El papel de los líderes religiosos en la lucha contra la trata de personas

El papel de los líderes religiosos en la lucha contra la trata de personas
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Desde el trabajo forzoso en las minas y los talleres clandestinos hasta el servicio doméstico y la prostitución, la trata internacional de personas abarca una amplia variedad de actividades ilegales, canalizadas a través de organizaciones criminales, que obligan a los migrantes a emprender largos y penosos viajes.

En la actualidad, casi 36 millones de personas en todo el mundo viven en lo que se considera «esclavitud moderna», según el Índice Global de Esclavitud más reciente, elaborado por la fundación australiana Walk Free.

Al realizar una visita sorpresa en julio de 2013 a la isla italiana de Lampedusa, adonde llegan migrantes a las costas de la Unión Europea, entre ellos personas víctimas de trata, el papa Francisco tomó la iniciativa de situar este problema, a menudo subestimado, en la agenda mundial e incorporar el diálogo interreligioso.

Así, la trata de personas se está convirtiendo en una preocupación compartida por los líderes religiosos, que han emprendido una iniciativa común para sensibilizar a las empresas y a los responsables políticos contra la «esclavitud moderna». Los primeros pasos se han dado en el marco de una nueva iniciativa creada en marzo de este año, llamada «Global Freedom Network». La promueve la Santa Sede, aunque hasta ahora su financiación procede principalmente del multimillonario australiano Andrew Forrest.

Desde un primer simposio celebrado en el Vaticano en noviembre de 2013, que reunió a gobiernos, ONG, académicos y expertos religiosos de todo el mundo, se han sumado a la campaña líderes anglicanos y, posteriormente, ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas e hindúes. El lanzamiento oficial tuvo lugar en una ceremonia de firma organizada por el papa Francisco el 2 de diciembre de 2014, fecha conocida como el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud.

Justin Welby, arzobispo de Canterbury, estuvo presente, al igual que el rabino jefe David Rosen y altos representantes del gran imán de la Universidad Al-Azhar de El Cairo y de otros líderes musulmanes, entre otros dirigentes religiosos. Todos pronunciaron discursos. Otros enviaron mensajes de apoyo en video, como el patriarca ecuménico ortodoxo Bartolomé.

Del diálogo a la acción

Más allá de las impresionantes imágenes de esta reunión de un día y del compromiso compartido de erradicar la trata de personas en un plazo de siete años, para 2020, un aspecto destacado del evento es cómo el diálogo interreligioso se está convirtiendo cada vez más en acción interreligiosa, centrada en grandes preocupaciones y dificultades humanas, como la trata.

«No hablamos solo de teología, sino de experiencia religiosa», explicó el papa Francisco a la prensa que lo acompañaba en el vuelo de regreso de Turquía, poco antes de que se firmara el acuerdo, y expresó la necesidad de un «salto cualitativo» en el diálogo interreligioso.

Antes, en Turquía, el presidente de Asuntos Religiosos, el doctor Mehmet Görmez, lo expresó de forma más directa en su declaración al papa Francisco: «Hoy, los hombres de religión deberían dejar de lado sus discusiones sobre sus pretensiones de percibir la verdad bajo el nombre de diálogo en una dimensión teológica, como si esa fuera su misión, y deberían concentrarse en un esfuerzo concertado en torno a» cuestiones vitales para el mundo, a saber, la violencia, la pobreza y los problemas medioambientales.

El acuerdo contra la trata de personas podría servir, así, como un nuevo modelo de cooperación interreligiosa para abordar otros problemas, en los que no se espera necesariamente que los líderes religiosos intervengan, pero sí pueden desempeñar un papel significativo en la sensibilización. En el Vaticano, algunos están considerando organizar una cumbre interreligiosa sobre el cambio climático antes de la conferencia intergubernamental que se celebrará en París en diciembre de 2015.

«La fe religiosa puede ser una poderosa fuerza motivadora que inspire la acción individual y comunitaria, tanto espiritual como práctica», escribe Global Freedom Network sobre el propósito de incorporar a líderes religiosos a la lucha contra la trata de personas: «Los líderes religiosos mundiales, con sus palabras y sus actos, pueden contribuir a formar la voluntad y el esfuerzo de inspiración religiosa de hombres y mujeres para vencer el mal creado por el ser humano que es la esclavitud moderna».

Un enfoque menos elitista

Para los líderes religiosos, condenar juntos actos que ponen gravemente en peligro la dignidad humana parece más evidente que superar arduos debates teológicos. Por ejemplo, apenas unas semanas después de que el papa Francisco calificara la trata de personas como «un crimen contra la humanidad», Al Azhar, en Egipto, promulgó en diciembre de 2013 una fetua que declaraba que la esclavitud moderna y la trata de personas contradicen las enseñanzas del Corán.

Pero ponerse de acuerdo sobre la redacción exacta puede resultar complicado, incluso en temas como estos. Los anglicanos querían que el acuerdo firmado en el Vaticano el 2 de diciembre especificara «prostitución forzada», mientras que los católicos preferían considerar la «prostitución» en sí. El documento menciona «trabajo forzoso y prostitución».

Otro aspecto importante de esta nueva forma de cooperación interreligiosa es que pretende extenderse ampliamente y no limitarse a un nivel elitista, como suele ocurrir con los debates teológicos. No solo se convoca a los líderes religiosos, sino también a los propios creyentes para que participen, junto con ellos, en la lucha contra la trata de personas en sus comunidades. Esto incluye los hábitos de consumo, la verificación de las cadenas de suministro para promover acuerdos de compra éticos o la defensa de reformas legislativas, según señala Global Freedom Network.

El reto ahora es extender esta cooperación a nivel local. Cristianos, judíos, musulmanes, budistas e hindúes, por supuesto, seguirán llevando sus propios signos religiosos, pero también pueden compartir y mostrar la misma preocupación por vestir ropa o usar dispositivos que estén libres de esclavitud. Reconocer esto podría abrir el camino a un entendimiento más amplio y profundo entre las religiones.

Autor: Sébastien Maillard, corresponsal en Roma del diario francés La Croix, Miembro del Consejo de la Agenda Global sobre el papel de las religiones

Imagen: Presuntas víctimas de trata de personas rezan en un refugio gubernamental en el distrito de Takua Pa, provincia de Phang Nga, el 17 de octubre de 2014. REUTERS/Athit Perawongmetha

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