Expertos del Imperial College London han advertido que la «ecoansiedad» está aumentando entre los niños.
Más del 45 % de los jóvenes encuestados en 10 países afirmó que sus sentimientos sobre el cambio climático «afectaban negativamente a su vida cotidiana y su funcionamiento».
Fomentar el optimismo mediante información fiable sobre las iniciativas de adaptación climática es una forma de disipar los temores, afirman los expertos.
Las imágenes de incendios forestales que abrasan árboles, huracanes que derriban casas e inundaciones repentinas que vuelcan automóviles son señales muy reales —y cada vez más frecuentes— del impacto del cambio climático.
Y están afectando a la salud mental de los jóvenes.
Dos expertos de la Unidad de Etnicidad y Salud del Imperial College London han advertido que la ecoansiedad —«el miedo crónico a la catástrofe medioambiental»— está aumentando entre los niños.
«Los efectos de la crisis climática en la salud mental tienen profundas implicaciones», escriben Mala Rao y Richard Powell en un blog para el British Medical Journal.
«Desatender los efectos del aumento de la ecoansiedad entraña el riesgo de agravar las desigualdades sanitarias y sociales entre quienes son más o menos vulnerables a estos impactos psicológicos. Los efectos socioeconómicos —aún ocultos y sin cuantificar— aumentarán considerablemente los costes nacionales de abordar la crisis climática».
¿A quién afecta la ecoansiedad?
Rao y Powell señalan varios estudios que muestran hasta qué punto se ha extendido la ecoansiedad en todo el mundo.
Casi dos tercios de 10.000 jóvenes de entre 16 y 25 años de 10 países estaban «muy o extremadamente preocupados» por el cambio climático en un estudio publicado en The Lancet en septiembre, mientras que el 84 % estaba al menos moderadamente preocupado.
Más de la mitad se sentía «triste, ansiosa, enfadada, impotente, indefensa y culpable», y más del 45 % afirmó que sus sentimientos sobre el cambio climático «afectaban negativamente a su vida cotidiana y su funcionamiento».
Los investigadores escribieron: «El cambio climático y las respuestas gubernamentales insuficientes están asociados con la ansiedad climática y la angustia de muchos niños y jóvenes en todo el mundo. Estos factores de estrés psicológico amenazan la salud y el bienestar, y podrían considerarse moralmente perjudiciales e injustos. Es urgente aumentar tanto la investigación como la capacidad de respuesta de los gobiernos».
¿Cuáles son los síntomas de la ecoansiedad?
En noviembre de 2020, el Real Colegio de Psiquiatras del Reino Unido (RC Psych) constató que el 57 % de los psiquiatras infantiles y de adolescentes atendía a niños y jóvenes angustiados por la crisis climática y el estado del medioambiente.
El RC Psych afirma que, aunque la ecoansiedad o la angustia ecológica no son un diagnóstico ni una enfermedad mental, entre los signos comunes a los que hay que prestar atención figuran el estado de ánimo bajo, la impotencia, la ira, la pérdida del sueño, el pánico y la culpa.
«Sentir angustia o ansiedad por el mundo es normal y demuestra que a los jóvenes les importa el planeta, pero a veces estos sentimientos pueden ser abrumadores y difíciles de manejar, especialmente a una edad temprana», señala.
La psicoterapeuta Caroline Hickman va un paso más allá y califica la ecoansiedad de «respuesta saludable ante la situación que estamos afrontando» porque demuestra que se es consciente de la crisis. También dice que puede considerarse «empatía ecológica» o «compasión ecológica».
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para combatir el cambio climático?
¿Qué pueden hacer los padres y cuidadores para apoyar a los jóvenes?
El sitio web del RC Psych ofrece recursos para que padres y cuidadores ayuden a niños y jóvenes a gestionar su ecoansiedad y evitar que se sientan abrumados.
Recomienda:
Escuchar a los niños y jóvenes y tomarse en serio sus sentimientos.
Explicarles que sus sentimientos son comprensibles y demuestran que son personas empáticas.
Pasar tiempo en la naturaleza en familia, por ejemplo, plantando semillas o dando un paseo.
Calcular la huella de carbono de la familia y pensar en formas de reducirla.
Apoyarlos para que actúen y se sientan con más control, más esperanza y mayor resiliencia. Esto podría consistir en ponerse en contacto con grupos de jóvenes —de la zona o en línea— que compartan sus inquietudes sobre el medioambiente.
La ecoansiedad puede reducirse recordándole a tu hijo o joven que hay muchas personas trabajando en soluciones para que el mundo sea más feliz, saludable y seguro.
Como escriben Rao y Powell: «La mejor oportunidad de aumentar el optimismo y la esperanza entre jóvenes y adultos con ecoansiedad consiste en garantizar que tengan acceso a la información más fiable y de mayor calidad sobre mitigación y adaptación al cambio climático».




