Conocido como un «asesino silencioso», el calor extremo causa casi medio millón de muertes al año.
El ritmo del calentamiento se acelera a una velocidad sin precedentes, lo que genera riesgos importantes para las poblaciones vulnerables.
El mundo debe pasar a invertir proactivamente en resiliencia para mitigar las consecuencias del calor extremo.
El calor extremo es el riesgo climático más mortal de nuestro tiempo. Se cobra 489.000 muertes al año: más que las inundaciones, los huracanes, los terremotos y los incendios forestales juntos.
La temperatura media de la superficie terrestre en 2024 fue la más alta jamás registrada, con un promedio de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales.
Este hito ha tenido consecuencias devastadoras para la salud humana, la productividad y la estabilidad social en todo el mundo.
A pesar de su impacto, se llama al calor extremo «asesino silencioso», porque carece de la visibilidad de otros fenómenos meteorológicos extremos.
Entonces, ¿cuáles son las causas, los impactos y las soluciones frente a esta amenaza mundial?
Calentamiento sin precedentes
El ritmo del calentamiento se acelera a una velocidad sin precedentes. Las temperaturas globales actuales aumentan aproximadamente 0,26 °C por década.
Cada fracción de grado de calentamiento tendrá un impacto mayor que la anterior en la prolongación de las olas de calor y el aumento de su frecuencia.
Las variaciones regionales en los patrones de calentamiento también añaden complejidad a este problema. Algunas regiones afrontan impactos desproporcionadamente graves, como las zonas que ya registran temperaturas de referencia elevadas.
El Ártico se ha calentado a un ritmo casi cuatro veces superior al promedio mundial, lo que ha provocado el deshielo y la subida del nivel del mar.
La huella de la humanidad
Existe un consenso abrumador en la comunidad científica de que la actividad humana —principalmente la quema de combustibles fósiles— ha calentado la superficie terrestre y los océanos más allá de las fluctuaciones naturales que cabría esperar en el clima.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha declarado: «Las actividades humanas, principalmente a través de las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global».
Las diez temperaturas máximas diarias medias globales más altas de los últimos 50 años se han registrado todas en los últimos diez años.
Olas de calor en un clima cada vez más cálido
La frecuencia y la intensidad de las olas de calor han aumentado desde la década de 1950.
Las olas de calor más largas —que pueden durar semanas— muestran el mayor aumento de frecuencia.
Los episodios de domo de calor, que provocan temperaturas extremas en todo el mundo, también son cada vez más frecuentes. Un domo de calor se forma cuando una zona de alta presión atmosférica permanece sobre la misma región durante un periodo prolongado, como si fuera la tapa de una olla. Esto atrapa el aire caliente e impide que entre aire fresco.
El domo de calor del noroeste del Pacífico de 2021 es un claro ejemplo de los peligros que pueden entrañar estos fenómenos.
Estos episodios pueden abrumar fácilmente a las comunidades que no están preparadas para periodos tan prolongados de calor extremo.
El riesgo aumenta porque las olas de calor suelen coincidir con otros fenómenos meteorológicos extremos, como sequías, incendios forestales y contaminación atmosférica, y causar daños acumulativos que ejercen una presión considerable sobre los sistemas sanitarios y las infraestructuras críticas.
El coste humano del aumento de las temperaturas
El calor extremo plantea riesgos profundos y crecientes para la salud humana, aunque sus impactos no se distribuyen por igual.
El reciente informe Fronteras 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) revela que las muertes relacionadas con el calor entre las personas de 65 años o más han aumentado aproximadamente un 85 % desde la década de 1990.
Las personas mayores son menos resistentes al estrés térmico. Como señalan los autores: «La exposición aguda y prolongada al calor y al frío intensos somete al corazón a una tensión considerable, lo que aumenta el riesgo de enfermedad y muerte por afecciones cardiovasculares, cerebrovasculares y respiratorias comunes, como el accidente cerebrovascular, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardíaca, el asma y la neumonía».
La ola de calor europea del verano de 2022 puso este problema más claramente de manifiesto.
Un análisis exhaustivo que abarcó 35 países europeos determinó que 61.672 muertes relacionadas con el calor se produjeron entre el 30 de mayo y el 4 de septiembre de 2022. El estudio reveló que las mujeres sufrieron un 56 % más de muertes relacionadas con el calor que los hombres, con tasas de mortalidad especialmente elevadas entre las mujeres de 80 años o más.
Los trabajadores al aire libre son otro grupo muy vulnerable en un clima cada vez más cálido, como muestra el siguiente vídeo.
El estrés térmico afecta simultáneamente a varios sistemas orgánicos, y el cardiovascular soporta gran parte de la carga. Cuando las temperaturas ambientales superan la capacidad del cuerpo para disipar el calor mediante la sudoración y la vasodilatación, aumenta la temperatura corporal central, lo que somete al corazón y a otros órganos vitales a una tensión peligrosa.
Las ciudades son «trampas de calor»
El llamado efecto de la «isla de calor urbana» puede hacer que las ciudades registren temperaturas entre 10 y 15 °C más altas que las de sus alrededores rurales. Esto se debe a que los materiales de construcción, como el asfalto, el hormigón y las cubiertas oscuras, absorben y retienen la energía solar con mayor eficacia que los paisajes naturales y liberan calor de nuevo al entorno.
La geometría de nuestros edificios contribuye a este efecto. Los edificios altos y las calles estrechas restringen el flujo de aire y atrapan el calor a nivel del suelo.
La aceleración de la urbanización mundial hace que abordar este problema sea aún más urgente. Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en zonas urbanas, y se prevé que esta proporción alcance el 68 % en 2050.
En 2015, el 58 % de las personas de 60 años o más vivía en ciudades, y esa cifra no ha dejado de aumentar. La combinación del envejecimiento demográfico y la intensificación del calor urbano está creando focos de vulnerabilidad.
La exposición al calor se está convirtiendo rápidamente en el riesgo climático más costoso y se prevé que provoque pérdidas anuales de productividad de 2,4 billones de dólares para 2035.
Estos impactos suelen afectar con mayor intensidad a las comunidades de bajos ingresos que disponen de pocos espacios verdes, carecen de sistemas de refrigeración adecuados o de ingresos para hacerlos funcionar y viven más cerca de instalaciones industriales que generan calor.
Adaptarse a un clima cada vez más cálido
Actualmente, el 88 % de la financiación para desastres relacionados con el clima se destina a respuestas reactivas posteriores a los fenómenos. Para lograr avances en este problema, el mundo debe pasar a invertir proactivamente en resiliencia.
¿Qué aspecto tiene eso?
Soluciones basadas en la naturaleza
Los grandes espacios verdes, como parques y corredores verdes, pueden reducir las temperaturas hasta en 1,0 °C-4,0 °C.
Los más eficaces son los jardines botánicos y los humedales, que tienen la mayor capacidad para enfriar el aire y consiguen reducciones aproximadas de 5,0 °C y 4,9 °C, respectivamente.
La ciudad colombiana de Medellín muestra cómo los corredores verdes pueden crear redes de aire fresco dentro de una ciudad. Descubra su éxito en el siguiente vídeo.
Sistemas de alerta temprana
«Hoy en día, un tercio de la población mundial, principalmente en los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, sigue sin estar cubierta por sistemas de alerta temprana», anunció el secretario general de la ONU, António Guterres, en el Día Meteorológico Mundial de 2022.
Los sistemas de alerta temprana son fundamentales para proteger a las poblaciones vulnerables durante las olas de calor.
El informe del Foro Económico Mundial Innovación y adaptación en la crisis climática: tecnología para la nueva normalidad destaca cómo tecnologías en desarrollo, como la inteligencia artificial, los sensores del Internet de las cosas y los sistemas de observación de la Tierra, están transformando las capacidades de alerta temprana.
Proteger a los trabajadores
Para proteger adecuadamente a los trabajadores de niveles peligrosos de calor, se necesita una combinación de medidas de protección inmediatas, soluciones tecnológicas a medio plazo e inversiones en infraestructuras a largo plazo.
Grecia y España han establecido descansos más largos durante las horas de calor para quienes trabajan al aire libre y han exigido instalaciones de refrigeración con agua fría.
Las innovaciones, como la tecnología ponible que detecta el estrés térmico, pueden ayudar a avisar a los trabajadores cuando corren peligro. Es fácil juzgar mal los riesgos para la propia seguridad cuando empieza a aparecer el agotamiento por calor.
Las inversiones en infraestructuras a más largo plazo incluyen reverdecer las ciudades y utilizar materiales de construcción reflectantes de la radiación solar, con los que se ha logrado un resultado satisfactorio en Ahmedabad, India.
Existen herramientas para desarrollar resiliencia frente al calor. El desafío que afronta ahora el mundo es cómo ampliar estas soluciones con la rapidez necesaria para responder al aumento de la frecuencia y la intensidad de las olas de calor.


