Las investigaciones demuestran que fijar un precio a los combustibles de origen fósil, en forma de tasa o impuesto, es una forma eficaz de reducir las emisiones de GEI y los niveles de contaminación en todo el mundo.
Una política de impuestos al carbono puede generar ingresos considerables para los países, que luego pueden destinarse a subsanar el perjuicio económico causado por la quema de combustibles fósiles.
Los países que aún no han implantado un impuesto al carbono deberían aprender de las experiencias de lugares como Sudáfrica y la Columbia Británica (Canadá), que lo han implantado con éxito.
En 2020 fuimos testigos de varios fenómenos meteorológicos extremos en todo el planeta. Las condiciones de calor y sequedad provocaron incendios forestales de récord en vastas zonas de California, Brasil y Australia. Y la temporada de huracanes de ese año registró 30 tormentas con nombre destructivas en el Atlántico Norte y 12 tormentas que tocaron tierra en Estados Unidos.
Para la temporada de huracanes del Atlántico de 2021, los meteorólogos de la Universidad Estatal de Colorado prevén que existe aproximadamente una probabilidad de 6 entre 10 de que se produzca otra temporada de huracanes activa. Las investigaciones muestran además que las sequías prolongadas han destruido productos agrícolas y han empujado a millones de personas al hambre en Madagascar y Zimbabue. En consecuencia, se haproyectado que el calentamiento global tiene el potencial de condenar a la extinción a más de un tercio de las especies animales y vegetales de la Tierra de aquí a 2050 si las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) siguen aumentando sin control.
Teniendo en cuenta los posibles efectos del cambio climático en la salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que el cambio climático causará aproximadamente 250 000 muertes al año entre 2030 y 2050, y 38 000 debidas a la exposición al calor en personas mayores. Por ello, es urgente actuar para frenar los efectos del cambio global, incluida la posibilidad de introducir impuestos al carbono como medio para combatir la contaminación ambiental.
Argumentos a favor de los impuestos al carbono
Muchos economistas han sostenido que los impuestos al carbono son la forma más eficiente y rentable de frenar el cambio climático y abordar el problema del calentamiento global. Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), un impuesto al carbono es «un instrumento de internalización de los costes ambientales. Es un impuesto especial sobre los productores de combustibles fósiles en bruto basado en el contenido relativo de carbono de dichos combustibles».
Las investigaciones muestran que fijar un precio a los combustibles de origen fósil, en forma de tasa o impuesto, puede ser una forma eficaz de reducir las emisiones de GEI y los niveles de contaminación en todo el mundo. Al imponer impuestos más altos a los combustibles de origen fósil, los hogares y las industrias pueden reducir el nivel de contaminación y recurrir a alternativas como la energía solar y los motores de hidrógeno, que tienen un menor impacto ambiental. Por tanto, la implantación de un sistema de impuestos al carbono ofrece un incentivo a las empresas y las industrias para desarrollar procesos de producción más respetuosos con el medio ambiente. El gravamen de las emisiones de GEI fomenta la inversión en energías renovables y favorece nuevos avances tecnológicos. En los últimos años, las pruebas demuestran que la tecnología y la innovación han hecho que la energía solar sea más eficiente y eficaz con el fin de reducir los costes de la contaminación.
Asimismo, la implantación de una política de impuestos al carbono puede generar ingresos considerables para los países, que luego pueden destinarse a subsanar el perjuicio económico causado por la quema de combustibles fósiles. Los gobiernos podrían, por ejemplo, utilizar los ingresos procedentes de los impuestos al carbono para reducir los impuestos personales sobre la renta, los déficits futuros o para invertir en energía limpia y adaptación al clima.
Un ejemplo destacado es la implantación de un impuesto al carbono en la provincia canadiense de la Columbia Británica desde 2008, que también ha sido celebrado a escala mundial como ejemplo de manual de imposición del carbono en un actor subestatal, ya que abarca aproximadamente el 70 % de las emisiones de GEI de la provincia. La cobertura equitativa de la compra y el uso de combustibles fósiles por parte de los hogares y de las industrias de la provincia se ha considerado un alejamiento de los impuestos al carbono de otros países, que eximían a las industrias con influencia política. En general, la política de impuestos al carbono de la Columbia Británica ha conseguido reducir de forma significativa el nivel de emisiones de GEI de la provincia sin comprometer el crecimiento y el desarrollo económicos.
Los países africanos también han participado en la implantación de regímenes de imposición del carbono. Sudáfrica es un buen ejemplo de economía emergente que lucha contra el calentamiento global y el cambio climático mediante la introducción de un sistema de impuestos al carbono. El impuesto al carbono de Sudáfrica entró en vigor en junio de 2019 y se centra en las emisiones de carbono procedentes de procesos de los sectores industrial, energético, de la construcción y del transporte. El impuesto sudafricano sobre el carbono se aplica a las emisiones de carbono que superan un determinado nivel procedentes de la combustión de combustibles, la generación de electricidad y los procesos industriales, y abarca el 80 % de las emisiones de GEI del país. El progreso percibido en la política de impuestos al carbono de Sudáfrica ha impulsado las peticiones de Kenia, Uganda, Nigeria, Ruanda y otros países africanos para reformar las leyes fiscales vigentes con el fin de introducir un sistema de impuestos al carbono que reduzca la contaminación ambiental en el sector extractivo.
Aprender de la experiencia
Los efectos adversos y las consecuencias del calentamiento global y del cambio climático, sin duda, empeoran cada día. El mundo sigue registrando aumentos de las temperaturas y subidas del nivel del mar. Los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor, lluvias torrenciales, ciclones, ventiscas y sequías, sin duda seguirán produciéndose con más frecuencia y mayor intensidad si el nivel de GEI liberados a la atmósfera no se controla. En vista de ello, es necesario que los países de todo el mundo introduzcan un sistema de impuestos al carbono que pretenda desalentar la contaminación, promover una mayor eficiencia energética y potenciar el uso de innovaciones en carbono más limpias, aspectos todos ellos fundamentales para lograr el éxito en la ecologización de la economía mundial.
Si el mundo quiere abordar los efectos adversos de la subida del nivel del mar, los cambios en los patrones meteorológicos y los fenómenos meteorológicos extremos, los países deben intensificar sus esfuerzos para reducir el nivel de emisiones de GEI. En particular, los países que aún no han implantado una política de impuestos al carbono deberían aprender de las experiencias de otros países que lo han implantado con éxito, con miras a desarrollar estrategias únicas que contribuyan a mitigar el calentamiento global y el cambio climático.



