Por qué la revolución eléctrica debe ir mucho más allá de los automóviles

To keep climate change at a manageable level, gas stoves must be replaced with induction hobs, which heat water in half the time. Furnaces and water heaters must be replaced with heat pump technology.Image: Unsplash/Mykola Makhlai
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  • La revolución de los vehículos eléctricos está en marcha, pero para cumplir los objetivos climáticos debemos ir mucho más allá de cambiar los automóviles.

  • La transición de un mundo dominado por los combustibles fósiles a uno electrificado exigirá transformar radicalmente los edificios donde vivimos y trabajamos, así como la industria pesada.

  • Esto requerirá una enorme inversión en nueva infraestructura para producir más energía limpia.

La revolución de los vehículos eléctricos (VE) está en marcha, como demuestran los recientes anuncios de Tata Motors y Ford de que invertirán miles de millones en nuevas instalaciones de fabricación de VE. Sin embargo, la mayoría de los científicos coincide en que, para mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 1,5 grados Celsius —y evitar desastres climáticos—, debemos ir mucho más allá de cambiar a vehículos eléctricos. Lo que hace falta es una gran transición, en las próximas dos décadas, de un mundo dominado por la energía fósil a uno electrificado y limpio.

En la práctica, esto significa que es necesario electrificar un mayor consumo de energía, ya sea conectándolo a la red eléctrica o mediante generación local. Los automóviles que funcionan con gasolina, las viviendas calentadas con gas natural y los procesos industriales que utilizan combustibles fósiles deben cambiarse por alternativas eléctricas, como los vehículos eléctricos, las bombas de calor y los procesos electrificados limpios.

Actualmente, la economía mundial funciona con electricidad en aproximadamente un 20 %; todo lo demás se alimenta de combustibles fósiles. Según la Energy Transitions Commission, para evitar que aumente la temperatura mundial, el sistema energético integrado del futuro debe funcionar con un 68 % de electricidad directa. Las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y otras entidades muestran requisitos similares: la proporción de electricidad directa en la demanda final de energía debe pasar del 20 % al 50-80 % para 2050. En la práctica, esto significa que, en dos décadas, todos los automóviles, edificios e industrias deberán utilizar electricidad limpia respaldada por fuentes de energía renovable, en lugar de quemar combustibles fósiles.

Demanda: más allá de los vehículos eléctricos

Junto con la enorme inversión en vehículos eléctricos, hace falta una revolución similar en los edificios donde vivimos y trabajamos, y en la industria pesada. Rewiring America, una coalición con sede en Estados Unidos que se centra en electrificarlo todo, calcula que el 42 % de todas nuestras emisiones de carbono procede de nuestros hogares y de los vehículos que conducimos. Electrificarlos todos supone un reto porque la demanda de energía es compleja e incluye no solo miles de millones de automóviles, sino también calderas de gas, cocinas y otros aparatos que funcionan con combustibles fósiles y tienen una vida útil de 10-30 años.

Todos estos aparatos deben sustituirse al final de su vida útil para cumplir nuestros objetivos climáticos. La electrificación completa implica que cada aparato que utilice combustibles fósiles debe sustituirse por uno eléctrico moderno cuando llegue al final de su vida útil. Por suerte, estas máquinas eléctricas modernas no solo son más eficientes, sino que también contaminan menos el aire. Las cocinas de gas deben sustituirse por placas de inducción, que calientan el agua en la mitad de tiempo. Las calderas y los calentadores de agua deben sustituirse por tecnología de bombas de calor. Las secadoras de gas deberían sustituirse por secadoras eléctricas. Es necesario modernizar nuestros cuadros eléctricos para que soporten una carga eléctrica mayor.

A escala mundial, la industria genera alrededor del 25 % de las emisiones totales de CO2, pero muchos de sus procesos también podrían electrificarse. La calefacción y la refrigeración representan una parte importante de la demanda energética industrial, y el 91 % de ambas se abastece con combustibles fósiles. Aunque la electrificación no es viable para los procesos que requieren altas temperaturas, la mitad de la demanda de calefacción y refrigeración corresponde a temperaturas inferiores a 200 °C; estos se consideran procesos de baja temperatura. Esto significa que la maquinaria utilizada en ellos podría sustituirse por alternativas eléctricas rentables.

Sustituir las máquinas que funcionan con combustibles fósiles en la industria y el entorno construido facilitará la transformación de la economía hacia una electrificación generalizada. También hará más eficiente el sistema energético en su conjunto. Las bombas de calor, por ejemplo, utilizan solo un tercio de la energía que consume una caldera de gas natural. La electricidad limpia por sí sola elimina entre la mitad y dos tercios de la energía que se pierde como calor residual cuando se utiliza carbón o gas natural.

Suministro: competir por una electrificación limpia

Aunque hoy se acelerara enormemente la electrificación de la industria y los edificios, no habría suficiente suministro de electricidad limpia. Si una planta de fabricación de tamaño mediano se electrificara con las tecnologías existentes, la demanda de electricidad aumentaría alrededor de un 50-100 %, es decir, más de 3.925 Gwh al año. La capacidad de la infraestructura eléctrica tendría que triplicarse para satisfacer esta demanda, con el respaldo de fuentes ampliadas de energía renovable, principalmente solar y eólica.

En la UE, una coalición de directores ejecutivos de los sectores químico, cementero, del transporte y energético presentó una solicitud a la Comisión Europea para acelerar la adopción de energías renovables en Europa y crear una red más interconectada que permita el libre flujo de electricidad entre países en apoyo de la electrificación industrial. A escala mundial, esto requerirá una inversión considerable en nueva infraestructura e interconexiones, así como el despliegue de tecnología inteligente. La AIE pide que se inviertan 260.000-820.000 millones de dólares anuales en infraestructura de redes eléctricas.

Está claro que es necesario transformar tanto la oferta como la demanda de energía. Aunque los vehículos eléctricos quizá lleven ventaja, la revolución eléctrica también tendrá que llegar a nuestros hogares e industrias. Esto no solo ayudará a combatir el cambio climático, sino que también creará nuevos empleos y mantendrá limpios el aire y los océanos.

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