lo explicaría, si se entiende.
[El metaverso] ofrecerá a los ciberdelincuentes muchos más puntos de contacto que explotar [y] creará mayores oportunidades para la desinformación, el fraude y los deepfakes; además, plantea cuestiones sobre el acceso y la privacidad de los datos.
Robin Pomeroy: ¿Por qué estar en el metaverso sería más arriesgado que, por ejemplo, compartir mensajes en una aplicación de redes sociales? ¿Qué riesgos adicionales habría?
Carolina Klint: Sí. Cuando surja el metaverso, conectará aún más estrechamente a las personas, las empresas y los gobiernos, y veremos un aumento de las herramientas y plataformas digitales. Esto, a su vez, ampliará el número de puntos críticos de fallo de internet a escala mundial y también ofrecerá a los ciberdelincuentes muchos más puntos de contacto que explotar. Creo que eso es parte del fenómeno, pero también creará más oportunidades para la desinformación, el fraude y los deepfakes y, por supuesto, planteará cuestiones relacionadas con el acceso y la privacidad de los datos. Así que este desarrollo conlleva toda una serie de desafíos.
Robin Pomeroy: Lo de los deepfakes es muy interesante, ¿verdad? Porque ya ahora, cuando te bombardean —como nos pasa a veces a algunos— los troles, nunca sabes si se trata de una persona real o de algún tipo de bot. Si estás dentro del metaverso, eres un avatar o algo parecido, y la gente se te acerca allí, podrían parecerse exactamente a tu mejor amigo, ¿no?, o a alguien famoso, y no ser esa persona en absoluto. Parece ciencia ficción, y me pregunto cuántos años pasarán hasta que volvamos a escuchar esto y nos parezca... «Bueno, ¿por qué es extraño?». Ya sabes, esto podría ser algo cotidiano dentro de unos meses o unos años.
Carolina Klint: Así que este cambio y desarrollo podrían producirse antes de lo que pensamos. También creo que la pandemia lo ha acelerado, por así decirlo. Si pensamos en el paso al trabajo remoto y en que seguimos analizando cómo será el lugar de trabajo del futuro, muchas empresas están considerando ahora modelos híbridos, y creo que el metaverso podría cerrar la brecha, por así decirlo, y quizá sea el lugar donde trabajemos juntos en el futuro. Es muy emocionante ver cómo evoluciona.
Robin Pomeroy: Otro tema que está muy en boga y que has señalado en tu artículo es, por supuesto, el espacio, con la famosa película No mires arriba. El riesgo de que impacte un meteorito, que es de lo que trata la película, es real. Pero los riesgos que ustedes analizan son mucho más tangibles y probables, ¿verdad? ¿A qué riesgos nos enfrentamos en el espacio?
Nuestro planeta está rodeado por un auténtico vertedero de desechos espaciales de origen humano: tuercas y pernos, satélites averiados, depósitos de combustible vacíos. Y dado que estos objetos se desplazan alrededor de la Tierra a más de 18 000 millas por hora, es decir, a siete veces la velocidad de una bala, suponen una amenaza grave.
Carolina Klint: No hace tanto tiempo, considerábamos que el espacio era la última frontera, y ahora es tan accesible. En 2021, vimos un número récord de 145 lanzamientos orbitales al espacio en todo el mundo, y creo que hay 70 000 lanzamientos previstos para la próxima década.
Robin Pomeroy: Eso equivale a dos o tres por semana, más o menos, al ritmo actual: lanzamientos al espacio. Hace una o dos generaciones, la gente se reunía frente al televisor para ver un lanzamiento al espacio. Ahora es simplemente: «Ah, vamos a enviar un satélite pequeño. Allá vamos».
Carolina Klint: Así es. Y el turismo espacial por fin despegó. Vimos varios lanzamientos del sector privado, ¿verdad? Además, se anunció la primera estación espacial comercial y parece que estará operativa en 2024. Todo esto es muy emocionante, ¿verdad? Pero, al mismo tiempo, ahora tenemos que lidiar con marcos de gobernanza espacial obsoletos que están sometidos a una presión considerable; por eso, hay crecientes preocupaciones en materia de seguridad y, por supuesto, la amenaza de los desechos espaciales peligrosos. Como dices, se trata de un riesgo real. De hecho, hace muy poco, una prueba de un arma antisatélite dejó una nube de desechos en órbita que amenazaba no solo a la Estación Espacial Internacional, sino también a otros satélites vitales. Si un satélite resulta alcanzado, se verán afectadas las comunicaciones mundiales tal como las conocemos, que quedarán en riesgo. Así que debemos darnos cuenta de que nuestro planeta está rodeado por un auténtico vertedero de desechos espaciales de origen humano: tuercas y pernos, satélites averiados, depósitos de combustible vacíos. Y dado que estos objetos se desplazan alrededor de la Tierra a más de 18 000 millas por hora, es decir, a siete veces la velocidad de una bala, suponen una amenaza grave y también podrían representar un peligro medioambiental si caen a la Tierra sin desintegrarse al reingresar en la atmósfera.
No basta con tener en cuenta los riesgos cotidianos de hacer negocios. Hemos llegado a un punto en el que es fundamental planificar cómo ser resilientes ante lo inesperado.
Robin Pomeroy: Y supongo que el propio informe de riesgos podría ayudar a las empresas a hacer frente a estos riesgos.
Carolina Klint: Desde luego. Creo que el Informe sobre Riesgos Globales es un recurso excelente para las empresas, tanto para afrontar las tensiones que sigue generando la pandemia como para analizar la evolución del panorama de riesgos y lo que se avecina. No basta con tener en cuenta los riesgos cotidianos de hacer negocios. Hemos llegado a un punto en el que es fundamental planificar cómo ser resilientes ante lo inesperado.
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