Los agricultores pueden desempeñar un papel esencial en la lucha contra el cambio climático a través del sistema alimentario, pero a menudo han quedado excluidos de los debates sobre las medidas que deben tomarse.
La COP30 del año pasado en Brasil y el G20 en Sudáfrica dieron a los agricultores y al tema de los sistemas alimentarios un lugar en la mesa de debate.
En la Reunión Anual 2026 del Foro Económico Mundial en Davos, los líderes mundiales deberían debatir cómo los agricultores pueden desempeñar el papel más importante hasta ahora en la construcción de un futuro sostenible y resiliente.
Hace cinco años, mientras asistía en Glasgow a la COP26, me desalentó darme cuenta de que los sistemas alimentarios, los agricultores y la salud del suelo no aparecían en ninguno de los textos oficiales de las negociaciones. A menudo no se incluía a los agricultores en los debates y, a mi parecer, su extraordinaria labor como agentes de cambio —precisamente para alcanzar las aspiraciones que la COP defendía— apenas se reconocía.
Por eso, quizá este año haya sido el más importante desde los albores de la productividad agrícola, hace unos 10.000 años, para apoyar a los agricultores y comprender el enorme papel que pueden desempeñar en la lucha contra el cambio climático.
No solo tuvo lugar la COP30 en Brasil y el G20 en Sudáfrica —dos graneros fundamentales para el mundo y hogar de frágiles ecosistemas naturales que es necesario proteger—, sino que también dieron formalmente un lugar en la mesa a los sistemas alimentarios y a quienes los cuidan: los agricultores.
Esto contribuyó de manera significativa a dar protagonismo a la agricultura y a impulsar nuevos debates ambientales entre las partes interesadas clave. Pero aún queda mucho por hacer, y el verdadero trabajo empieza ahora.
Los responsables de la toma de decisiones deben adoptar formas nuevas e innovadoras de reducir las emisiones climáticas, especialmente en el Sur Global, donde los pequeños agricultores son la columna vertebral de la seguridad alimentaria mundial.
Los sistemas alimentarios deben ocupar un lugar central en las negociaciones sobre el clima
Los sistemas alimentarios tuvieron un lugar destacado en la COP de Belém, pero las conversaciones sobre agricultura sostenible tendieron a centrarse en compromisos voluntarios y alianzas.
Al mismo tiempo, muchos de los mayores emisores de gases de efecto invernadero (GEI) del mundo están incumpliendo sus contribuciones determinadas a nivel nacional, que se establecieron en consonancia con el Acuerdo de París.
Y, ahora que se observan retrocesos en las iniciativas de sostenibilidad en muchos sectores de la economía mundial, es más importante que nunca que los líderes mundiales conviertan la agricultura en una prioridad fundamental de sus agendas ecológicas y logren avances significativos frente al cambio climático.
Así que, cuando los líderes se reúnan en la Reunión Anual 2026 del Foro Económico Mundial en Davos, espero aprovechar la red del Foro para convertir estos debates en acciones concretas.
Las calles nevadas de Davos parecen estar a años luz de un campo remoto de judías, donde brotan retoños verdes para la cosecha del próximo año. Sin embargo, ambos están más relacionados de lo que podría pensarse: desde hace años, el Foro Económico Mundial incluye los sistemas alimentarios en los debates sobre desarrollo sostenible.
La actividad agrícola representa aproximadamente un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero menos del 3% de toda la financiación pública para el clima se destina a los sistemas alimentarios. La financiación es importante, pero no es el problema principal: estas estadísticas revelan que, en la acción climática mundial, se pasa en gran medida por alto el papel de los agricultores en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El secuestro de carbono podría reducir considerablemente las emisiones de carbono. Mediante técnicas como la agricultura sin labranza, la agroforestería y la meteorización acelerada de rocas, los agricultores pueden convertir los suelos en enormes sumideros de carbono que extraen dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera.
Para ponerlo en perspectiva, si los agricultores aplicaran prácticas sostenibles en 2.600 millones de hectáreas de tierras agrícolas, podrían eliminar más de 3.000 millones de toneladas de CO₂ al año —el equivalente a las emisiones de todos los automóviles del mundo.
Y eso no es todo. Más allá del secuestro de GEI, está claro que los agricultores también pueden formar parte del conjunto de soluciones en otros ámbitos. Pensemos en el agua: podrían conservarse unos 8.000 billones de litros de agua dulce si se adoptaran a gran escala prácticas agrícolas biológicas y basadas en la naturaleza; además, con prácticas sostenibles, solo los arrozales podrían reducir las emisiones de metano en un 70%. Estos métodos funcionan, pero los agricultores no pueden adoptarlos de la noche a la mañana.
Durante más de 30 años he hablado con agricultores en plantaciones, campos y huertos. Eso me ha ayudado a comprender exactamente qué apoyo necesitan. Por supuesto, la financiación es parte de la solución, pero los agricultores también necesitan formación, un mayor acceso a mercados sostenibles e incentivos que les permitan obtener beneficios al cambiar sus métodos agrícolas actuales.
En la COP30, UPL lanzó la campaña #AFarmerCan, cuyo objetivo es plasmar las necesidades de los agricultores en un marco de acción y ofrecer a los responsables de la toma de decisiones un repertorio de soluciones prácticas para impulsar este cambio.
Y, algo fundamental, queríamos apoyar a otras empresas y a los responsables de la toma de decisiones, y orientarlos para que aplicaran políticas e incentivos ambientales que prioricen a los agricultores. El marco se articula en torno a cuatro pilares:
Remunerar: Recompensar a los agricultores que ahorran agua, restauran la biodiversidad y capturan carbono
Proteger: Proporcionar a los agricultores subsidios y productos de seguros para protegerlos de las sequías, las plagas y los fenómenos meteorológicos extremos
Adquirir: Mejorar el acceso de los agricultores a los mercados públicos para vender productos certificados como sostenibles
Promover: Ampliar el uso de herramientas digitales, los datos sobre la salud del suelo y la formación para los agricultores
Estas soluciones ya están dando resultado. Por ejemplo, en la UE, al menos el 25% del presupuesto de pagos directos de un Estado miembro en virtud de la Política Agrícola Común debe destinarse a los ecoesquemas.
Y, apenas este año, reunimos a un grupo de partes interesadas en Guyana para crear un seguro paramétrico contra riesgos meteorológicos para los 6.000 productores de arroz de Guyana. El seguro paga automáticamente cuando las precipitaciones, el nivel de los ríos o la velocidad del viento superan umbrales predefinidos. Esto elimina la necesidad de evaluar las pérdidas sobre el terreno y permite que los agricultores inscritos reciban ayuda inmediata para recuperarse y reconstruir.
En última instancia, estas iniciativas suponen un cambio de paradigma muy necesario: empoderan a los agricultores para que cambien sus métodos agrícolas, en vez de adoptar lo que los gobiernos consideran mejor para ellos.
Además de los gobiernos, las empresas también pueden aplicar el marco. En Andhra Pradesh, India, hemos impulsado el pilar de «promover» al formar a los agricultores en prácticas que protegen e incrementan el rendimiento de los cultivos y, a la vez, reducen las emisiones.
Un agricultor adoptó la práctica de «alternar el riego y el secado», que permite que sus arrozales se sequen entre riegos. Como resultado, utilizó casi un 30% menos de agua, redujo considerablemente las emisiones de metano y mejoró la productividad del suelo.
Pero, pese a las primeras señales de progreso, es necesario ampliar la aplicación del marco allí donde más se necesita, prestando especial atención al Sur Global. Los agricultores de regiones como África subsahariana y el Sudeste Asiático carecen de los recursos necesarios para cambiar sus prácticas y, a menudo, soportan las peores consecuencias de fenómenos meteorológicos extremos como las sequías y los tifones.
Situar a los agricultores en el centro de la acción climática en Davos
Esto nos lleva del campo del agricultor de vuelta a Davos, donde me reuniré con otros miembros de la Red de Innovadores Alimentarios. Es un consorcio de empresas, gobiernos y otras partes interesadas en el que intercambiamos conocimientos y colaboramos en innovaciones alimentarias de vanguardia que, algo fundamental, impulsan la acción y la inversión colectivas.
Ahora más que nunca, necesitamos un consenso mundial unificado sobre la agricultura sostenible y también un conjunto de herramientas para llevar a cabo la transformación. Davos pone fin al año más importante de la historia de las negociaciones climáticas mundiales, y estoy decidido a orientar los debates hacia cambios significativos.
Con un marco de cuatro pilares, las partes interesadas clave pueden contribuir a la transición hacia prácticas sostenibles y empezar a revertir el cambio climático, y demostrar que un agricultor puede desempeñar el papel más importante hasta ahora en la construcción de un futuro sostenible y resiliente.


