El agua verde —el agua de lluvia disponible para las plantas en el suelo terrestre— ha superado un límite crítico, según nuevas investigaciones.
La deforestación está alterando el ciclo por el que el agua verde enfría el entorno, lo que provoca un aumento de las temperaturas y de la humedad, además de trastornos en la producción de alimentos.
Las prácticas agrícolas sostenibles, las políticas eficaces y las dietas basadas en plantas aún podrían ayudar a evitar cambios peligrosos en el sistema hídrico.
El agua verde —el agua de lluvia disponible para las plantas en el suelo— es indispensable para la vida sobre la tierra y bajo ella. Pero en un nuevo estudio, descubrimos que la presión generalizada sobre este recurso ha superado un límite crítico.
El marco de los límites planetarios —un concepto que los científicos debatieron por primera vez en 2009 — identificó nueve procesos que se han mantenido notablemente estables en el sistema terrestre durante los últimos 11.700 años. Entre ellos figuran un clima global relativamente estable y una biosfera intacta, que han permitido prosperar a las civilizaciones basadas en la agricultura. Los investigadores propusieron que cada uno de estos procesos tiene un límite que, una vez superado, pone en riesgo al sistema terrestre o a componentes sustanciales de este.
Una evaluación científica exhaustiva realizada en 2015 concluyó que la actividad humana ya había rebasado cuatro de los límites planetarios. Las emisiones de gases de efecto invernadero están dando lugar a un clima más cálido, la sexta extinción masiva de especies está desarticulando la red de vida que conforma la biosfera mundial, la agricultura intensiva está contaminando el medio ambiente y los hábitats naturales están siendo destruidos a gran escala. A principios de 2022, investigadores anunciaron que se había superado un quinto límite planetario debido a la emisión y acumulación de contaminación química y plásticos.
Hasta ahora, se ha sugerido que el uso humano de agua dulce se mantiene dentro de los límites seguros a escala mundial. Sin embargo, las evaluaciones anteriores solo consideraban la extracción de lo que se conoce como agua azul, la que fluye por los ríos y se encuentra en acuíferos subterráneos. Aun así, es probable que se hayan superado límites regionales en muchas cuencas fluviales debido a que la extracción de agua azul se multiplicó por seis durante el último siglo. Además del riego de cultivos para satisfacer la creciente demanda de las personas y el ganado, el crecimiento demográfico y la mejora del nivel de vida han aumentado el consumo mundial de agua doméstico e industrial, alterando los ecosistemas acuáticos y diezmando la vida que albergan.
Al incluir el agua verde en nuestra evaluación, descubrimos que la capacidad del agua dulce para mantener estable el sistema terrestre está aún más amenazada de lo que se informó inicialmente.
Alerta roja para el agua verde
La radiación solar evapora el agua verde del suelo, enfría el entorno y devuelve humedad a la atmósfera, donde forma nubes y lluvia. Este ciclo sustenta algunos de los ecosistemas más importantes de la Tierra, como la selva amazónica, que representa aproximadamente el 40 % de los bosques tropicales del mundo, almacena cerca de 112.000 millones de toneladas de carbono y alberga el 25 % de la vida terrestre.
Las investigaciones muestran que la tala de bosques reduce el flujo de humedad hacia la atmósfera, lo que limita la eficiencia con que el sistema terrestre puede hacer circular el agua y, en última instancia, pone a ecosistemas como el Amazonas en riesgo de colapso. El calentamiento global y los cambios en el uso de la tierra, en especial la deforestación, figuran entre los principales factores responsables de que la humanidad haya transgredido este límite planetario. Su influencia conjunta indica que los límites planetarios interactúan y deben tratarse como un único sistema interconectado.
La producción de alimentos también depende del agua verde. Alrededor del 60 % de la producción mundial de alimentos básicos y el 80 % de las tierras cultivadas dependen de la lluvia. En estas zonas, el único agua que llega a los cultivos es la que aporta la lluvia. Incluso los cultivos de regadío dependen en cierta medida de ella.
Descubrimos que, desde la revolución industrial y, especialmente, desde la década de 1950, una mayor parte del mundo está sometida a suelos considerablemente más secos o más húmedos. Este cambio hacia condiciones extremas es alarmante, dado el papel indispensable del agua para mantener sociedades y ecosistemas resilientes
Los períodos secos más frecuentes y severos provocan sequías más prolongadas e intensas sequías en muchas regiones, como las que afectan actualmente a Chile y el oeste de Estados Unidos. Esto limita la fotosíntesis de las plantas, que absorben menos del CO₂ que calienta la atmósfera terrestre. Como resultado, el sumidero de carbono terrestre, que actualmente absorbe alrededor del 30 % de las emisiones anuales de CO₂, se debilita e incluso podría convertirse en una fuente neta de carbono en el futuro.
Tampoco es bueno que haya demasiada agua en el suelo. Los suelos saturados de agua aumentan la probabilidad de inundaciones y asfixian el crecimiento de las plantas. Las cantidades anormalmente grandes de agua que se evaporan de los suelos húmedos pueden retrasar el comienzo de los monzones en lugares como India, donde la estación seca se ha prolongado y ha alterado la agricultura. La combinación de humedad elevada y altas temperaturas también puede causar olas de calor mortales, ya que el cuerpo humano se sobrecalienta rápidamente cuando sudar se vuelve imposible en un aire muy húmedo. Varias regiones, como Asia meridional, las zonas costeras de Oriente Medio y el golfo de California y México, están experimentando esta combinación letal mucho antes de lo previsto.
¿Qué se puede hacer?
Cada vez hay más pruebas científicas de que el planeta está más seco y más húmedo que en cualquier otro momento de los últimos 11.700 años. Esto amenaza las condiciones ecológicas y climáticas que sostienen la vida.
Nuestro análisis muestra que se ha superado el sexto límite planetario. Sin embargo, los esfuerzos ambiciosos para frenar el cambio climático y detener la deforestación aún podrían evitar cambios peligrosos en el ciclo del agua verde. Junto con otras medidas, cambiar las prácticas agrícolas por alternativas sostenibles evitaría que se degradara más suelo y que perdiera humedad. La regulación explícita del agua verde y su protección mediante políticas y marcos jurídicos también podrían ser necesarias.
Las investigaciones han demostrado que la agricultura es una de las principales causas de que se rebasen múltiples límites planetarios. Adoptar dietas que incluyan alimentos sostenibles de origen vegetal es una opción sencilla pero muy eficaz para mantener a la humanidad dentro de estos límites.
La humanidad ya no está en una zona segura. Se necesitan medidas inmediatas para mantener un ciclo del agua dulce resiliente y capaz de nutrir la vida.



