Cada decisión es una decisión climática: he aquí por qué

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  • La crisis climática pone en riesgo todo, desde la fiabilidad de las cadenas de suministro globales hasta la viabilidad a largo plazo de muchas ciudades.

  • Desde la eficiencia y la energía limpia hasta el cambio de comportamiento y la restauración de ecosistemas, ya tenemos la mayoría de las soluciones para cumplir nuestros objetivos climáticos.

  • Ningún grupo (científicos, políticos o líderes financieros) tendrá éxito si intenta abordarla por su cuenta; pero sí podemos lograrlo si la abordamos juntos.

El clima de la Tierra está cambiando más rápido que en cualquier otro momento de la historia humana. 2023 fue el año más cálido registrado, con un promedio estimado de 1,48 °C por encima del promedio de 1850-1990. También estuvo marcado por lo que denomino “extrañeza climática global”: una catástrofe relacionada con el clima tras otra, en todo el planeta. Olas de calor récord en Europa, Sudamérica y el sur de Estados Unidos; devastadores incendios forestales en Hawái, los Territorios del Noroeste y las Islas Canarias; lluvias torrenciales e inundaciones en Libia, Grecia y Brasil. No cabe duda de que estos riesgos se aceleran en un mundo más cálido.

La cruda realidad es que nosotros, los seres humanos, en particular quienes vivimos en las naciones más ricas con las mayores emisiones de gases de efecto invernadero, estamos llevando a cabo un experimento sin precedentes con el único hogar que tenemos. Nuestra dependencia de este planeta es absoluta, desde el aire que respiramos y el agua que bebemos hasta los recursos que alimentan cada aspecto de nuestra economía.

La acción climática no consiste en salvar el planeta ni en priorizar el medio ambiente sobre la economía, como muchos aún creen. La verdad es que este planeta seguirá orbitando el sol durante millones de años después de que nos hayamos ido. Lo que está en juego es nuestra presencia en él, que está íntimamente ligada a la vitalidad y la salud de sus ecosistemas que sostienen la vida. Hoy, el cambio climático ya afecta a casi todos los aspectos de los ecosistemas del mundo, desde el desplazamiento de las poblaciones de diminutos fitoplancton, que generan casi la mitad del oxígeno que respiramos, hasta el derretimiento de las gigantescas capas de hielo que anclan nuestros polos. Estos cambios ponen en riesgo todo, desde la fiabilidad de las cadenas de suministro globales hasta la viabilidad a largo plazo de muchas de las mayores ciudades costeras del mundo. Por eso, en esencia, la acción climática trata de salvarnos a nosotros mismos.

Los 5 mayores riesgos a los que se enfrenta el mundo en los próximos 2 años.
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La transición ya ha comenzado

La buena noticia es que la transición hacia un futuro sostenible, resiliente al clima y positivo para la naturaleza ya ha comenzado. Hace una década, se preveía que el mundo se calentaría hasta 5 °C hacia finales de este siglo. Ahora, gracias a una amplia gama de políticas, muchas de ellas adoptadas en respuesta al Acuerdo de París, hemos logrado reducir este aumento estimado a 2,5-2,9 °C. Sin embargo, estos esfuerzos siguen sin ser suficientes para evitar la “peligrosa interferencia humana en el sistema climático” ante la que advirtió la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992.

Es esencial limitar el calentamiento en la mayor medida posible; en palabras del IPCC, “cada fracción de calentamiento importa”. Pero sin una aceleración significativa de nuestros esfuerzos, en palabras del jefe de la ONU, António Guterres, estamos en “graves problemas”. Debemos actuar ahora para salir de este atolladero, antes de que sea demasiado tarde.

Por eso, en el mundo actual, cada decisión que tomamos es inherentemente una decisión climática, lo reconozcamos o no. Nuestras decisiones colectivas son cruciales: o bien optamos por construir resiliencia y equidad en nuestra sociedad y acelerar la transición hacia la energía limpia en pos de un futuro más prometedor; o bien decidimos seguir invirtiendo en sistemas cada vez más vulnerables y en modelos energéticos obsoletos y contaminantes, lo que nos llevará a un mundo atrapado en riesgos económicos y geopolíticos. La elección es nuestra.

‘¿Qué puedo hacer?’

En gran medida debido a la avalancha de catástrofes climáticas que se han vivido en todo el planeta en los últimos años, la gente por fin está despertando ante la urgencia de la acción climática. Hoy en día, la pregunta que más a menudo me hacen no es “¿por qué esto importa?”, sino más bien “¿qué puedo hacer?”. Esa es exactamente la pregunta correcta en este momento, y mi respuesta es la siguiente: en lo que respecta a las decisiones climáticas y a qué soluciones aplicar, no existe una solución milagrosa. Sin embargo, sí existe una amplia gama de “perdigones de plata”, desde la eficiencia y la energía limpia hasta las soluciones basadas en la naturaleza y el cambio de comportamiento. En conjunto, estas ofrecen potencial más que suficiente para alcanzar tanto nuestras metas individuales como las establecidas en el Acuerdo de París en esta década.

Para describir las soluciones climáticas, utilizo la analogía de una piscina. La piscina es la atmósfera terrestre, y el nivel del agua en ella representa el nivel de gases de efecto invernadero en el aire. Al inicio de la Revolución Industrial, colocamos una enorme manguera en la piscina, y hemos ido aumentando año tras año la cantidad de gases de efecto invernadero que salen por esa manguera. Como resultado, el agua de la piscina sube cada vez más rápido, hasta el punto de que algunas personas ya ni siquiera pueden tocar el fondo: una situación cada vez más peligrosa.

Entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? En primer lugar, debemos cerrar la manguera. Podemos lograrlo mejorando la eficiencia, acelerando la energía limpia, poniendo fin a la deforestación, implementando una agricultura inteligente con el clima y, para las últimas gotas, desplegando la captura y el almacenamiento de carbono. Pero la piscina también tiene un desagüe, que en su mayor parte es la naturaleza. Protegiendo, restaurando y gestionando mejor los ecosistemas naturales, desde los humedales costeros hasta los bosques de montaña, así como invirtiendo en prácticas agrícolas regenerativas, podemos reducir el caudal de la manguera y abrir aún más el desagüe. Los mecanismos financieros innovadores, como los bonos de naturaleza y los créditos de carbono, pueden acelerar este proceso. Para que las últimas gotas se vayan por el desagüe, también podemos desplegar la captura directa del aire.

Aun así, todavía necesitamos un tercer tipo de solución. El nivel creciente del agua de la piscina significa que ya no podemos tocar el fondo con los dedos de los pies; necesitamos aprender a nadar. Eso es la adaptación. Nuestra infraestructura y nuestros sistemas humanos se diseñaron para un planeta que ya no existe. Incorporar resiliencia a nuestros edificios y cadenas de suministro, a nuestros sistemas públicos y sociales, a nuestros sistemas alimentarios e hídricos, y más, exige mirar hacia el futuro para garantizar que estemos preparados para lo que aún está por venir.

¿Cómo está combatiendo el Foro Económico Mundial la crisis climática?

Necesitamos todas estas soluciones, en la mayor medida posible y lo antes posible: y hay buenas razones para acelerar las cosas. Muchas de ellas ofrecen beneficios a corto plazo. Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Oxford de 2022 estimó que poner fin al uso de combustibles fósiles en 2050 ahorraría 12 billones de dólares, y cuanto más rápido se produjera la transición, mayores serían los ahorros. Cuando invertimos en soluciones positivas para la naturaleza, estas aportan una gran variedad de beneficios conjuntos, como el aumento de la resiliencia, la captura de carbono y el impulso de la biodiversidad; servicios valorados en 7 billones de dólares. Y en cuanto a la adaptación, un dólar de prevención ahorra hasta diez veces esa cantidad en la recuperación tras desastres.

La magnitud del desafío que enfrentamos, profundamente arraigado en nuestra dependencia de los combustibles fósiles, deja claro que el avance colectivo en la acción climática no puede depender de las cumbres mundiales. No puede esperar ni depender de lo que decidan los líderes mundiales. En efecto, ningún grupo (ya sean científicos, directores de sostenibilidad o líderes políticos) puede abordarlo con éxito actuando por su cuenta; pero sin duda podemos lograrlo juntos. Y dada esta gama de soluciones climáticas inmediatas y eficaces, con beneficios para las personas, la naturaleza y el planeta, mi única pregunta es: ¿a qué esperamos?

Sintonice las declaraciones de Katharine Hayhoe en la sesión Clima y naturaleza: se necesita una respuesta sistémica, que tendrá lugar el miércoles de 14:30 a 15:30.

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