La pandemia está incrementando la incidencia del racismo en todo el mundo.
El miedo provocado por el virus se manifiesta en forma de discriminación.
Corresponde a todos nosotros frenar esta tendencia.
La pandemia de COVID-19 ha provocado un aumento de los informes de incidentes racistas en todo el mundo. La crisis alimenta el miedo, que a su vez se manifiesta en xenofobia y discriminación.
En el Reino Unido, la gente está pidiendo no ser atendida por médicos o enfermeros de origen asiático. El racismo antiasiático está aumentando especialmente en Estados Unidos, y no es la primera vez que ocurre. Los sentimientos islamófobos aumentaron en Estados Unidos después del 11-S, y muchas personas temen que, con la COVID-19, sean las personas de origen de Asia Oriental quienes sufran de la misma forma. Culpar a otros países y razas de los brotes de enfermedades tiene una larga historia.
Durante la pandemia, muchas personas negras han sufrido graves casos de discriminación y racismo en ciudades chinas. Según informes de Guangzhou , inmigrantes y expatriados de origen negro han sido expulsados de sus casas y obligados a autoaislarse. Los informes indican que la mayoría de los africanos que viven en Guangzhou han sido sometidos a pruebas pese a no presentar ningún síntoma y que, incluso después de obtener resultados negativos, no han sido liberados. Varios países africanos han protestado por el trato dado a sus ciudadanos en China; en respuesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China ha declarado que trata por igual a todos los extranjeros.
El racismo hacia las personas negras en China tiene una larga historia y, por desgracia, se ha vuelto cada vez más habitual. El profesor Guangzhi Huang, del Massachusetts College of Liberal Arts, sostiene que las razones de ello se encuentran en el pasado colonial de China y en el racismo que han sufrido muchas personas de la diáspora china, así como en las creencias culturales predominantes.
“El público en general cree que el racismo es un problema occidental porque considera que China es un país racialmente monolítico”, afirma Huang. “Existe la creencia de que China nunca podría ser un país racista”.
La situación también ha acelerado la islamofobia en países como India. Las tensiones religiosas de India entre nacionalistas hindúes y musulmanes están bien documentadas, pero últimamente estas tensiones también se han convertido en un problema relacionado con el coronavirus. Han surgido discursos de odio en las redes sociales; hashtags como “coronajihad” o “bio jihad” han circulado ampliamente en internet.
En Europa, dos médicos franceses fueron acusados de racismo tras sugerir que una vacuna existente contra la tuberculosis se probara en África como posible vacuna contra la COVID-19. Entre quienes criticaron sus comentarios se encontraba el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien afirmó sentirse "horrorizado", y que "en un momento en que necesitamos solidaridad, este tipo de comentarios racistas no ayudan". El médico ya se ha disculpado por sus comentarios.
Dado que muchas personas en todo el mundo siguen trabajando desde casa y permaneciendo en interiores, el uso de internet ha aumentado considerablemente. Aunque muchas personas pueden comunicarse con sus amigos y familiares en línea, la frustración, la ira y la ansiedad también se propagan en internet. Estos sentimientos negativos pueden derivar fácilmente en odio hacia otra persona. Alguien diferente. Alguien que no somos nosotros, sino ellos.
En marzo de este año, Sauli Niinistö, presidente de Finlandia, instó a la gente a pensar que “no estoy solo en esto, estamos juntos en esto y nos apoyamos mutuamente”. No hay lugar para separarme de ti ni a nosotros de ellos. Culpar y menospreciar a otras personas alimentará el racismo y el discurso de odio.
Ciertamente estamos juntos en esta lucha contra el virus, no unos contra otros. Por ello, es importante combatir el racismo tanto en línea como fuera de ella, porque el racismo no resolverá esta crisis; la humanidad sí.


