Es hora de situar el clima en lo más alto de las agendas de los consejos de administración

A protester during a demonstration under the banner "Protect the climate - stop coal" two days before the start of the COP 23 UN Climate Change Conference in Bonn, Germany, November 2017.
Climate competence will soon be essential to all boardrooms.Image: Reuters
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Durante los últimos cinco años, los líderes empresariales han considerado, en elinforme anual Global Risks del Foro Económico Mundial, el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos como los principales riesgos macroeconómicos, tanto por su impacto como por su probabilidad. El año pasado fue otroperíodo récordde desastres meteorológicos sin precedentes, que causaron daños macroeconómicos en todo el mundo por valor de 320.000 millones de dólares; todavía no se ha calculado el coste de la ola de calor abrasador de 2018.

De aquí a 2100, lasposibles pérdidas financierasderivadas del cambio climático podrían oscilar entre 4,2 y 43 billones de dólares, frente a un total mundial de activos gestionables valorado en 143 billones de dólares.

Sin embargo, al mismo tiempo, también se prevé que el cambio climático genere oportunidades de inversiónpor valor de hasta 26 billones de dólares de aquí a 2030. Por ello, no sorprende que empiece a ocupar un lugar destacado en las agendas políticas y corporativas.

A pesar de toda la atención recibida, muchos consejos de administración, si no la mayoría, todavía se enfrentan a la dificultad de determinar cómo enmarcar exactamente los riesgos y las oportunidades e incorporar una estrategia de transición viable a sus modelos de negocio. La publicación de las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera relacionada con el Clima (TCFD), junto con varias iniciativas legislativas en la UE y otras jurisdicciones clave (por ejemplo, conceptos revisados del deber fiduciario), son fundamentales para que los consejos presten atención a la gestión de los riesgos climáticos y están creando una nueva urgencia por presentar una visión integrada a las partes interesadas, en particular a los inversores. Sin embargo, también es justo decir que, en esta etapa inicial, el asunto sigue abordándose en gran medida como un requisito de cumplimiento, en lugar de como un desafío y una oportunidad estratégicos.

Deber fiduciario: ¿cómo deberían orientar los consejos la estrategia climática de sus empresas?

Uno de los desafíos especialmente complejos para los miembros de los consejos de administración consiste en definir sus obligaciones legales frente a un fenómeno de la complejidad y magnitud del cambio climático, cuya naturaleza es inherentemente sistémica. En primer lugar, resulta muy difícil modelar factores externos clave, como la aparición de tecnologías disruptivas y de regulaciones favorables al clima. En segundo lugar, los efectos del cambio climático —ya sean directos, por las alteraciones físicas que provoca, o indirectos, por las respuestas normativas que buscan evitarlo— se manifestarán en horizontes temporales que superan con creces el ciclo habitual de planificación empresarial; un fenómeno que Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, ha denominado la «tragedia del horizonte». En tercer lugar, las consecuencias del cambio climático suelen afectar indiscriminadamente a las empresas, actúen o no para abordarlo: el llamado «efecto polizón». Por tanto, por ambiciosa que sea, la acción de una empresa por sí sola probablemente no bastará para «proteger del clima» a ninguna compañía; se necesita una respuesta colectiva contundente para que cualquier acción climática sea realmente eficaz.

Estos tres factores por sí solos bastan para plantear un verdadero dilema a los consejos, y eso antes de considerar un cuarto posible quebradero de cabeza: la posibilidad de acciones legales por no gestionar adecuadamente los riesgos climáticos. Los regímenes jurídicos, códigos y culturas nacionales varían, pero todos comparten un principio fundamental: los miembros de los consejos de administración tienen el deber fiduciario de comprender y gestionar prudentemente los posibles riesgos y amenazas que afrontan las empresas bajo su supervisión. No actuar a la luz de la información generalmente disponible, o no divulgar debidamente el posible impacto en sus negocios, puede exponerlos a acciones legales.

Aumenta la presión de los inversores

Los inversores institucionales también se han sumado al debate: impulsados, al menos en parte, por las advertencias de la Agencia Internacional de la Energíade que activos de petróleo y gas por valor de 1,3 billones de dólares corren el riesgo de quedar «varados» para 2050, exigen una gobernanza de los consejos que tenga en cuenta el clima. El mayor inversor soberano del mundo, el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega, con activos de 1 billón de dólares,Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega, espera que los consejos «integren los desafíos y las oportunidades pertinentes del cambio climático en la gestión de sus negocios, por ejemplo, en la planificación de inversiones, la gestión de riesgos y la presentación de informes. Los consejos deben asegurarse de que las responsabilidades derivadas estén claramente definidas en la organización y deben orientar, supervisar y revisar eficazmente las acciones que emprenda la dirección de la empresa para llevar a cabo estos esfuerzos».

Manifestantes antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2017. Image: Reuters/Wolfgang Rattay

State Street Global Advisors, el tercer mayor inversor del mundo, con activos por valor de 2,5 billones de dólares, publicó una guía titulada Marco de supervisión de riesgos del cambio climático para consejerosque establece las expectativas para que los miembros de los consejos evalúen los riesgos climáticos y el grado de preparación. Los principios revisados degobernanza y sostenibilidaddel Sistema de Jubilación de los Empleados Públicos de California esperan que las empresas en las que invierte incorporen a sus consejos de administración personas con suficientes competencias climáticas, es decir, con «conocimientos especializados y experiencia en estrategias de gestión de riesgos del cambio climático» explícitos.

¿A qué conduce todo esto? A medida que se acumulan pruebas de los riesgos y las complejidades que plantea el cambio climático, los inversores esperan que los consejeros que eligen asuman la responsabilidad de esta cuestión, asegurándose de que los riesgos y las oportunidades climáticos se incorporen sistemáticamente tanto a la planificación estratégica como a los procesos habituales de los consejos.

Pero ¿están preparados los consejos? Cómo integrar el clima en la gobernanza corporativa

El cambio climático no forma parte habitual del manual de los miembros de los consejos de administración. Al ser un ámbito aún emergente, exigirá nuevos enfoques interdisciplinarios de la gobernanza de los consejos que tiendan puentes entre los procesos tradicionales de supervisión, el análisis macroeconómico, la ciencia del clima, las expectativas de los inversores y la participación en las políticas públicas. Por ahora, parece no haber orientaciones listas para usar que ayuden a los consejeros a cumplir con su deber de comprender el clima y actuar al respecto; además, su grado de conocimiento y sus actitudes varían, a menudo en función del sector, la geografía y, sobre todo, de las orientaciones —o la falta de ellas— que les proporcione la dirección ejecutiva.

La buena noticia es que, a medida que aumenta la presión sobre los consejeros no ejecutivos para que demuestren un dominio del tema, muchos empiezan a «saber lo que no saben» y reconocen la necesidad de una gestión más directa.

La respuesta del Foro Económico Mundial

Ante esta brecha entre las necesidades y el grado de preparación, el Foro Económico Mundial se ha propuesto contribuir al desarrollo de un conjunto de orientaciones y herramientas prácticas que permitan que surjan consejos verdaderamente eficaces en materia climática. Esto implica evaluar los recursos existentes, determinar qué hace falta para cubrir las carencias y facilitar la creación de redes entre consejeros interesados de distintos países y sectores industriales. En última instancia, el objetivo es reforzar las competencias climáticas de los consejeros de forma pertinente e integrada en los procesos habituales de los consejos, lo que permitirá tomar decisiones de inversión mejor fundamentadas, adoptar un pensamiento más sistémico y, sobre todo, diseñar y aplicar de manera integrada una estrategia empresarial baja en carbono, tanto a corto como a largo plazo.

Con este fin, el Foro, junto con una comunidad de expertos en clima que crece rápidamente, diseñará las herramientas y los principios que necesitan los consejos, comenzando por un primer conjunto de principios de gobernanza que se está elaborando actualmente. Estos se basan en marcos de gobernanza corporativa existentes, así como en otros conceptos aprobados sobre riesgos, resiliencia y gobernanza, y en directrices para los consejos elaboradas por inversores, como las recomendaciones del TCFD sobre divulgación de información financiera relacionada con el clima o la nueva iniciativa de inversores Climate100+.

Un llamamiento a contar con líderes climáticos en los consejos de administración

Los consejos corporativos deberían ser custodios y catalizadores del cambio y de la acción climática. «La dirección empresarial tiene el deber de actuar de forma responsable y positiva frente al cambio climático en beneficio de sus empleados. Una organización debe reflejar los principios de sus miembros y actuar en consecuencia», afirma Paul Polman, director ejecutivo de Unilever.

Es hora de abordar los riesgos climáticos y, con aún mayor urgencia, de aprovechar las oportunidades que ofrece el clima. Hacemos un llamamiento urgente a la acción, dirigido a los principales agentes custodios y fiduciarios de las empresas y formulado en su nombre: sus consejos de administración.

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