¿Qué es la ciudadanía global?

A photo taken by Expedition 46 flight engineer Tim Peake of the European Space Agency (ESA) aboard the International Space Station shows Italy, the Alps, and the Mediterranean on January, 25, 2016. REUTERS/NASA/Tim Peake/Handout ATTENTION EDITORS - FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. REUTERS IS UNABLE TO INDEPENDENTLY VERIFY THE AUTHENTICITY, CONTENT, LOCATION OR DATE OF THIS IMAGE. THIS PICTURE IS DISTRIBUTED EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS - TM3EC311KON01
Global citizenship is about shared values and shared responsibility.Image: REUTERS/NASA/Tim Peake
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Empecemos por situarnos: el mundo se globaliza y se interconecta cada día más. Desde las empresas multinacionales hasta el cambio climático y los movimientos sociales y políticos, el destino de la humanidad está cada vez más entrelazado.

Además, estamos en las primeras etapas de un cambio histórico de identidad, cada vez menos ligada a un lugar concreto, que tendrá consecuencias de gran alcance tanto para las empresas como para los gobiernos y la sociedad.

En este contexto, los debates sobre la globalización alcanzan una intensidad sin precedentes. Y, sin embargo, parece que casi hemos olvidado el papel de la ciudadanía global. Es imperativo que cambiemos esta tendencia.

Hay dos tipos de ciudadanos globales: las personas, que comparten un conjunto de valores y responsabilidades, y las empresas, que se han centrado en la globalización y parecen haber dejado atrás la ciudadanía global. Mi objetivo es ser un modelo para las personas, ayudar a las empresas a convertirse en mejores ciudadanos globales y destacar la importancia y las voces de los ciudadanos globales de todo el mundo.

'La experiencia humana compartida'

La ciudadanía global tiene que ver con la experiencia humana compartida. Reconoce y celebra que, vengamos de donde vengamos y vivamos donde vivamos, estamos aquí juntos. Nuestro bienestar y nuestro éxito dependen, en última instancia, unos de otros. Tenemos más que aprender unos de otros que motivos para temer por nuestro futuro.

La ciudadanía global también tiene que ver con los valores compartidos y la responsabilidad compartida. Los ciudadanos globales entienden que los acontecimientos locales están muy condicionados e influidos por acontecimientos mundiales y lejanos, y viceversa. Defienden los derechos humanos fundamentales por encima de cualquier ley o identidad nacional, así como contratos sociales que preserven elementos de igualdad entre todas las personas.

La diversidad, la interdependencia, la empatía y la perspectiva son valores esenciales de la ciudadanía global. Los ciudadanos globales aprovechan estos valores y están en una posición única para contribuir en múltiples contextos —local, nacional e internacional— sin perjudicar a una comunidad para beneficiar a otra. Fomentan y promueven el entendimiento internacional.

Entre los ciudadanos globales hay personas y empresas, nómadas globales, «glocales», jóvenes y mayores, grandes y pequeños, con y sin ánimo de lucro, del sector público y privado, introvertidos y extrovertidos, hombres, mujeres, niños y todas las personas intermedias. La ciudadanía global y el liderazgo visionario a largo plazo van de la mano: líderes individuales que defienden valores compartidos y empresas ciudadanas cuya gobernanza, ética, modelo de negocio y estrategia de inversióncrean valor —en lugar de limitarse a extraerlo— en todos y cada uno de los lugares donde operan.

La ciudadanía global no es lo mismo que la globalización. La globalización —el proceso por el que las organizaciones desarrollan influencia internacional u operan a escala internacional— está impulsada por la economía, los negocios y el dinero. Tiene que ver con el flujo de productos, capital, personas e información. La ciudadanía global, en cambio, está impulsada por la identidad y los valores. Los ciudadanos globales tienden puentes, mitigan riesgos y protegen a la humanidad. Aunque hoy la globalización es objeto de intensos debates, nunca hemos necesitado tanto a los ciudadanos globales como ahora.

Image: Medio

¿Por qué importa la ciudadanía global?

Los ciudadanos globales no nacen; se forman. Los niños no comprenden de manera innata la humanidad que comparten; lo aprenden con el tiempo. No se puede subestimar la importancia de la educación y de propiciar perspectivas globales.

Históricamente, la ciudadanía global se arraigó en el deseo común de evitar la guerra. Se razonaba que cuanto más supiéramos unos de otros, más probable sería garantizar la paz, el progreso y la prosperidad. Más recientemente, el Proyecto Genoma Humano nos ha demostrado —por primera vez en la historia de la humanidad— que, desde el punto de vista científico, todos somos uno. Las nuevas tecnologías también nos permiten conectar con más personas y de más maneras que nunca, descubrir nuestras similitudes y diferencias, comprender mejor nuestras interdependencias y ampliar nuestra visión del mundo.

Sin embargo, muchas personas no se sienten así o no han vivido experiencias de ese tipo. En todo el mundo vemos personas que carecen de sentido de pertenencia: no sienten una conexión más profunda con otros lugares, personas o culturas. A menudo ni siquiera sienten que pertenezcan a su hogar. Además, sobre todo en los países en desarrollo, quienes no han podido participar en la «revolución digital» también han quedado al margen de estas conversaciones. La conectividad no es universal.

En el ámbito empresarial, durante las últimas décadas hemos visto con demasiada frecuencia compañías que han antepuesto sus intereses a los de las personas, las comunidades y el medioambiente. Leemos sobre conductas poco éticas, corrupción, búsqueda de rentas, prácticas laborales abusivas, degradación medioambiental y cosas peores. Estas actividades representan justo lo contrario de lo que el mundo necesita.

La ciudadanía global ayuda a cerrar estas brechas y corregir estas realidades, y los ciudadanos globales son sus embajadores. Esto no tiene que ver únicamente con la mentalidad, sino también con las acciones, los estilos de vida y la creación de vínculos más sólidos a lo largo del tiempo.

¿Por qué ahora? ¿Qué tiene de diferente el presente?

Aunque desde hace siglos vivimos en un mundo cada vez más global, los debates actuales sobre la globalización son más encendidos que casi nunca. Desde el brexit hasta las elecciones presidenciales de Estados Unidos, pasando por el auge del nacionalismo y las crisis de refugiados, vemos reacciones adversas e incomprensión por todas partes. La ciudadanía global siempre ha sido importante. Pero ahora urge destacar su importancia para la sociedad, las empresas y el mundo en general.

Estamos en las primeras etapas de un cambio histórico de identidad. Cada vez estamos menos ligados a un lugar concreto, una estructura social o un Estado nación. Es un cambio enorme del que, en general, nosotros —es decir, las personas y las organizaciones de todo el mundo— no somos conscientes ni estamos preparados. Exige replantear nuestros marcos de referencia y nuestra manera de ver el cambio. También tiene una amplia variedad de consecuencias. Estas son algunas de las más importantes:

Tecnología: Internet no tiene fronteras y la globalización se ha vuelto digital. Los teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles nos brindan un nivel de interconexión global sin precedentes. Las nuevas tecnologías tienen un increíble poder democratizador para quienes pueden acceder a ellas. Si unimos esta interconexión a los valores de la ciudadanía global, el mundo se abre y ofrece voz y oportunidades a muchas más personas.

Liderazgo: La globalización y la ciudadanía global no son lo mismo. La globalización ha aportado beneficios sin precedentes a muchas personas, pero no a todas. Los líderes exitosos son ciudadanos globales, ya sean directores ejecutivos, primeros ministros, líderes comunitarios o niños. Que construyamos un futuro verdaderamente inclusivo y sostenible, y cómo lo hagamos, dependerá de nuestra capacidad para ayudar a las nuevas generaciones de líderes a adoptar una perspectiva global.

Empresas: Las empresas globales, en particular las corporaciones multinacionales (CMN), están soportando el peso de los debates actuales sobre la globalización. Y es justo que así sea. Durante décadas, e incluso siglos, las CMN han extraído más de lo que han aportado. Han beneficiado a unos pocos —por lo general, directivos y accionistas— a costa de otros, a menudo personas sin voz: trabajadores, comunidades y el medioambiente.

Aun así, la globalización ha aportado un valor inmenso a la economía mundial (del orden del 10 % del PIB mundial). Los países más interconectados y los mercados emergentes son los que más se han beneficiado de esta tendencia en términos de crecimiento económico. Por tanto, no es que la globalización en sí sea mala ni que vaya a desaparecer pronto.

Aquí es donde los ciudadanos globales son fundamentales, porque entienden tanto los contextos globales como los locales. Por ejemplo, aunque la globalización ha reducido la desigualdad entre los países, la ha agravado dentro de ellos. Por eso, las soluciones tienen más que ver con cambios específicos en las políticas nacionales que con cerrar fronteras o desregular. En cuanto a las empresas, ha llegado el momento de revisar las estrategias de las CMN para garantizar que generen prosperidad global, se impliquen en la sociedad y contribuyan al bien común.

Política: Muchos políticos ven el globalismo como una enfermedad y el nacionalismo como la cura. Pero esta es una falsa dicotomía. «Desglobalizar» no permitirá alcanzar los objetivos de paz, progreso y prosperidad. En cambio, debemos buscar respuestas duraderas en los valores compartidos de la ciudadanía global.

Juventud, educación y movilidad laboral: Las nuevas tecnologías derriban barreras al aprendizaje, el desarrollo y la obtención de ingresos. La juventud actual tiende a ver el mundo —y a sí misma— como algo más global, sin fronteras y fluido. Además, una de cada siete personas en el mundo ya es inmigrante.

Sin embargo, estos temas plantean muchas incógnitas de cara al futuro, desde la automatización de los empleos hasta el «auge de la juventud» en muchos mercados emergentes. Los trabajadores altamente cualificados quizá estén menos ligados a un lugar o una profesión concretos, mientras que los poco cualificados podrían tener cada vez menos opciones. Los ciudadanos globales que comprendan las distintas dimensiones de estas consecuencias serán clave para desarrollar soluciones responsables.

Medioambiente y cambio climático: Probablemente no haya otro problema que ponga más claramente de relieve nuestra interconexión que el cambio climático. La Tierra depende de una gestión colectiva que trascienda cualquier frontera geopolítica o economía. Uno de los muchos papeles esenciales de los ciudadanos globales es proteger y hacer cumplir los acuerdos internacionales. La salud del planeta y de la sociedad depende de que los ciudadanos globales lideren esta iniciativa.

Ciudades y urbanización: Vivimos en el milenio urbano. Para 2100, habrá más personas viviendo en ciudades que habitantes tiene hoy el mundo. Las ciudades son motores del crecimiento global. Están llenas de oportunidades y también de desafíos. Son un ejemplo clásico de «glocalismo»: las ciudades más exitosas están conectadas a escala global y son capaces de responder a las necesidades locales… en otras palabras, están perfectamente alineadas con los valores de la ciudadanía global.

La ciudadanía global no es un concepto universal que sirva para todos los casos, ni una panacea. Pero es una herramienta sumamente poderosa en nuestro repertorio del siglo XXI para construir un mundo más sostenible, resiliente y compasivo. Todo el mundo puede desempeñar un papel importante. El mundo te espera.

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