• La superficie de ataque de la ciberdelincuencia ha aumentado debido al cambio al teletrabajo.
• La brecha de profesionales cualificados en ciberseguridad es cada vez mayor, de ahí la necesidad de más formación.
• Israel está dirigiendo su atención a los desempleados, a los ultraortodoxos y a la población en edad escolar como ciberempleados del futuro.
La pandemia de COVID-19 ha afectado a nuestras vidas en todos los ámbitos. La tasa de desempleo en muchos países ha superado los dos dígitos, y las economías se han visto gravemente afectadas por las restricciones sanitarias impuestas a los viajes y a la actividad empresarial. Y las personas utilizan el mundo virtual para consultar, hacer negocios, estudiar y socializar a una escala nunca vista antes.
Los hogares de las personas se han adaptado para facilitar el trabajo a distancia, sin un refuerzo aparente de sus infraestructuras de comunicación privadas; algunas personas utilizan sus propios dispositivos privados y otras, dispositivos finales proporcionados por sus empleadores para uso doméstico.
Desde la perspectiva de la ciberseguridad, el gran aumento del uso de internet ha presentado a los ciberatacantes una superficie de ataque mayor que nunca. Se han desarrollado nuevas aplicaciones a toda prisa, algunas sin medidas de seguridad adecuadas. Según un informe de la empresa de tecnología en la nube Datto, el ransomware sigue siendo la principal amenaza; este tipo de ataques han aumentado tanto en número como en sofisticación. El desafío de la ciberseguridad, ya preocupante antes de la pandemia, no ha hecho más que crecer y extenderse.
Otro motivo de preocupación es la creciente brecha de profesionales cualificados en ciberseguridad. Según un estudio de Kaspersky, el 73 % de las empresas considera muy difícil contratar personal de seguridad informática. El Informe sobre capital humano de alta tecnología de Start-up Nation Central de Israel muestra un aumento del 16 % en las contrataciones de alta tecnología entre 2018 y 2019, mientras que el informe tecnológico de Burning Glass sobre "las habilidades de ciberseguridad de mayor crecimiento en demanda" estima un crecimiento del 164 % en los puestos disponibles de desarrollo de aplicaciones con ciberseguridad integrada. El Informe sobre el estado de la contratación en ciberseguridad constata que, mientras que las ofertas de empleo en TI han aumentado un 30 % desde 2013, el número de puestos de ciberseguridad ha aumentado un 94 % y tardan más en cubrirse. Se estima que la brecha global de profesionales de ciberseguridad alcanzará unos 3,5 millones en los próximos tres años.
Con los salarios de alta tecnología creciendo un 27 % frente a un promedio del 15 %, no es de extrañar que los salarios de los profesionales de ciberseguridad sean un 16 % superiores a los de los puestos de TI, y que los gobiernos y la industria se esfuercen por contratarlos. Parece que los métodos de contratación habituales no bastarán, y necesitamos ampliar nuestro alcance y buscar otras poblaciones para cubrir la brecha.

Para tratar de reactivar las economías dañadas, los gobiernos están invirtiendo grandes sumas de dinero en obras públicas y en apoyar a ciudadanos y empresas con subsidios. Pero son menos los gobiernos que invierten en cursos profesionales de ciberseguridad y en el desarrollo de capacidades, lo que podría beneficiar a la sociedad no solo cerrando la brecha de ciberseguridad, sino también reduciendo la brecha social.
Ya es hora de que los gobiernos suban al “tren cibernético”, lo que implica invertir en formación práctica y en el desarrollo de capacidades. Esta inversión tiene numerosos beneficios inestimables: convertir a los desempleados en profesionales de ciberseguridad ayudará a cerrar la brecha de empleo y contribuirá a reforzar nuestra postura de seguridad frente a los ciberataques. Además, esta inversión tendrá un impacto positivo y significativo en las economías, tanto al prevenir los daños causados por los ciberataques como al contribuir indirectamente a la economía. Dado que los salarios de los empleados de TI son relativamente altos, el retorno de la inversión sería mucho más rápido. No hay que olvidar tampoco los beneficios sociales de reducir la desigualdad y de cumplir con la visión del Gran Reinicio del Foro Económico Mundial.
¿A quién podemos formar?
La mayoría de los cursos profesionales existentes en ciberseguridad están dirigidos a profesionales de informática que ya tienen cierta experiencia en el campo.
Es un canal inmediato que puede requerir menos recursos, aunque no será suficiente, por lo que deberíamos considerar otras poblaciones potenciales como candidatas. La Dirección Nacional Cibernética de Israel (INCD) puso en marcha recientemente un programa denominado Cyber4s, diseñado para formar a jóvenes desempleados capacitados que no tienen título universitario ni experiencia laboral. En un período de seis meses, el objetivo era que se convirtieran en desarrolladores cibernéticos full-stack cualificados. La clave del éxito del programa es que el temario fue fruto de una asociación público-privada conjunta entre la industria, la ONG Start-up Nation Central y la Unidad Cibernética 8200, parte de las fuerzas de defensa de Israel. Así, los participantes tuvieron contacto con el mundo real de la alta tecnología y mayores posibilidades de empleo.
Otras iniciativas se dirigen a amplios grupos que podrían ser completamente nuevos en el sector. Un buen ejemplo es el Centro de Aprendizaje de Ciberseguridad, desarrollado en colaboración entre Salesforce, Fortinet, la Global Cyber Alliance y el Foro Económico Mundial.
Otro canal interesante es el dirigido a poblaciones objetivo específicas, como la minoría ultraortodoxa. Este grupo suele educarse en escuelas religiosas que no siguen las asignaturas básicas de matemáticas e inglés como lo hacen otras comunidades. Formar a estos colectivos en profesiones tecnológicas supone un desafío, pero, gracias a un curso dedicado de nueve meses, los candidatos se cualificaron como profesionales de ciberseguridad. Este estudio de caso podría servir de modelo para otras poblaciones que carecen de las matemáticas e inglés necesarios como base para los empleos de alta tecnología.
El tercero es el programa de "club cibernético" para niñas jóvenes, y otras iniciativas escolares similares. Los antiguos alumnos afirman que estos programas específicos les han permitido estudiar con mayor libertad y les han dado fuerzas para aspirar a carreras en las industrias de alta tecnología.
Colaboración para derrotar a la ciberdelincuencia
El ámbito de las tecnologías de la información es muy dinámico. Los patrones de ataque se desarrollan constantemente, por lo que es imprescindible actualizar las mejores prácticas con frecuencia. La industria innova a un ritmo al que los gobiernos no pueden seguir. La clave de un programa de formación exitoso es tener en cuenta estas variables, estudiar las brechas y ajustar el temario según las necesidades actuales y los avances en las tácticas y los procedimientos. Una solución que reunirá a representantes de la industria de alta tecnología, los gobiernos y las ONG.
La INCD ha puesto en marcha un proceso voluntario de certificación para las profesiones cibernéticas. La primera profesión que se ha declarado es la de "Profesional cibernético"; su temario se definió según la metodología de la Unidad 8200 y de acuerdo con las necesidades de la industria. Israel decidió dar ejemplo solicitando que el Gobierno, como proveedor de servicios, se certificara, lo que inspira al mercado a exigir también dicha certificación. Los distintos países pueden adoptar enfoques diferentes: algunos, como Singapur, exigen por ley que todos los profesionales estén certificados oficialmente, tanto si trabajan en el sector público como en el privado.
Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de ciberseguridad
El Centro para la Ciberseguridad ofrece una plataforma de confianza donde los líderes se reúnen para comprender los riesgos cibernéticos cambiantes y sus implicaciones sistémicas. Se centra en generar comprensión y confianza en un mundo digital cada vez más interconectado.
Al facilitar la colaboración intersectorial y el intercambio de conocimientos, el Centro ayuda a los socios a fortalecer su ciberresiliencia y a afrontar retos que requieren respuestas colectivas.
Reunir a todos los actores pertinentes en torno a la mesa y comprender las necesidades del mercado es algo en lo que los gobiernos y las ONG de todo el mundo podrían trabajar. La idea de crear un grupo de trabajo conjunto de gobiernos e industria para definir las profesiones cibernéticas básicas y los requisitos mínimos del temario es algo que podría reforzar la ciberseguridad colectiva en beneficio de todos.

