El aire cargado de smog de China ya es una crisis de salud pública, con alrededor de 1 millón de muertes atribuibles a la contaminación atmosférica cada año, según la Organización Mundial de la Salud. Pero mientras el gobierno trabaja para disipar la neblina gris que cubre las ciudades del país, un asesino invisible asoma su amenazante rostro: el ozono. Preocupa a los expertos en salud pública del país.
«China debería prestar más atención al control del ozono», afirma Zhang Junfeng, profesor de salud global y ambiental en el Centro Regional de Investigación Colaborativa sino-estadounidense sobre el Ozono de la Universidad de Duke Kunshan, el primer instituto de investigación de China dedicado al control de la contaminación por ozono, fundado en 2016. «Una vez que el ozono entra en el cuerpo humano, causa daños considerables en el sistema inmunitario y agrava los problemas cardiovasculares y respiratorios existentes».
El ozono es conocido principalmente como la capa de gas de la atmósfera terrestre que protege a los seres humanos de los dañinos rayos ultravioleta, cuya exposición puede causar cáncer y otros problemas de salud. De hecho, China fue objeto de críticas globales por no controlar las emisiones nacionales de clorofluorocarbonos —o CFC—, sustancias químicas que agotan los niveles globales de ozono y aumentan los riesgos para la salud.

Sin embargo, es menos conocido que el exceso de ozono a nivel del suelo también supone una amenaza para la salud pública. El aire con altas concentraciones de ozono puede dañar las células de los pulmones y de otros órganos. En China, se estima que 316.000 adultos murieron en 2010 por enfermedades respiratorias causadas o agravadas por la contaminación por ozono, según un estudio sobre la exposición prolongada al ozono publicado en 2017 en la revista Environmental Health Perspectives. Además, aproximadamente una cuarta parte de las muertes respiratorias atribuibles al ozono en el mundo se producen en China.
El ozono se acumula cuando los óxidos de nitrógeno presentes en el aire —producidos principalmente por la quema de carbón y las emisiones de vehículos— reaccionan con los compuestos orgánicos volátiles (COV), sustancias químicas orgánicas que se evaporan con facilidad, incluso a temperatura ambiente. Aunque las políticas de control de la contaminación atmosférica del gobierno chino han reducido los óxidos de nitrógeno atmosféricos desde 2012, son menos eficaces para controlar los COV, lo que provoca una acumulación de ozono a nivel del suelo.
«La contaminación por ozono no recibe la misma atención [que el PM 2.5], ni por parte del público ni del gobierno, porque, en primer lugar, es mucho menos visible.» - Zhang Junfeng, profesor
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Zhang afirma que el problema del ozono en China se agrava porque el debate público sobre la contaminación atmosférica se centra en gran medida en las llamadas partículas atmosféricas: materia sólida o líquida microscópica suspendida en el aire que contribuye al smog visible en las ciudades. Se sabe que las partículas de diámetro igual o inferior a 2,5 y 10 micrómetros —conocidas respectivamente como PM 2.5 y PM 10— son letales, pues pueden causar cáncer, infartos y enfermedades respiratorias. En consecuencia, el gobierno chino ha puesto en marcha una serie de medidas destinadas a reducir los niveles de PM 2.5 y superiores en la atmósfera, mientras que los esfuerzos por reducir los niveles de ozono a nivel del suelo se han estancado.
«El público está bien informado sobre cómo el PM 2.5 provoca una fuerte contaminación atmosférica, y las autoridades han dedicado en los últimos años un gran esfuerzo a controlar el PM 2.5 y el PM 10», afirma Zhang. «Es evidente que estos contaminantes han disminuido. Pero la contaminación por ozono … no recibe la misma atención, ni por parte del público ni del gobierno, porque, en primer lugar, es mucho menos visible».
Por consiguiente, las políticas de calidad del aire de China dan prioridad a la reducción del PM 2.5 frente a la del ozono, afirma Hao Jiming, profesor de ingeniería ambiental de la Universidad Tsinghua de Pekín. «Actualmente, la norma china para niveles seguros de PM 2.5 en la atmósfera es 3,5 veces superior a las directrices sobre calidad del aire de la OMS», explica Hao, un objetivo que determinadas regiones del país no logran cumplir pese al margen adicional. Mientras tanto, las normas nacionales para el ozono a nivel del suelo son solo 1,6 veces superiores a las de la OMS y se incumplen en menor medida, lo que concentra aún más la atención en el PM 2.5, añade Hao.

El mes pasado, científicos de la Universidad de Harvard y de la Nanjing University of Information Science & Technology publicaron un artículo que muestra cómo la guerra de China contra el PM 2.5 ha provocado, de forma inesperada, un aumento de la contaminación por ozono. Normalmente, la presencia de PM 2.5 en el aire interrumpe las reacciones químicas entre los radicales libres que producen ozono. Cuando los niveles de PM 2.5 disminuyen, estas reacciones se vuelven más probables y, por tanto, se produce más ozono. Los efectos negativos sobre la contaminación por ozono derivados de la fuerte reducción del PM 2.5 son especialmente notables en regiones como la Llanura de China del Norte, antigua región industrial que en los últimos años ha sido un objetivo clave de la reducción de la contaminación.
En una entrevista de enero, uno de los coautores del artículo, Daniel Jacob, llamó la atención sobre el carácter único del problema del ozono en China. «No hemos observado que esto ocurra en ningún otro lugar, porque ningún otro país ha avanzado tan rápido en la reducción de las emisiones de [PM 2.5]», afirmó Jacob. «China tardó cuatro años en hacer lo que en Estados Unidos llevó 30 años».
«Si el cambio climático continúa al ritmo actual, la contaminación por ozono provocará tasas de mortalidad más altas en el futuro.» - Chen Kai, investigador posdoctoral
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En su artículo, Jacob y sus colegas recomendaron que China establezca medidas eficaces para reducir la contaminación por ozono controlando la liberación de sus precursores —los óxidos de nitrógeno y los COV—. Sin embargo, Zhang, profesor de Duke Kunshan, afirma que reducir la contaminación por ozono puede ser aún más difícil que controlar las partículas, en parte porque resulta complicado identificar, en primer lugar, el origen de la contaminación por ozono.
«Las tendencias del ozono son distintas en las diferentes zonas de China. Comprender cuál de los precursores impulsa la formación de ozono en una ciudad o región es el primer paso hacia el control del ozono», afirma Zhang, y añade que la investigación sobre la contaminación por ozono es muy escasa en comparación con la del PM 2.5. «En muchas regiones, todavía no está claro qué está causando realmente el aumento de los niveles de ozono», añade.
Sin medidas sólidas de control del ozono, es probable que muchas personas en China se enfrenten a mayores riesgos para la salud en el futuro. En todo el país, el cambio climático y el calentamiento global prolongan e intensifican los periodos de tiempo cálido en los que el ozono se concentra en mayor medida. Al mismo tiempo, la población china envejece y es cada vez más vulnerable a los efectos adversos de la contaminación por ozono sobre la salud.
«Si el cambio climático continúa al ritmo actual, la contaminación por ozono provocará tasas de mortalidad más altas en el futuro», afirma Chen Kai, investigador posdoctoral de la Fundación Alexander von Humboldt en Alemania. La investigación de Chen, realizada en colaboración con la Universidad de Columbia, muestra que las tasas de mortalidad vinculadas a la exposición al ozono a corto plazo en China podrían cuadruplicarse en 40 años, debido en gran medida al calentamiento global y al envejecimiento de la población del país.

El último plan trienal de China para frenar la contaminación atmosférica, publicado en julio de 2018, sí incluye ciertas disposiciones para el control del ozono, como obligar a los fabricantes a reparar y sustituir las instalaciones que emiten COV y aplicar límites legales máximos a la concentración de COV en pinturas, tintas y adhesivos. Y en el delta del río Yangtsé, los expertos ya están colaborando con las autoridades gubernamentales para combinar el control del PM 2.5 con la protección frente al exceso de ozono mediante la reducción de las emisiones industriales, los gases de escape de los vehículos y la quema de carbón.
«Si China no presta suficiente atención a la contaminación por ozono ahora, será difícil abordarla en el futuro», afirma Zhang.




