Está surgiendo una era «posterior a los derechos humanos». Esto es lo que significa para las personas migrantes y cómo detenerla

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  • El mundo corre el riesgo de entrar en una era posterior a los derechos humanos y, como algunas de las personas más vulnerables del mundo, las personas refugiadas y migrantes podrían pagar el precio.

  • Un compromiso renovado con el sistema multilateral basado en normas y sustentado en los derechos humanos podría evitar lo peor de este retroceso global.

  • El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular proporciona la metodología para defender la dignidad y los derechos de todas las personas en movimiento

Muchos analistas y comentaristas han sostenido que el mundo ha entrado en una fase posterior a los derechos humanos, marcada por el menoscabo sostenido de los derechos humanos y del Estado de derecho en todo el mundo. Lamentablemente, esto no es nuevo, aunque la atención prestada a este tema ha tendido a aumentar y disminuir según los acontecimientos mundiales han marcado los flujos de noticias y el análisis.

El Secretario General de las Naciones Unidas habló de estos desafíos durante su discurso ante la Reunión Anual del Foro Económico Mundial a principios de este año, donde destacó la necesidad crítica de respetar plenamente el derecho internacional y la Carta de la ONU para construir la paz y la seguridad mundiales.

A medida que se acerca la Cumbre del Futuro de la ONU, prevista para septiembre, y mientras continúan las guerras que antes se consideraban «inconcebibles» en Ucrania y Gaza, es hora de reflexionar sobre las transformaciones globales —geopolíticas, tecnológicas y ambientales— que están alterando radicalmente el panorama multilateral y lo que probablemente significarán para la gobernanza global de la migración en un mundo posterior a los derechos humanos.

Consecuencias de una era posterior a los derechos humanos para la migración y la movilidad

Un sistema multilateral en el que ya no se respeten ni apliquen los marcos tradicionales de derechos humanos supondría un enfoque global de la migración profundamente distinto. Así sería.

  • Dominio geopolítico y dinámicas de poder

Sin los principios fundamentales de los derechos humanos, las políticas y prácticas migratorias podrían estar más influidas por los intereses geopolíticos y las dinámicas de poder. Los países darían aún más prioridad a la seguridad nacional y a los intereses económicos por encima del bienestar y la dignidad de las personas migrantes, lo que conduciría a políticas migratorias más restrictivas y selectivas que favorecieran a ciertos grupos en función de alianzas estratégicas.

  • Vigilancia y control tecnológicos

En ausencia de protecciones de derechos humanos, el uso de tecnologías avanzadas en la gestión de la migración se orientaría más hacia una mayor vigilancia, control y aplicación de la ley. Esto podría incluir el uso generalizado de la IA en la gestión migratoria (por ejemplo, en la tramitación de visados y el control fronterizo), lo que podría aumentar las desigualdades entre Estados y el riesgo de vulneraciones de la privacidad personal y otros derechos.

  • Desplazamiento ambiental y desigualdad

A medida que los cambios ambientales influyen cada vez más en la migración, dejar de lado los marcos vigentes de derechos humanos probablemente daría lugar a una protección y un apoyo insuficientes para las personas desplazadas por desastres climáticos o por la degradación ambiental. Esto podría aumentar la vulnerabilidad y la desigualdad, y los países más ricos podrían reforzar sus fronteras frente a quienes se han visto obligados a abandonar sus hogares debido a los efectos del cambio climático.

  • Acuerdos bilaterales transaccionales sobre trabajo

Sin un compromiso compartido con los derechos humanos universales, la gobernanza de la migración podría fragmentarse mucho más y caracterizarse por acuerdos bilaterales sobre trabajo de carácter transaccional. Estos acuerdos podrían centrarse exclusivamente en los intereses de los Estados, en vez de en el bienestar de las personas migrantes, y podrían llevar a que estas se utilizaran como moneda de cambio en negociaciones internacionales.

  • Privatización de la gestión de la migración

Un menor respeto por los derechos humanos también podría alentar aún más la privatización de aspectos de la gestión de la migración, incluidos los centros de detención, los procesos de retorno e incluso las operaciones de rescate. Esto podría dar prioridad a la eficiencia y los márgenes de beneficio por encima del trato humano a las personas migrantes, con una supervisión y una rendición de cuentas más limitadas.

  • Respuestas comunitarias

En respuesta al deterioro de los derechos humanos en la gobernanza formal de la migración, actores no estatales, incluidas ONG, grupos comunitarios y organizaciones internacionales, podrían desempeñar un papel cada vez más vital en el apoyo y la protección de las personas migrantes. Estas entidades podrían ser esenciales para prestar ayuda humanitaria y asistencia jurídica, y defender el bienestar de las personas migrantes.

En tal escenario, el panorama migratorio mundial probablemente se volvería más complejo y difícil, con importantes consecuencias para la dignidad, la seguridad y los derechos de las personas migrantes en todo el mundo. El deterioro de los principios de derechos humanos exigiría nuevas formas de solidaridad, defensa y apoyo para garantizar que las personas más vulnerables no queden sin protección ni asistencia.

Reforzar un enfoque de la migración y la movilidad basado en los derechos

Sin embargo, hay otro camino por delante. Un compromiso renovado con el sistema multilateral basado en normas y sustentado en los derechos humanos, en la Cumbre del Futuro de este año, implica reforzar un enfoque de la gobernanza de la migración basado en los derechos:

  • Mayor atención a la movilidad relacionada con el clima y el medio ambiente

A medida que se intensifica el cambio climático, es esencial prestar más atención al desplazamiento inducido por el clima y a la migración ambiental. Esto implicaría apoyar las medidas de adaptación y la reducción del riesgo de desastres, así como a las personas desplazadas por desastres ambientales, garantizando sus derechos y ofreciendo vías para el reasentamiento o el retorno.

  • Adaptación a los avances tecnológicos

El rápido avance de la tecnología, en particular de la digitalización y la IA, plantea tanto oportunidades como desafíos para las personas migrantes. Un enfoque basado en los derechos incorpora mecanismos para garantizar que los avances tecnológicos en la gestión de la migración mejoren los derechos y la dignidad de las personas migrantes, en lugar de vulnerarlos. Esto incluye abordar las brechas digitales y garantizar un acceso equitativo a los procesos migratorios impulsados por la tecnología.

  • Capacidad de respuesta geopolítica

Mantener una gran capacidad de adaptación a los cambios geopolíticos, como los conflictos o las variaciones en las alianzas internacionales, es fundamental para la respuesta humanitaria ante los desplazamientos. La creciente presión sobre el sistema humanitario mundial para proteger y apoyar a las poblaciones desplazadas en tiempos de crisis exigirá un enfoque basado en los derechos, con recursos suficientes y respaldo geopolítico.

  • Inclusión económica y social

Dado el papel crucial de la migración en el desarrollo económico y las marcadas desigualdades existentes, la gobernanza basada en los derechos da prioridad a políticas que promuevan la inclusión económica y social de las personas migrantes. Esto supone garantizar que tengan acceso a los mercados laborales, los servicios sociales y vías regulares (incluidos programas de regularización). También exigiría un esfuerzo concertado para contrarrestar los discursos que deshumanizan a las personas migrantes y combatir la xenofobia y la discriminación.

  • Gobernanza global y cooperación

Al reconocer que la migración es un fenómeno global que ningún país puede gestionar por sí solo, la cooperación internacional y la gobernanza global cobrarán mayor importancia. Esto implica redoblar los esfuerzos para compartir responsabilidades y gestionar la migración de forma humana y eficiente, y cumplir los compromisos de acción colectiva en lugar de adoptar enfoques unilaterales.

Mantener los derechos humanos en el centro del sistema multilateral está intrínsecamente ligado a reducir la desigualdad mundial mediante la nueva agenda para la paz y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La gobernanza de la migración tal como se articula en el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular reforzaría su capacidad de adaptación, inclusividad y compromiso con la defensa de la dignidad y los derechos de todas las personas en movimiento. El Pacto integra respuestas a las transformaciones ambientales, tecnológicas y geopolíticas, y garantiza que la migración siga siendo una fuente de desarrollo humano y cooperación global. No reforzar los enfoques basados en los derechos entraña el riesgo de retroceder hacia un sistema posterior a los derechos humanos, con consecuencias potencialmente devastadoras para las personas migrantes y las sociedades.

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las del autor y no reflejan necesariamente las de la OIM ni las de ninguna otra organización a la que esté afiliado.

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