Esclavitud moderna: es un término extraño.
La palabra 'moderno' suele tener connotaciones positivas. Está actualizado. Es reciente. Fresco. De vanguardia.
Compárelo con la palabra 'esclavitud'. Un concepto muy anticuado. Cautiverio. Servidumbre. Opresión y represión. En el siglo XXI, la esclavitud es sin duda algo que solo individuos desquiciados o dictadores podrían tolerar.
Lamentablemente, sin embargo, hay 40 millones de razones por las que no es así: 40 millones de personas, hoy, en 2019. Esto ocurre pese a los esfuerzos de activistas de ONG, de algunas empresas y de los gobiernos.
Empecemos por lo básico. Existen muchas formas distintas de esclavitud moderna, y algunas personas encajan en varias categorías: trabajo forzoso; servidumbre por deudas; trata de seres humanos; matrimonio forzado; esclavitud infantil; y esclavitud basada en la ascendencia, en la que encontramos historias desgarradoras de bebés nacidos en esclavitud porque sus padres fueron capturados y esclavizados. Y aunque la esclavitud moderna afecta tanto a adultos como a niños, un número desproporcionado de mujeres y niñas, que representan el 71% de esos 40 millones, se ven afectadas.
Se calcula que, de los 40 millones, 25 millones (y no perdamos de vista la enormidad de esta cifra) están sometidos a trabajo forzoso.
En los últimos años, y a través de una participación cada vez mayor en este ámbito, trabajando con nuestra organización de ética y cumplimiento, con profesionales de la cadena de suministro y con otros, he constatado aspectos del problema verdaderamente escandalosos.
Uno pensaría que los gobiernos coincidirían en que se trata de una terrible lacra social y que estarían deseosos de hacer algo al respecto. Por ello, cuando la Organización Internacional del Trabajo presentó hace cinco años protocolos destinados a erradicar el trabajo forzoso y la trata, debería haber sido sencillo para los gobiernos ratificarlos y aplicarlos. Entonces, ¿por qué solo cuatro de los países del G20 (Argentina, Francia, Rusia y el Reino Unido) lo han hecho? ¿Había algo más importante en la agenda legislativa que liberar a personas de la servidumbre?
De hecho, el Índice Global de la Esclavitud muestra que algunos países avanzan hacia atrás y no hacia delante en la lucha contra la esclavitud moderna. La comunidad internacional debería asegurarse de que esos gobiernos sientan presión por su inacción, en el mejor de los casos.
Y aunque existe una creciente conciencia del problema en el sector empresarial, al margen de los requisitos de información en algunas jurisdicciones (como el Reino Unido y California), no vemos suficiente liderazgo por parte de la comunidad empresarial para relegar este fenómeno a donde le corresponde: la historia. Y cualquier directivo que niegue que se trata de un problema en sus cadenas de suministro probablemente sea un delirante o un deshonesto.
Pero cuando los directivos reconocen el desafío, se faculta a funciones clave de una empresa, desde compras hasta cadena de suministro y líneas de negocio, para abordar el problema con determinación. Tal y como indica el Proceso de Bali establece que las partes interesadas deben «reconocer, actuar y avanzar» en la lucha contra la esclavitud moderna; y el reconocimiento es el primer paso fundamental.
La empresa para la que trabajo, Hewlett Packard Enterprise, ha sido proactiva a la hora de impulsar mejores estándares en toda la cadena de suministro. Por ejemplo, nuestra norma sobre trabajadores migrantes extranjeros consagra en nuestras prácticas el principio ‘el empleador paga’ – la idea sencilla de que ningún trabajador debería tener que pagar por un empleo.
Aunque es un paso fundamental, necesitaremos algo más que buenas prácticas de cadena de suministro por parte de las grandes empresas para resolver esto por completo. Pero hay motivos para la esperanza. Me animó el debate celebrado en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos de este enero, en la que se destacó el papel de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial como medio para desarticular y, en última instancia, vencer la trata moderna de esclavos.
Las cadenas de bloques, como las que utiliza Diginex, tienen la capacidad de registrar y conservar información incorruptible, aportando transparencia a las condiciones de los trabajadores con el simple uso de un teléfono móvil.
La IA ya está ayudando a identificar víctimas de trata gracias a empresas sociales extraordinarias como Marinus Analytics.
Y la siempre innovadora Universidad de Nottingham (debo declarar un interés: pasé allí tres años felices como estudiante de grado) ha demostrado cómo el aprendizaje automático está identificando hornos de ladrillos que, con demasiada frecuencia, están habitados por trabajadores sometidos a servidumbre forzosa.
Estos son solo tres ejemplos de un ámbito en crecimiento que demuestran que la tecnología, utilizada de la manera correcta, puede ser una poderosa fuerza para el bien.
Debemos seguir experimentando, fracasar rápido y desarrollar soluciones revolucionarias para combatir hoy la esclavitud.
Cuanto antes podamos implementar estas herramientas para romper el ciclo de la esclavitud, antes podremos decir con orgullo que estamos marcando una diferencia genuinamente positiva en el mundo actual.
Millones de personas dependen de nosotros.
La sociedad civil en la Cuarta Revolución Industrial: preparación y respuesta: lea aquí el documento técnico completo. Forma parte de la iniciativa Preparar a la sociedad civil para la Cuarta Revolución Industrial dirigida por el Foro Económico Mundial en colaboración con organizaciones del sector social.



