En 2021, se estimó en 2,72 millones el déficit entre la oferta y la demanda mundial de profesionales de la ciberseguridad.
Las actuales brechas de competencias y capacidades en ciberseguridad representan una vulnerabilidad sistémica para la ciberresiliencia mundial.
Crear una fuerza laboral inclusiva en ciberseguridad será clave para abordar esta situación y construir un sistema de economía digital resiliente.
La brecha mundial de talento en ciberseguridad —el déficit entre la oferta y la demanda de profesionales de la ciberseguridad— se estimó en 2,72 millones en 2021. Esto supone una mejora notable respecto de 2020, cuando se estimó que la necesidad de talento en ciberseguridad ascendía a 3,12 millones.
Aunque esto supone un paso en la dirección correcta, se prevé que la demanda de profesionales cualificados en ciberseguridad siga creciendo en el futuro previsible, a medida que el mercado de la ciberseguridad alcance un valor de más de 370.000 millones de dólares para 2029.
La demanda se ve impulsada principalmente por la creciente digitalización y proliferación de tecnologías digitales: desde la informática personal (por ejemplo, dispositivos ponibles y tecnologías de aumento de las capacidades humanas), los electrodomésticos y dispositivos (por ejemplo, la domótica y los asistentes digitales), el internet de las cosas y las infraestructuras digitales de las ciudades inteligentes, hasta el crecimiento previsto de la infosfera en línea y el metaverso.
Las tecnologías digitales ofrecen oportunidades para el desarrollo socioeconómico y se reconocen como un medio para implementar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Sin embargo, también plantean importantes riesgos mundiales, como señala el Informe de Riesgos Globales del FEM, y representan una oportunidad cada vez más rentable para actores maliciosos que amenazan la seguridad.
A modo de ejemplo, se estima que el costo de la ciberdelincuencia asciende a 6 billones de dólares en 2021 y se prevé que crezca un 15 % anual durante los próximos cinco años. Además, las exigencias de extorsión y los pagos por ransomware han aumentado de forma constante.
No solo aumenta la frecuencia de las ciberamenazas, sino también su novedad, variedad, sofisticación, impacto y escala. Estas amenazas se manifiestan a escala transnacional, lo que exige capacidad de coordinación multilateral, mundial y entre múltiples partes interesadas para resolverlas eficazmente.
En este contexto, el aumento de la demanda de profesionales de la ciberseguridad es evidente. Sin embargo, es importante considerar la brecha de talento no solo en función de las cifras generales de oferta y demanda, sino también teniendo en cuenta las dimensiones múltiples de las capacidades de ciberseguridad.
1. Brecha entre la oferta y la demanda
El déficit entre la oferta y la demanda es la dimensión compuesta de las brechas de competencias en ciberseguridad que suele destacarse. Solo en la región de Asia-Pacífico se necesitan alrededor de 1,42 millones de profesionales de la ciberseguridad. Se han realizado esfuerzos para reducir esta brecha en las distintas vías de desarrollo de competencias: desde las instituciones tradicionales de educación superior y los organismos de desarrollo profesional y certificación, hasta los programas internos de mejora de las competencias.
Aunque hay un esfuerzo claro por reducir esta brecha general entre la oferta y la demanda, es necesario aumentar las matriculaciones en programas de ciberseguridad en las distintas vías de formación. También hace falta un esfuerzo coordinado entre múltiples partes interesadas para determinar las necesidades en contextos específicos.
Además, para abordar el déficit actual entre la oferta y la demanda, se pueden aprovechar soluciones tecnológicas, incluida la inteligencia artificial, para automatizar funciones y procesos de ciberseguridad.
2. Desajustes en las competencias y las habilidades sociales
La ciberseguridad tiene sus raíces en los ámbitos de la informática y la tecnología de la información, lo que ha dado lugar a un enfoque predominante en las capas física y lógica del ciberespacio. Esto significa que la ciberseguridad suele abordarse desde una perspectiva tecnológica, pese a las numerosas implicaciones socioeconómicas y políticas de los incidentes de ciberseguridad.
Por ello, tradicionalmente, la mayor parte del desarrollo de competencias en ciberseguridad se ha centrado en competencias técnicas relacionadas con actividades de identificación, protección, detección, respuesta y recuperación para proteger las infraestructuras de las tecnologías de la información y la comunicación.
Sin embargo, el ciberespacio comprende no solo las capas física y lógica, sino también la capa social, donde se encuentran los elementos humanos y sociales de la ciberseguridad y proliferan cada vez más amenazas sociotécnicas, como la ingeniería social y los abusos en línea.
Desarrollar la capacidad humana e institucional para abordar estos riesgos requiere habilidades interpersonales arraigadas en disciplinas como la psicología, la sociología, la comunicación y los estudios de medios de comunicación.
Al tratarse de un problema sistémico y mundial, diseñar e implementar soluciones adecuadas de ciberseguridad exige competencias no técnicas, como las empresariales, directivas, jurídicas, normativas y diplomáticas. No son simples complementos de las competencias técnicas, sino ámbitos de competencia propios que requieren conjuntos de habilidades y formación específicos.
3. Brechas sectoriales
Las tecnologías digitales han impregnado todos los sectores de la sociedad y son fundamentales para el funcionamiento de las personas y las organizaciones en todos ellos.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto el amplio papel que desempeñan las tecnologías digitales para apoyar la resiliencia y la continuidad operativa de las organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil. Cuando se producen incidentes cibernéticos adversos, pueden propagarse en cascada entre sectores y afectar de distintas maneras a las partes interesadas de cada uno.
Sigue existiendo una brecha de capacidad en ciberseguridad entre sectores, debido a una combinación de factores estructurales, económicos y políticos. En general, los sectores público y privado cuentan con más recursos, tienen más influencia y capacidad, y colaboran con mayor frecuencia para gestionar incidentes cibernéticos adversos.
Además, los sectores sociales críticos que no están reconocidos formalmente como parte de la infraestructura nacional crítica quizá no reciban tanto apoyo en ciberseguridad como los propietarios y proveedores de infraestructuras de información críticas.
Por ejemplo, pese a su creciente dependencia de las tecnologías digitales y a su exposición específica a las ciberamenazas, las organizaciones de la sociedad civil siguen estando marginadas en el ámbito de la ciberseguridad, y reciben menos apoyo en la respuesta a incidentes que sus homólogas del sector público y privado.
Es fundamental realizar esfuerzos específicos para fortalecer la capacidad de ciberseguridad en sectores marginados (por ejemplo, organizaciones no gubernamentales, microempresas y pequeñas y medianas empresas, y organizaciones de la sociedad civil), entre otras cosas mediante programas específicos para mejorar las competencias del personal y establecer funciones de respuesta a incidentes dedicadas a estos sectores.
4. Brechas de participación y diversidad
La ciberseguridad es un ámbito complejo que requiere diversidad de conocimientos especializados y perspectivas para elaborar soluciones eficaces. La diversidad es necesaria para lograr un ecosistema de ciberseguridad más innovador, creativo e integral, y para ayudar a reducir los sesgos e identificar puntos ciegos en el panorama de amenazas.
Una de las dimensiones de las brechas en ciberseguridad está relacionada con la escasa participación de las mujeres y la representación de las personas racializadas. En particular, actualmente las mujeres representan solo el 24 % de los profesionales de la ciberseguridad.
Como parte de un desafío social más amplio y complejo, abordar las brechas de participación en ciberseguridad requiere un liderazgo transformador, estrategias específicas de diversidad, equidad e inclusión, y políticas que atiendan los factores estructurales subyacentes.
5. Brechas de desarrollo
El Índice Global de Ciberseguridad de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, publicado recientemente,señala que los países menos adelantados también suelen obtener puntuaciones más bajas en cuanto a su capacidad de ciberseguridad.
Estos países en desarrollo afrontan numerosos desafíos para cerrar sus brechas de capacidad en ciberseguridad, entre ellos la escasez de recursos financieros y conocimientos, así como la fuga de cerebros de profesionales cualificados que abandonan sus países de origen en busca de oportunidades profesionales.
Aunque hay esfuerzos para aumentar la capacidad de ciberseguridad en todo el mundo, frenar la fuga de cerebros de profesionales cualificados requiere ampliar las oportunidades de empleo remunerado y de desarrollo profesional para los especialistas locales en ciberseguridad de los países en desarrollo. También requiere crear oportunidades e incentivos para retener y atraer a personal cualificado.
Cómo mejorar la ciberresiliencia
Las actuales brechas mundiales de competencias y capacidades en el ámbito de la ciberseguridad representan una debilidad y vulnerabilidad sistémicas para la ciberresiliencia mundial en su conjunto.
Aunque algunas personas, organizaciones, sectores y países quizá dispongan de recursos y capacidades suficientes para satisfacer sus necesidades de competencias en ciberseguridad, la naturaleza transnacional e interconectada del mundo cibernético, así como la propagación en cascada de los incidentes cibernéticos adversos, hacen que el ciberespacio sea tan fuerte como su eslabón constitutivo más débil.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de ciberseguridad?
El Centro de Ciberseguridadofrece una plataforma de confianza donde los líderes se reúnen para comprender los riesgos cibernéticos en evolución y sus implicaciones sistémicas. Se centra en fomentar la comprensión y la confianza en un mundo digital cada vez más interconectado.
Al facilitar la colaboración intersectorial y el intercambio de conocimientos, el Centro ayuda a sus socios a fortalecer la ciberresiliencia y abordar desafíos que requieren respuestas colectivas.
Por lo tanto, es importante seguir mejorando la concienciación sobre ciberseguridad y las iniciativas de desarrollo de capacidades entre las distintas partes interesadas. Es necesario seguir abordando las brechas en diferentes niveles y a lo largo de un espectro de competencias en ciberseguridad, desde la concienciación inicial hasta las competencias técnicas y directivas avanzadas.
En todo el mundo se están llevando a cabo iniciativas para fortalecer la capacidad cibernética de toda la sociedad, con el objetivo de abordar algunas de las brechas específicas señaladas anteriormente:
Las iniciativas de desarrollo de capacidades, entre ellas el Foro Global sobre Ciberexperiencia, el Banco Mundial y su Fondo Fiduciario de Múltiples Donantes para la Ciberseguridad, así como el programa que (ISC)2 lanzó recientemente, Un millón de personas certificadas en ciberseguridad, tienen como objetivo mejorar la capacidad cibernética en todo el mundo.
Las iniciativas Mujeres en Ciberseguridad buscan aumentar la participación de las mujeres en el ámbito de la ciberseguridad.
Las comunidades de confianza, como el Grupo de Interés Especial de la Coalición de Inteligencia sobre Amenazas de FIRST, ofrecen a las organizaciones de la sociedad civil acceso a inteligencia sobre amenazas y apoyo en materia de ciberseguridad.
La última Guía para desarrollar estrategias nacionales de ciberseguridad, elaborada por un consorcio de socios de la industria, organizaciones intergubernamentales y el mundo académico, también ofrece a los países recomendaciones detalladas para mejorar y abordar sus brechas multidimensionales de competencias en ciberseguridad.
La necesidad de profesionales de la ciberseguridad es, sin duda, un desafío al que las partes interesadas seguirán haciendo frente a medida que crezca la economía digital. Las cifras pueden parecer asombrosas, pues las brechas de talento ascienden a millones.
Pero para abordar las brechas de manera más significativa, es hora de reconocer que el problema va más allá de un debate sobre la oferta y la demanda. Un sistema de economía digital resiliente también necesita una fuerza laboral inclusiva en ciberseguridad.

